Corazon Salvaje >SLGF<
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Corazon Salvaje >SLGF<
Bueno vengo a ver si puedo participar con esta fic llamado Corazon Salvaje , a hi me dicen si si o sino XD
de paso lo puvblico aqui XD wheeeeeeeeeeeeeeeeee
Poir cuestiones laborales no habia tenido tiempo
de paso lo puvblico aqui XD wheeeeeeeeeeeeeeeeee
Poir cuestiones laborales no habia tenido tiempo
Corazon Salvaje
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CamusxMilo
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Elhy- Moderador - Saga de Géminis - Mu Van Mayfair Lestrangue (Vampiro)

- Mensajes : 215
Inscrito el : 27 Feb 2008
Re: Corazon Salvaje >SLGF<
“Maldición”, pensaba sin cesar un hermoso joven pelirrojo mientras corría a toda velocidad por una de las callejuelas de la vieja ciudad de Cannes, en Francia. Ese día había empezado de lo más normal, pero ahora todo era un desastre y él estaba atrapado en un verdadero pero verdadero aprieto, pero aún así su corazón latía... por la persona que desde que conoció le había robado todo los suspiros y que él mismo lo había abandonado hacía un momento.
Su nombre, era simple, Kamyu Let Moniet, heredero de una de las familias más poderosas económica y políticamente de la ciudad de Cannes, el mismo Kamyu que al haber nacido en semejante ambiente estaba destinado a ocupar algún día la cabeza del gran emporio naviero de la zona, el mismo que desde
que tuvo sentido de la razón, supo que su vida estaba estratégicamente decidida por sus padres, para ser criado como el caballero perfecto sin sentimientos y mostrando siempre una mirada fría, siempre dispuesto hacer cada cosa que le pidieran sin replicar. Así era su vida y nada podía hacer para cambiarla. Bueno, eso era lo que estaba pensando en esa mañana hasta que llegó el colmo de los colmos de los caprichos que se le ocurrían a sus padres para con él.
Esa misma mañana fue despertado por la servidumbre más temprano de lo normal. Al inicio no le pareció extraño, pero conforme le iban preparando la ropa de gala que poseía, y que su madre le había dicho que sólo
era para invitados especiales, empezó a sospechar que algo andaba mal. Cuando estuvo listo, bajó a encontrarse con sus padres, los cuales le esperaban con esa mirada fría que adornaba sus rostros y esas
sonrisas sin sentimiento que le daban siempre la bienvenida.
“Kamyu, ya era hora que e stuvieras aquí” reprochó su madre, que a pesar de los años se mantenía siempre joven, mostrando una hermosa y larga cabellera negra con el ébano y ojos violetas, haciendo un contraste perfecto con la figura que estaba a la par suya, de piel pálida y cabello rojo como el fuego, igual como la tenía el hijo.
“Acompáñanos Hijo, alguien desea verte” le siguió en la conversación su padre mientras caminaba hacia la sala, haciendo que el mencionado se moviera de manera insegura hacia el sitio indicado. Fue, en ese
momento, cuando lo vio quien lo esperaba sabia que era el incio de sus problemas.
“Buenos Días, Joven Let Moniet” dijo el invitado levantándose del mueble donde estaba sentado, un señor de piel pálida y unos hermosos ojos azueles, que hacían juego con sus largos cabellos rubios.
“Buenos Días” devolvió el saludo, mientras se ponía de nervios. Estaba al frente del Conde de Cocteau, un personaje que poseía todo el control ferroviario de la época. Tenía fama de ser un ser orgulloso y frívolo,
más frívolo que su padres y cruel al extremo según lo que le habían contado.
“Veo que con el pasar de los años, te has vuelto muy hermoso” le dijo el Conde viéndolo con su mirada azulina.
Kamyu se quedó callado ante tal comentario, sin saber qué responder; nada de esto le estaba gustando mucho, pero la voz de su padre lo sacó de sus cavilaciones.
“Kamyu, toma asiento y conversa con el Conde, los dejaremos solos, por si tienes que empezar a acostumbrarte a su compañía” le dijo su padre mientras salía detrás de su esposa del salón, dejándolos solos.
“¿Acostumbrándome… a su compañía…?” pensó el joven mientras clavaba la mirada en el peliazul.
“Joven Let Moniet, sé que está sorprendido con mi presencia, pero tarde o temprano esto debía ocurrir, y he decidido ya no esperar más: dentro de tres semanas para, ser exacto, se celebra nuestro compromiso y, dos semanas después, nos casaremos” dijo el rubio con una sonrisa
indiferente.
“¡¿Cómo?!” [b]- gritó el joven mientras se levantaba presuroso-“¿Compromiso? ¿Casarme? Está usted mal de la cabeza. No estoy para bromas” [/b]finalizó el pelirrojo mientras se dirigía hacia la salida, pero no tomó en cuenta la agilidad de su invitado que lo aprisionó del brazo y lo empujó a una pared, manteniendo presionado su rostro contra la puerta.
“Para que sepas, yo tampoco. El compromiso ya está acordado con tus padres, a ellos les parece perfecta la oportunidad para que su emporio abarque más territorio y yo pienso lo mismo, aparte de que será un gusto tenerte conmigo” dijo el Conde mientras empezaba a acercar su rostro al
cuello de Kamyu.
“Pero somos hombres los dos, ¿no ves? Yo no lo deseo, no te amo... ¡Suéltame!” dijo el joven mientras se mordía los labios al sentir la fuerza que ejercía el mayor en su brazo, sin contar cómo la otra mano vagaba
por su cuerpo, tocándole en partes que nadie nunca le había permitido adentrarse.
“Eso es lo de menos, a mi me gustan los hombres también, en especial cuando son tan hermoso como tú” le dijo mientras lo soltaba y veía cómo caía al suelo, haciendo que el joven gimiera adolorido, agarrándose su brazo lastimado.
“Vendré en la noche para seguir hablando contigo, mi pequeño Let Moniet, ¿o mejor te digo Kamyu, para entrar en confianza de una vez?” le dijo mientras se dirigía afuera del salón, pero antes de salir
completamente y cerrar la puerta de este, se volvió con una pedante sonrisa mientras decía –“Y tú, mi pequeño pelirrojo, puedes llamarme Shaka”
Luego de eso no importó cuánto le reclamó a sus padres y les implorara que cancelaran el compromiso. No cambiaron de opinión, ya que, según ellos, era su responsabilidad seguir con el orgullo familiar, argumentándole
que algún día lo entendería.
Pero Kamyu no podía hacerlo. Había deseado casarse por amor, pero ahora todo estaba arruinado. Amor… se había enamorado alguna vez de alguien, a pesar de su distante actitud… tal vez… pero era una locura… la
persona que ocupaba su corazón, era la menos indicada. Lo había conocido en uno de los negocios de sus padres. Desde que lo vio por primera vez supo que era una persona hermosa y, seguro, vivaz por la sonrisa que nunca se despegaba de su rostro. Sin embargo jamás pudo hablar con él. Sólo sabía que tenía una
embarcación que era muy conflictiva con las patrullas navieras, sabía que se apellidaba Sabigni. Desde que lo conoció le había robado más de un suspiro; ¿Puede enamorarse alguien con sólo verlo? No lo sabía, pero aun así… ya no valía la pena pensar en ello.
Mas eso no le quitaba la furia que tenía, de esa manera no se le ocurrió nada mejor que fugarse de su casa o, por lo menos, escaparse un rato en forma de protesta y, por lo menos, ver si hacía cambiar a sus padres
de opinión. Fue un grave error. Terminó esa noche en uno de esos bares cerca de los puertos. Aunque nunca había entrado a uno, ya que según su padre le decía, eran de mala suerte y sólo para gente sencilla.
Al entrar vio que el local se encontraba lleno, con todos los presentes observando a un hermoso joven de caballera lila que danzaba de una manera estupenda pero sin llegar a ser atrevida, aunque sí hipnótica para
el público. El nombre del bailarín era Mu Mayfair, procedente de otro país, que se podía notar por lo pelicular de su aspecto.
Se deslizó a una de las mesas de las esquinas y pidió algo de beber. Sin saber como ni de qué manera, la gente se dio cuenta de que era un noble, por lo que terminó enredado en uno de esos juegos de azar donde
te juegas la vida.
Por poco lo matan sino hubiera sido por la intervención de un joven rubio que le salvó la vida. No era cualquier rubio, sino el ser que había estado admirando desde lejos. Estaba sin palabras, confundido,
por lo cual no se le ocurrió otra cosa más que salir huyendo del lugar.
Flash back
Su nombre, era simple, Kamyu Let Moniet, heredero de una de las familias más poderosas económica y políticamente de la ciudad de Cannes, el mismo Kamyu que al haber nacido en semejante ambiente estaba destinado a ocupar algún día la cabeza del gran emporio naviero de la zona, el mismo que desde
que tuvo sentido de la razón, supo que su vida estaba estratégicamente decidida por sus padres, para ser criado como el caballero perfecto sin sentimientos y mostrando siempre una mirada fría, siempre dispuesto hacer cada cosa que le pidieran sin replicar. Así era su vida y nada podía hacer para cambiarla. Bueno, eso era lo que estaba pensando en esa mañana hasta que llegó el colmo de los colmos de los caprichos que se le ocurrían a sus padres para con él.
Esa misma mañana fue despertado por la servidumbre más temprano de lo normal. Al inicio no le pareció extraño, pero conforme le iban preparando la ropa de gala que poseía, y que su madre le había dicho que sólo
era para invitados especiales, empezó a sospechar que algo andaba mal. Cuando estuvo listo, bajó a encontrarse con sus padres, los cuales le esperaban con esa mirada fría que adornaba sus rostros y esas
sonrisas sin sentimiento que le daban siempre la bienvenida.
“Kamyu, ya era hora que e stuvieras aquí” reprochó su madre, que a pesar de los años se mantenía siempre joven, mostrando una hermosa y larga cabellera negra con el ébano y ojos violetas, haciendo un contraste perfecto con la figura que estaba a la par suya, de piel pálida y cabello rojo como el fuego, igual como la tenía el hijo.
“Acompáñanos Hijo, alguien desea verte” le siguió en la conversación su padre mientras caminaba hacia la sala, haciendo que el mencionado se moviera de manera insegura hacia el sitio indicado. Fue, en ese
momento, cuando lo vio quien lo esperaba sabia que era el incio de sus problemas.
“Buenos Días, Joven Let Moniet” dijo el invitado levantándose del mueble donde estaba sentado, un señor de piel pálida y unos hermosos ojos azueles, que hacían juego con sus largos cabellos rubios.
“Buenos Días” devolvió el saludo, mientras se ponía de nervios. Estaba al frente del Conde de Cocteau, un personaje que poseía todo el control ferroviario de la época. Tenía fama de ser un ser orgulloso y frívolo,
más frívolo que su padres y cruel al extremo según lo que le habían contado.
“Veo que con el pasar de los años, te has vuelto muy hermoso” le dijo el Conde viéndolo con su mirada azulina.
Kamyu se quedó callado ante tal comentario, sin saber qué responder; nada de esto le estaba gustando mucho, pero la voz de su padre lo sacó de sus cavilaciones.
“Kamyu, toma asiento y conversa con el Conde, los dejaremos solos, por si tienes que empezar a acostumbrarte a su compañía” le dijo su padre mientras salía detrás de su esposa del salón, dejándolos solos.
“¿Acostumbrándome… a su compañía…?” pensó el joven mientras clavaba la mirada en el peliazul.
“Joven Let Moniet, sé que está sorprendido con mi presencia, pero tarde o temprano esto debía ocurrir, y he decidido ya no esperar más: dentro de tres semanas para, ser exacto, se celebra nuestro compromiso y, dos semanas después, nos casaremos” dijo el rubio con una sonrisa
indiferente.
“¡¿Cómo?!” [b]- gritó el joven mientras se levantaba presuroso-“¿Compromiso? ¿Casarme? Está usted mal de la cabeza. No estoy para bromas” [/b]finalizó el pelirrojo mientras se dirigía hacia la salida, pero no tomó en cuenta la agilidad de su invitado que lo aprisionó del brazo y lo empujó a una pared, manteniendo presionado su rostro contra la puerta.
“Para que sepas, yo tampoco. El compromiso ya está acordado con tus padres, a ellos les parece perfecta la oportunidad para que su emporio abarque más territorio y yo pienso lo mismo, aparte de que será un gusto tenerte conmigo” dijo el Conde mientras empezaba a acercar su rostro al
cuello de Kamyu.
“Pero somos hombres los dos, ¿no ves? Yo no lo deseo, no te amo... ¡Suéltame!” dijo el joven mientras se mordía los labios al sentir la fuerza que ejercía el mayor en su brazo, sin contar cómo la otra mano vagaba
por su cuerpo, tocándole en partes que nadie nunca le había permitido adentrarse.
“Eso es lo de menos, a mi me gustan los hombres también, en especial cuando son tan hermoso como tú” le dijo mientras lo soltaba y veía cómo caía al suelo, haciendo que el joven gimiera adolorido, agarrándose su brazo lastimado.
“Vendré en la noche para seguir hablando contigo, mi pequeño Let Moniet, ¿o mejor te digo Kamyu, para entrar en confianza de una vez?” le dijo mientras se dirigía afuera del salón, pero antes de salir
completamente y cerrar la puerta de este, se volvió con una pedante sonrisa mientras decía –“Y tú, mi pequeño pelirrojo, puedes llamarme Shaka”
Luego de eso no importó cuánto le reclamó a sus padres y les implorara que cancelaran el compromiso. No cambiaron de opinión, ya que, según ellos, era su responsabilidad seguir con el orgullo familiar, argumentándole
que algún día lo entendería.
Pero Kamyu no podía hacerlo. Había deseado casarse por amor, pero ahora todo estaba arruinado. Amor… se había enamorado alguna vez de alguien, a pesar de su distante actitud… tal vez… pero era una locura… la
persona que ocupaba su corazón, era la menos indicada. Lo había conocido en uno de los negocios de sus padres. Desde que lo vio por primera vez supo que era una persona hermosa y, seguro, vivaz por la sonrisa que nunca se despegaba de su rostro. Sin embargo jamás pudo hablar con él. Sólo sabía que tenía una
embarcación que era muy conflictiva con las patrullas navieras, sabía que se apellidaba Sabigni. Desde que lo conoció le había robado más de un suspiro; ¿Puede enamorarse alguien con sólo verlo? No lo sabía, pero aun así… ya no valía la pena pensar en ello.
Mas eso no le quitaba la furia que tenía, de esa manera no se le ocurrió nada mejor que fugarse de su casa o, por lo menos, escaparse un rato en forma de protesta y, por lo menos, ver si hacía cambiar a sus padres
de opinión. Fue un grave error. Terminó esa noche en uno de esos bares cerca de los puertos. Aunque nunca había entrado a uno, ya que según su padre le decía, eran de mala suerte y sólo para gente sencilla.
Al entrar vio que el local se encontraba lleno, con todos los presentes observando a un hermoso joven de caballera lila que danzaba de una manera estupenda pero sin llegar a ser atrevida, aunque sí hipnótica para
el público. El nombre del bailarín era Mu Mayfair, procedente de otro país, que se podía notar por lo pelicular de su aspecto.
Se deslizó a una de las mesas de las esquinas y pidió algo de beber. Sin saber como ni de qué manera, la gente se dio cuenta de que era un noble, por lo que terminó enredado en uno de esos juegos de azar donde
te juegas la vida.
Por poco lo matan sino hubiera sido por la intervención de un joven rubio que le salvó la vida. No era cualquier rubio, sino el ser que había estado admirando desde lejos. Estaba sin palabras, confundido,
por lo cual no se le ocurrió otra cosa más que salir huyendo del lugar.
Fin del Flashback
Última edición por Elhy el Mar Jun 10, 2008 4:50 pm, editado 1 vez

Elhy- Moderador - Saga de Géminis - Mu Van Mayfair Lestrangue (Vampiro)

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Inscrito el : 27 Feb 2008
Re: Corazon Salvaje >SLGF<
La lluvia no paraba de caer y Ka yu ya estaba más que empapado. Aún le quedaba un buen trecho por correr para llegar a la Villa de Let Moniet, pero eso era lo que menos le preocupaba. Sentía que alguien lo seguía y temía saber quién era. Por eso había aumentado el paso con la ilusión de perderlo.
Ya habían pasado varias horas desde que oscureció. Tal vez por esa negrura fue que no lo vio a una figura encapuchada que se le acercó hasta que esta lo atrapó, estampándolo contra la pared.
“¡Ahhh!” se quejó el pelirrojo al golpearse contra una superficie dura y caer al suelo.
“Ya me lo imaginaba, los nobles son todos la misma mierda” le dijo el desconocido mientras se quitaba la capucha y mostraba unos hermoso rizos rubios que caían como una cascada sobre sus hombros y espalda.
“¿Qué quieres de mi?” preguntó Kamyu mientras se acurrucaba en a la pared, temeroso de lo que pudiera pasarle.
“Os acabo de salvar la vida pero ni las gracias me dáis. ¡Qué mal! Por eso digo que ustedes, que poseen lo que todo lo que quieren, solo saben recibir y nunca dar nada a cambio”
“Yo... yo” el pelirrojo estaba sin palabras frente al ser que estuvo espiando por mucho tiempo y hacía que su frío corazón latiera como loco.
“Y para variar… no puedo negar que sóis hermoso. Pero no os preocupéis” le dijo el rubio mientras lo reverenciaba, haciendo bailar sus hermosos bucles. “Iros, regresad a vuestro hogar lleno de riquezas, pero recordad esto, pequeño pelirrojo, le debéis vuestra vida a Milo Sabigni, Kamyu
Let Moniet”
“¿Cómo sabes mi nombre?” le preguntó dudoso.
“Muy simple, os he visto con vuestro padre cuando os traía al puerto para hacer sus negocios desde que tengo memoria” - le sonrió de manera seductora mientras se acercaba a él- “Vos no sóis una persona que pase desapercibida, sóis demasiado hermoso y me gustáis, por lo que no me iré sin
nada” decía a la vez que le agarraba el rostro con una mano.
“De esta manera cerraremos el contrato” dijo el rubio mientras unía sus labios de una manera rápida con los del pelirrojo sin darle tiempo a actuar. Por su parte, Kamyu, quedo estático. Jamás lo habían besado y no sabía qué hacer. Debería, como todo joven recatado, mandarlo al diablo, pero no podía, era como un sueño que se esfumó cuando Milo finalizó el beso. El joven noble tenía su rostro tan rojizo como su pelo. Mantenía sus ojos cerrados por la vergüenza que sentía, a lo que Milo, con una risa, sólo le respondió. – “Cuidáos Pelirrojo, os estaré observando y no olvidéis a quién le debéis vuestra vida”
Cuando Kamyu por fin se atrevió abrir los ojos, Milo ya no estaba. Seguía lloviendo y seguramente haciendo frío, no obstante él por dentro hervía, hervía como nunca. Jamás nadie lo había tratado así y lo peor era que, la mirada color celeste de ese joven, no lo dejaba tranquilo, por lo cual optó por correr buscando lo más pronto su hogar. Pero cuán seria su sorpresa al darse cuenta que alguien lo esperaba en la entrada de su casa con una cara de pocos amigos, el cual, sin consideración alguna, lo tomó del brazo arrastrándolo por toda la mansión hasta llegar al cuarto de invitados.
“¿Dónde diablos estabas, Kamyu?” le preguntó Shaka mientras lo tiraba a la cama, -“¿Qué son esas fachas de llegar a esta hora como un vulgar pueblerino?” le seguía cuestionando a la vez que se tiraba sobre él, impidiéndole moverse.
“Suéltame” le exigía débilmente con las pocas energías que le quedaban.
“¿Andabas de putas acaso? Con razón tus padres quieren casarte a ver si paras así de ser tan puto”
“¡Basta, no digas esas cosas de mi! ¡Déjame irme a mi habitación!” gritó tal vez esperando que alguien lo escuchara. Shaka lo apretaba fuertemente el brazo, causándole más daño del que ya en la mañana
sufriera. Aún así, el pelirrojo siguió forcejeando. Optó por darle un golpe en el estomago que lo dejó aturdido, y, aprovechando eso, empezó a desvestirlo. Kamyu solo sintió cómo una fría mano lo acariciaba, no
habiendo ya tela que se interpusiera, asustándolo.
“Me perteneces Kamyu, ¿escuchaste? Y no voy a permitir que nadie te arrebate de mi lado. ¿Crees que no sé dónde andabas antes? Pues te seguí, preciosura, y vi cómo terminaste en ese sitio de mala muerte” - dijo mientras sus caricias se hacían más profundas, a la vez que un pálido Kamyu intentaba zafarse del agarre al que estaba siendo sometido –“Y luego vi cómo ese infeliz tonto te salvó y tú, como cobarde, huiste. Me hirvió la sangre cuando vi que te besaba en esa callejuela como una sucia ramera, pero me contuve. Te voy a hacer pagar esto, mi hermoso Let Moniet”, fue lo último que dijo el rubio a la par que se levantaba para alejarse de la cama.
De esa manera Kamyu, al abrir sus ojos y ver que se encontraba solo en su cama, agarró una sabana y cubrió su cuerpo desnudo, tratando de ubicar con la mirada al miserable conde, encontrándolo en el marco
de la puerta.
“Mi hermoso Joven Let Moniet, espero que tu comportamiento no se repita, ya que debes aceptar las consecuencias de lo que ha ocurrido, por que tú me perteneces por siempre” y, sonriéndole con frialdad una última vez, salió del cuarto dejándolo solo, a la vez que el pelirrojo caía desmayado.
Mientras, en otro lugar, una escena algo parecida ocurría.
“Milo” una voz sacó al rubio de sus cavilaciones mientras se dirigía de nuevo a la posada donde pasaba la noche.
“Milo” volvió a repetir la voz, saliendo de las sombras.
“Mu, ¿qué haces aquí?” preguntó Milo acercándose a él con una sonrisa.
“Es lo mismo que te iba a preguntar a ti. Te estuve esperando y no llegaste” respondió el pelimorado con una expresión fría.
“Sí, es cierto” rió el rubio y pasó los brazos por los hombros del joven, mientras lo alentaba a caminar con
él –“Tuve que poner en claro unos asuntos”
“Milo, me prometiste que cuando volvieras me llevarías contigo” dijo Mu, parando en seco.
“¡Ah, eso…! Mira, ahora es un poco difícil, pero en el próximo viaje se podrá, ¿entendido?”
“Siempre el próximo, siempre el próximo... ¿hasta cuando, Milo?” gritó Mu, soltándose de su agarre “Yo te di todo y tú no me das nada, sólo falsas esperanzas” se abalanzó sobre él, abrazándolo.
“Te amo, Milo. ¿Por qué no vivimos juntos?” le reclamó el pelimorado
“Ya lo hablamos Mu, ahora no se puede”
“Tú… yo… yo me dejé hacer un montón de porquerías de parte tuya, me prometiste que pasarías la vida conmigo si sólo me entregaba a ti” decía el joven temblando de la ira “¿O acaso era que sólo querías que abriera las piernas para ti?”
“No te pongas así, fue divertido, ¿o acaso no?” le dijo Milo viéndolo serio.
“Para mi no lo fue, me lastimaste, pero yo seguí contigo” dijo Mu, mientras lágrimas salían de sus ojos.
“Mu, ya basta, estoy cansado, mañana seguiremos con esta charla” finalizó el rubio mientras lo dejaba sólo en medio de la calle.
“Esta me la pagarás, Milo” fue lo que dijo el pelimorado antes de desaparecer en las sombras.
Voy a exigirle
a la vida que me pague contigo
Que me enseñe el sentido el dolor
Porque ya fue
suficiente el castigo
de no haberte conocido
Kamyu despertó a eso del medio día. Estaba en la habitación de huéspedes y su padre se encontraba a la par suya.
“Kamyu” le dijo susurrándole.
“Padre” respondió temeroso, mientras se levantaba, dando a ver que aún se encontraba sin ropa
“El Conde me ha dicho unas cosas sobre tu salida de ayer y puedo ver, por tu presentación, que es verdad”
“Padre, yo puedo explicarlo” dijo presuroso cubriéndose con las sabanas.
“No me interesa” dijo su padre a la vez que salía de la habitación-“alístate, debemos arreglar algunos negocios”.
“Yo... yo... Milo” finalizó a la vez que unas lágrimas salían de sus ojos. Sabía que era tonto, sin embargo se había enamorado con verlo sólo una vez, con hablar con él, pero ahora, más que todo,
le debía la vida.
Mientras tanto, en otro lugar, el mencionado estaba pasando un momento demasiado difícil.
“Oigan, ¿que están haciendo?” decía Milo, mientras lo llevaban esposado.
“Está arrestado, guarde silencio” le dijo uno de los policías mostrando uno de sus mosquetes.
“Yo no he hecho nada” dijo a la vez que era obligado a salir de la posada. Fue en ese momento que lo vio. Estaba rodeado de gente, pero aún así lo apreció a Mu.
“Está acusado de violación” le comunicó el policía que lo mantenía sujeto.
“¿¡Qué!?” dijo Milo viendo fijamente a Mu, entretanto este era abrazado por su padre, Shion Mayfair.
“Está acusado por la violación de Mu Mayfair” y fue cuando lo vio a los ojos, a pesar de las lágrimas de cocodrilo que tenía y el mismo aspecto de alguien a quién le han pegado una paliza. Mu sonreía, sólo a
él, y parecía que nadie lo notaba. Le sonreía con maldad. Ya entendía: todo era una trampa de ese maldito danzarín.
Pero de nada valió alegar el engaño, la actuación perfecta del pelimorado. Milo fue mandado a las mazmorras de la ciudad para que le hicieran un juicio rápido, seguro unos cuantos años en la cárcel, cosa que a este no le preocupaba ya que por nada tenía una tripulación fiel que lo sacaría de ahí. Él era Milo Sabigni, uno de los pocos bucaneros que aún no había caído por las fuerzas navieras de la época.
Pero mientras el rubio cavilaba, fue interrumpido por un visitante en la celda.
“¿Cómo te atreves a venir a verme?” le dijo Milo sin moverse observando a Mu entrar.
“Tú me obligaste, amor. Yo te amo, pero tú me obligaste a esto, me usaste y no pude permitirlo” dijo Mu a la misma vez que se paraba a unos metros de él.
“Amor… amor… tú no sabes amar Mu, eres demasiado ingenuo, confundes el amor por pasar un tiempo agradable”
“Milo… mi padre retirará los cargos si te casas conmigo” decía Mu brillándole los ojos “Prometo ser buen esposo, y prometo que nos amaremos toda la vida. Vamos Milo, accede para que puedas salir de aquí”
“Mu, ¡qué cínico eres! No puedo estar contigo ya que me enamorado de otra persona”
“….” Mu sólo se le quedaba mirando.
“Dime como hiciste para crear toda esta ilusión de que te hice daño”
“….” Mu únicamente bajó la cara mientras de sus ojos salían lágrimas.
“¿Quién te forzó, Mu?” preguntó Milo. Sabía que Mu no había podido planear eso solo, no le creerían a una simple persona, había alguien más detrás.
“Él me dijo que así tú no tendrías más remedio que casarte conmigo y olvidarte de ese Let Moniet, ya que era su prometido”
“¡¡ ¿Kamyu?!! …¡¡ ¿Quién?!!”
“El Conde Cocteau” dijo en un susurro retrocediendo, ya que Milo se había levantado y lo veía de manera amenazante.
Ya habían pasado varias horas desde que oscureció. Tal vez por esa negrura fue que no lo vio a una figura encapuchada que se le acercó hasta que esta lo atrapó, estampándolo contra la pared.
“¡Ahhh!” se quejó el pelirrojo al golpearse contra una superficie dura y caer al suelo.
“Ya me lo imaginaba, los nobles son todos la misma mierda” le dijo el desconocido mientras se quitaba la capucha y mostraba unos hermoso rizos rubios que caían como una cascada sobre sus hombros y espalda.
“¿Qué quieres de mi?” preguntó Kamyu mientras se acurrucaba en a la pared, temeroso de lo que pudiera pasarle.
“Os acabo de salvar la vida pero ni las gracias me dáis. ¡Qué mal! Por eso digo que ustedes, que poseen lo que todo lo que quieren, solo saben recibir y nunca dar nada a cambio”
“Yo... yo” el pelirrojo estaba sin palabras frente al ser que estuvo espiando por mucho tiempo y hacía que su frío corazón latiera como loco.
“Y para variar… no puedo negar que sóis hermoso. Pero no os preocupéis” le dijo el rubio mientras lo reverenciaba, haciendo bailar sus hermosos bucles. “Iros, regresad a vuestro hogar lleno de riquezas, pero recordad esto, pequeño pelirrojo, le debéis vuestra vida a Milo Sabigni, Kamyu
Let Moniet”
“¿Cómo sabes mi nombre?” le preguntó dudoso.
“Muy simple, os he visto con vuestro padre cuando os traía al puerto para hacer sus negocios desde que tengo memoria” - le sonrió de manera seductora mientras se acercaba a él- “Vos no sóis una persona que pase desapercibida, sóis demasiado hermoso y me gustáis, por lo que no me iré sin
nada” decía a la vez que le agarraba el rostro con una mano.
Y
como cobrarle a la vida?
Cuando todo te ha salido siempre mal
como cobrarle a la vida?
Cuando todo te ha salido siempre mal
“De esta manera cerraremos el contrato” dijo el rubio mientras unía sus labios de una manera rápida con los del pelirrojo sin darle tiempo a actuar. Por su parte, Kamyu, quedo estático. Jamás lo habían besado y no sabía qué hacer. Debería, como todo joven recatado, mandarlo al diablo, pero no podía, era como un sueño que se esfumó cuando Milo finalizó el beso. El joven noble tenía su rostro tan rojizo como su pelo. Mantenía sus ojos cerrados por la vergüenza que sentía, a lo que Milo, con una risa, sólo le respondió. – “Cuidáos Pelirrojo, os estaré observando y no olvidéis a quién le debéis vuestra vida”
Y como cerrar
tantas heridas?
Si la sangre no ha dejado de brotar
Cuando al
precio de la vida es tan difícil de pagar
tantas heridas?
Si la sangre no ha dejado de brotar
Cuando al
precio de la vida es tan difícil de pagar
Cuando Kamyu por fin se atrevió abrir los ojos, Milo ya no estaba. Seguía lloviendo y seguramente haciendo frío, no obstante él por dentro hervía, hervía como nunca. Jamás nadie lo había tratado así y lo peor era que, la mirada color celeste de ese joven, no lo dejaba tranquilo, por lo cual optó por correr buscando lo más pronto su hogar. Pero cuán seria su sorpresa al darse cuenta que alguien lo esperaba en la entrada de su casa con una cara de pocos amigos, el cual, sin consideración alguna, lo tomó del brazo arrastrándolo por toda la mansión hasta llegar al cuarto de invitados.
“¿Dónde diablos estabas, Kamyu?” le preguntó Shaka mientras lo tiraba a la cama, -“¿Qué son esas fachas de llegar a esta hora como un vulgar pueblerino?” le seguía cuestionando a la vez que se tiraba sobre él, impidiéndole moverse.
“Suéltame” le exigía débilmente con las pocas energías que le quedaban.
“¿Andabas de putas acaso? Con razón tus padres quieren casarte a ver si paras así de ser tan puto”
“¡Basta, no digas esas cosas de mi! ¡Déjame irme a mi habitación!” gritó tal vez esperando que alguien lo escuchara. Shaka lo apretaba fuertemente el brazo, causándole más daño del que ya en la mañana
sufriera. Aún así, el pelirrojo siguió forcejeando. Optó por darle un golpe en el estomago que lo dejó aturdido, y, aprovechando eso, empezó a desvestirlo. Kamyu solo sintió cómo una fría mano lo acariciaba, no
habiendo ya tela que se interpusiera, asustándolo.
“Me perteneces Kamyu, ¿escuchaste? Y no voy a permitir que nadie te arrebate de mi lado. ¿Crees que no sé dónde andabas antes? Pues te seguí, preciosura, y vi cómo terminaste en ese sitio de mala muerte” - dijo mientras sus caricias se hacían más profundas, a la vez que un pálido Kamyu intentaba zafarse del agarre al que estaba siendo sometido –“Y luego vi cómo ese infeliz tonto te salvó y tú, como cobarde, huiste. Me hirvió la sangre cuando vi que te besaba en esa callejuela como una sucia ramera, pero me contuve. Te voy a hacer pagar esto, mi hermoso Let Moniet”, fue lo último que dijo el rubio a la par que se levantaba para alejarse de la cama.
De esa manera Kamyu, al abrir sus ojos y ver que se encontraba solo en su cama, agarró una sabana y cubrió su cuerpo desnudo, tratando de ubicar con la mirada al miserable conde, encontrándolo en el marco
de la puerta.
“Mi hermoso Joven Let Moniet, espero que tu comportamiento no se repita, ya que debes aceptar las consecuencias de lo que ha ocurrido, por que tú me perteneces por siempre” y, sonriéndole con frialdad una última vez, salió del cuarto dejándolo solo, a la vez que el pelirrojo caía desmayado.
Y como rogarle
al destino?
Cuando estoy acostumbrado a arrebatar
Porque hoy que te he encontrado
No te aparté de mi lado, no derrumbé nuestros sueños
Ni se atreva a separarnos
al destino?
Cuando estoy acostumbrado a arrebatar
Porque hoy que te he encontrado
No te aparté de mi lado, no derrumbé nuestros sueños
Ni se atreva a separarnos
Mientras, en otro lugar, una escena algo parecida ocurría.
“Milo” una voz sacó al rubio de sus cavilaciones mientras se dirigía de nuevo a la posada donde pasaba la noche.
“Milo” volvió a repetir la voz, saliendo de las sombras.
“Mu, ¿qué haces aquí?” preguntó Milo acercándose a él con una sonrisa.
“Es lo mismo que te iba a preguntar a ti. Te estuve esperando y no llegaste” respondió el pelimorado con una expresión fría.
“Sí, es cierto” rió el rubio y pasó los brazos por los hombros del joven, mientras lo alentaba a caminar con
él –“Tuve que poner en claro unos asuntos”
“Milo, me prometiste que cuando volvieras me llevarías contigo” dijo Mu, parando en seco.
“¡Ah, eso…! Mira, ahora es un poco difícil, pero en el próximo viaje se podrá, ¿entendido?”
“Siempre el próximo, siempre el próximo... ¿hasta cuando, Milo?” gritó Mu, soltándose de su agarre “Yo te di todo y tú no me das nada, sólo falsas esperanzas” se abalanzó sobre él, abrazándolo.
“Te amo, Milo. ¿Por qué no vivimos juntos?” le reclamó el pelimorado
“Ya lo hablamos Mu, ahora no se puede”
“Tú… yo… yo me dejé hacer un montón de porquerías de parte tuya, me prometiste que pasarías la vida conmigo si sólo me entregaba a ti” decía el joven temblando de la ira “¿O acaso era que sólo querías que abriera las piernas para ti?”
“No te pongas así, fue divertido, ¿o acaso no?” le dijo Milo viéndolo serio.
“Para mi no lo fue, me lastimaste, pero yo seguí contigo” dijo Mu, mientras lágrimas salían de sus ojos.
“Mu, ya basta, estoy cansado, mañana seguiremos con esta charla” finalizó el rubio mientras lo dejaba sólo en medio de la calle.
“Esta me la pagarás, Milo” fue lo que dijo el pelimorado antes de desaparecer en las sombras.
Voy a exigirle
a la vida que me pague contigo
Que me enseñe el sentido el dolor
Porque ya fue
suficiente el castigo
de no haberte conocido
Kamyu despertó a eso del medio día. Estaba en la habitación de huéspedes y su padre se encontraba a la par suya.
“Kamyu” le dijo susurrándole.
“Padre” respondió temeroso, mientras se levantaba, dando a ver que aún se encontraba sin ropa
“El Conde me ha dicho unas cosas sobre tu salida de ayer y puedo ver, por tu presentación, que es verdad”
“Padre, yo puedo explicarlo” dijo presuroso cubriéndose con las sabanas.
“No me interesa” dijo su padre a la vez que salía de la habitación-“alístate, debemos arreglar algunos negocios”.
“Yo... yo... Milo” finalizó a la vez que unas lágrimas salían de sus ojos. Sabía que era tonto, sin embargo se había enamorado con verlo sólo una vez, con hablar con él, pero ahora, más que todo,
le debía la vida.
Y dejar de ser
por siempre un mendigo del amor
Un Corazón Salvaje
por siempre un mendigo del amor
Un Corazón Salvaje
Mientras tanto, en otro lugar, el mencionado estaba pasando un momento demasiado difícil.
“Oigan, ¿que están haciendo?” decía Milo, mientras lo llevaban esposado.
“Está arrestado, guarde silencio” le dijo uno de los policías mostrando uno de sus mosquetes.
“Yo no he hecho nada” dijo a la vez que era obligado a salir de la posada. Fue en ese momento que lo vio. Estaba rodeado de gente, pero aún así lo apreció a Mu.
“Está acusado de violación” le comunicó el policía que lo mantenía sujeto.
“¿¡Qué!?” dijo Milo viendo fijamente a Mu, entretanto este era abrazado por su padre, Shion Mayfair.
“Está acusado por la violación de Mu Mayfair” y fue cuando lo vio a los ojos, a pesar de las lágrimas de cocodrilo que tenía y el mismo aspecto de alguien a quién le han pegado una paliza. Mu sonreía, sólo a
él, y parecía que nadie lo notaba. Le sonreía con maldad. Ya entendía: todo era una trampa de ese maldito danzarín.
Pero de nada valió alegar el engaño, la actuación perfecta del pelimorado. Milo fue mandado a las mazmorras de la ciudad para que le hicieran un juicio rápido, seguro unos cuantos años en la cárcel, cosa que a este no le preocupaba ya que por nada tenía una tripulación fiel que lo sacaría de ahí. Él era Milo Sabigni, uno de los pocos bucaneros que aún no había caído por las fuerzas navieras de la época.
Pero mientras el rubio cavilaba, fue interrumpido por un visitante en la celda.
Y como
explicar a los instintos
que mi búsqueda contigo termino
explicar a los instintos
que mi búsqueda contigo termino
“¿Cómo te atreves a venir a verme?” le dijo Milo sin moverse observando a Mu entrar.
“Tú me obligaste, amor. Yo te amo, pero tú me obligaste a esto, me usaste y no pude permitirlo” dijo Mu a la misma vez que se paraba a unos metros de él.
“Amor… amor… tú no sabes amar Mu, eres demasiado ingenuo, confundes el amor por pasar un tiempo agradable”
“Milo… mi padre retirará los cargos si te casas conmigo” decía Mu brillándole los ojos “Prometo ser buen esposo, y prometo que nos amaremos toda la vida. Vamos Milo, accede para que puedas salir de aquí”
“Mu, ¡qué cínico eres! No puedo estar contigo ya que me enamorado de otra persona”
“….” Mu sólo se le quedaba mirando.
“Dime como hiciste para crear toda esta ilusión de que te hice daño”
“….” Mu únicamente bajó la cara mientras de sus ojos salían lágrimas.
“¿Quién te forzó, Mu?” preguntó Milo. Sabía que Mu no había podido planear eso solo, no le creerían a una simple persona, había alguien más detrás.
“Él me dijo que así tú no tendrías más remedio que casarte conmigo y olvidarte de ese Let Moniet, ya que era su prometido”
“¡¡ ¿Kamyu?!! …¡¡ ¿Quién?!!”
“El Conde Cocteau” dijo en un susurro retrocediendo, ya que Milo se había levantado y lo veía de manera amenazante.
Última edición por Elhy el Mar Jun 10, 2008 5:01 pm, editado 1 vez

Elhy- Moderador - Saga de Géminis - Mu Van Mayfair Lestrangue (Vampiro)

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Inscrito el : 27 Feb 2008
Re: Corazon Salvaje >SLGF<
“Eres un tonto, Mu. Además que le diste una noche de placer gratis como una cualquiera, veo que te golpeó” Mu, entretanto, se cubría con el pelo el lugar donde el Conde en un momento le había pegado con la mano, según él, sin querer “Eres tonto si pensaste que con esto caería a tus pies” Milo no podía culpar a Mu, siempre supo que este estaba enamorado de él de una manera enfermiza, por eso siempre trataba de alejarlo, mas aún así el otro no lo dejaba. Ahora era peor, ya que él mismo se había enamorado de cierto
pelirrojo.
“Lo encontré después de que tú me dejaras en la noche. Me dijo que estabas con un noble. Yo no pensé en las consecuencias, sólo me dijo que esto funcionaría. Aunque me lastimó, pensé que era lo mejor para los dos” decía mientras sonreía de una manera como si no hubiera pasado nada.
“¡Estás loco, Mu…!” pero no pudo terminar de hablar porque vio como Mu daba un grito de dolor y se derrumbaba en el suelo. Milo corrió hacia él, pero lo que vio lo espantó: Mu tenía una herida hecha por una espada que lo había travesado, provocando que se desangrara con lentitud.
“Milo… Milo… yo… yo” decía Mu con lágrimas en los ojos.
“¡Calla, Mu! No hables… ¡¡GUARDAS!!” gritaba Milo tratando de llamar a alguien, ¿Quién habría herido al danzarín? La puerta estaba abierta y los vigilantes no estaban… alguien los había estado
escuchando.
“Milo… perdóname... yo... ” suspiró por última vez Mu, antes de cerrar sus ojos y no abrirlos más.
“Mu… Mu... ¡¡¡¡MU!!!!” gritó Milo. A pesar de todo, este había sido su amigo muchos años, por lo que en ese momento, se negaba a creer que estaba muerto.
“Sí, está muerto por tonto” dijo una voz desde detrás de la puerta “Tenía que asegurarme que nadie me relacionara contigo” de las sombras salió un hermoso rubio de pelo largo, el Conde de Cocteu.
“¡Usted! Es un infeliz, ¡¡¡¡¡¡¡¿cómo pudo?!!!!!!!”
“No me interesaba aunque no puedo negar que disfruté la noche que me dio. Él no la quiso, por lo
que me costó forzarlo, pero por medio de palabras, le convencí de decir que era tu culpa. Un enamorado es tan fácil de manipular...”
“¡¡Bastardo!!”
“No... tú lo eres…¡¡¡¡GUARDAS!!!! El prisionero ha herido al joven Mayfair.”
Milo reaccionó pero fue demasiado tarde. No se dio cuenta cuando el conde había puesto la espada
cerca de él. Los guardas se le abalanzaron encima. El rubio alegó que había acompañado al joven Mayfair y que luego de escucharlo gritar, entró y vio a Milo al frente del cuerpo del pelimorado.
No hubo más explicaciones, solo la Horca lo esperaba.
“Milo” dijo una voz desde la oscuridad
“¿Quién anda ahí?”
“Milo soy yo, Kamyu” había logrado escaparse de la vigilancia de sus padres y el conde.
“Pelirrojo, que hermoso veros. Lástima que no esté en condición” lo habían golpeado bastante
“Perdóname Milo, es mi culpa. Hablaré con Shaka a ver si puede hacer algo” él sabía en el fondo que el
conde lo había planeado todo, su padre lo había llevado en la mañana para que observase como encarcelaban a Milo, sabiendo de antemano el impacto que iba a causar en él.
Ahora había llegado ahí gracias a ese señor que vio su preocupación en sus ojos, pero ahora que llegaba donde estaba él preso, veía el sucio lugar donde se encontraba y se sintió responsable de todo lo sucedido. Pero una voz lo saco de sus pensamientos
“Hey…esa hermosa cara no merece tener una expresión tan triste como la que tienes” susurro Milo
desde el sitio donde estaba sentado “Ven acércate y siéntate junto a mi ya que haz venido”, a lo cual el pelirrojo se acerco rápido donde estaba el rubio.
"¿Qué haces aquí, es peligroso para ti?" mientras posaba una mano en la mejilla del joven.
"No lo se, no lo entiendo…pero simplemente no he dejado de pensar en ti, nunca lo he hecho, ¿Qué
me haz hecho Milo Sabigni?"
"Eso mismo iba a preguntante" le respondió por ultimo Milo mientras que con una gran delicadeza y a pesar de los barrotes que lo separaban lo beso dulcemente. Kamyu esta extasiado, tanto solo respondía y se dejaba llevar por esa agradable sensación; cuando el aire hizo falta se separaron lentamente.
“Milo..yo …Milo” susurro mientras bajaba su mirada apenado, pero que Milo con suavidad posaba su
mano en la barbilla y le levantaba su pálido rostro.
"Eres hermoso Kamyu…demasiado hermoso para ser real…te deseo con todas mis fuerzas"
Quien lo dijera entregar la libertad
sin condición.
"Milo…yo...tu también me gustas mucho"
"Eres lo que me hacia falta" finalizo por decir Milo para nuevamente besarlo, pero al pronunciar esa palabras un pinchazo le lastimo en su corazón; era simple; le hizo recordar a Mu, esas eras las mismas palabras que Mu siempre le repetía, este se veía tan feliz que a veces con solo verle no le importaba si estaba en medio de un espectáculo, lo detenía contar de ir a saludarle, el mismo sabia que tenia parte de la culpa por darle falsas esperanzas al danzarín, siempre supo que había sido pésima idea acostarse con él aquella vez, desde ese día se encadenó a él, pero eso ya no importaba porque el ya no estaba y la culpabilidad no lo dejaba en paz.
"¿Qué te pasa?"
"Mu, esta muerto…no pude evitarlo, él no lo merecía."
"Milo…yo lo siento"
"…."
"…."
"Ya no importa" por fin dijo Milo mientras apoyaba su cabeza en los barrotes.
“Fue el padre de él, que me trajo hasta aquí, el mismo me dijo que sabia que Mu estaba metido
en algo malo y pagaba sus acciones”
“….”
"¿Qué haremos ahora Milo? Según las reglas de la policía te mataran mañana por cargos de homicidio” pero una carcajada de parte de Milo hizo parar a Kamyu y verlo extrañado.
"Tu crees que me llamo Milo Sabigni por nada, esperadme mañana mi pequeño pelirrojo y
escaparemos juntos"
"¿Juntos?"
"¿No quieres venir conmigo?”
"¿Yo?…si me gustaría pero mis padres" dijo Kamyu con una sonrisa melancólica.
"Tus padres nada tienen que ver con lo que tu decides, esta vez decidirás por ti mismo , por lo
que dicta tu corazón, para mañana iré por ti y veré que haz decidido” - le respondió el rubio mientras lo besaba nuevamente- “Pero quiero que te lleves un recuerdo mío, que te haga recapacitar” le dijo nuevamente mientras que con delicadeza y rapidez Milo mordía el cuello del joven dejándolo marcado mientras que el
ultimo lanzara un pequeño gemido.
"Solo espera mi pequeño" fueron las ultimas palabras de Milo antes de que Kamyu salía con un tremendo rubor en el rostro y en carrera para su casa.
Al llegar su madre lo esperaba en el salón principal con una expresión fría, como suponiendo donde
estaría.
“Kamyu, ¿Dónde te encontrabas?, hace rato tu padre te esta buscando”
“Yo andaba por ahí”
“Que planeas Kamyu, arruinar lo que tu padre ha intentado forjar todo este tiempo por un patético
amor a un desconocido”
“No se a que te refieres madre” le respondió fríamente como lo habían acostumbrado.
“Kamyu me pareció que tu padre te dijo que te casaras con el Sr. Cocteau, pero da la impresión
que desde entonces solo haces tonterías.”
"Madre… esta vez yo tomare las decisiones que a mi me parezcan y no lo que digan otros”
“La palabra elegir nunca ha existido en el vocabulario de un hijo, pensé que ya lo entendías, tu
solo estas para obedecer” le dijo su madre al verlo salir del salón.
"¿Y acaso no obedezco a mi corazón?" fue lo ultimo que dijo antes de dejar sola a su madre pensativa en la sala. Pero al llegar al cuarto se sorprendió de encontrar a su padre esperándolo, él cual solamente le dijo que alguien estaba esperándolo adentro para retirarse luego sin antes lanzarle una miradas de
resentimiento.
“Joven Le Moniet” dijo una voz desde dentro de la habitación para que luego dos fuertes brazos lo
introdujeran a ella y seguidamente lo empujaran a su cama.
“¡¿Qué hace aquí?!...Suéltame… Shaka!!!” grito mientras trataba de zafarse del agarre.
"Vine por lo que me pertenece y creo que he esperado demasiado" le dijo al oído mientras intentaba desvestirlo, pero al ver cierta mordida en el cuello, la ira entró lo que hizo que le propinara un golpe en el estomago y en el rostro que saco de combate al pelirrojo.
Mientras tanto esa misma noche, se armo un algarabía en al prisión donde Milo Sabigni como ya se sabia escapaba triunfalmente de las garras de la policía con la ayuda de su tripulación, pero antes de huir por largo tiempo debía llegar a la mansión de joven para ver que decisión había tomado, aunque el solo aceptaría un si por respuesta.
Kamyu despertó adolorido por los golpes pero volvió a la realidad al verse encima de su cama
sin ropa recordando los hechos de hace poco.
“¿Qué paso?” murmuro asustado mientras intentaba cubrirse mas.
“Nada aun no te asustes” -le dijo el Conde mientras parecía desde las sombras vestido aun como si nada hubiera pasado.-“No me gustan inconscientes, me gusta domarlos, hasta que no les quede voluntad y que rueguen por que los deje”
Kamyu trato de retroceder, pero estaba en desventaja por lo cual cayo al suelo enredado con las sabanas, situación aprovechada por el rubio que se abalanzo contra él y empezó a besarlo a la fuerza.
“Suéltame…mi padre” grito el pelirrojo
“¿Tu padre?... te vendió a mi solo por tener mas riqueza y poder”
“¡¡¡Suéltame!!!”dijo en nuevo intento por zafarse.
“Cállate” y nuevo golpe lo impacto en su rostro, haciendo que cayera aturdido al suelo.
“Ahora si veras quien manda aquí” dijo triunfal el conde, pero no contaba con que una voz en sus
espaldas lo sorprendiera.
“Interrumpo acaso”
pelirrojo.
“Lo encontré después de que tú me dejaras en la noche. Me dijo que estabas con un noble. Yo no pensé en las consecuencias, sólo me dijo que esto funcionaría. Aunque me lastimó, pensé que era lo mejor para los dos” decía mientras sonreía de una manera como si no hubiera pasado nada.
“¡Estás loco, Mu…!” pero no pudo terminar de hablar porque vio como Mu daba un grito de dolor y se derrumbaba en el suelo. Milo corrió hacia él, pero lo que vio lo espantó: Mu tenía una herida hecha por una espada que lo había travesado, provocando que se desangrara con lentitud.
“Milo… Milo… yo… yo” decía Mu con lágrimas en los ojos.
“¡Calla, Mu! No hables… ¡¡GUARDAS!!” gritaba Milo tratando de llamar a alguien, ¿Quién habría herido al danzarín? La puerta estaba abierta y los vigilantes no estaban… alguien los había estado
escuchando.
“Milo… perdóname... yo... ” suspiró por última vez Mu, antes de cerrar sus ojos y no abrirlos más.
“Mu… Mu... ¡¡¡¡MU!!!!” gritó Milo. A pesar de todo, este había sido su amigo muchos años, por lo que en ese momento, se negaba a creer que estaba muerto.
“Sí, está muerto por tonto” dijo una voz desde detrás de la puerta “Tenía que asegurarme que nadie me relacionara contigo” de las sombras salió un hermoso rubio de pelo largo, el Conde de Cocteu.
“¡Usted! Es un infeliz, ¡¡¡¡¡¡¡¿cómo pudo?!!!!!!!”
“No me interesaba aunque no puedo negar que disfruté la noche que me dio. Él no la quiso, por lo
que me costó forzarlo, pero por medio de palabras, le convencí de decir que era tu culpa. Un enamorado es tan fácil de manipular...”
“¡¡Bastardo!!”
“No... tú lo eres…¡¡¡¡GUARDAS!!!! El prisionero ha herido al joven Mayfair.”
Milo reaccionó pero fue demasiado tarde. No se dio cuenta cuando el conde había puesto la espada
cerca de él. Los guardas se le abalanzaron encima. El rubio alegó que había acompañado al joven Mayfair y que luego de escucharlo gritar, entró y vio a Milo al frente del cuerpo del pelimorado.
No hubo más explicaciones, solo la Horca lo esperaba.
Que dos caminos tan distintos
En algún momento el tiempo los unió
En algún momento el tiempo los unió
“Milo” dijo una voz desde la oscuridad
“¿Quién anda ahí?”
“Milo soy yo, Kamyu” había logrado escaparse de la vigilancia de sus padres y el conde.
“Pelirrojo, que hermoso veros. Lástima que no esté en condición” lo habían golpeado bastante
“Perdóname Milo, es mi culpa. Hablaré con Shaka a ver si puede hacer algo” él sabía en el fondo que el
conde lo había planeado todo, su padre lo había llevado en la mañana para que observase como encarcelaban a Milo, sabiendo de antemano el impacto que iba a causar en él.
Ahora había llegado ahí gracias a ese señor que vio su preocupación en sus ojos, pero ahora que llegaba donde estaba él preso, veía el sucio lugar donde se encontraba y se sintió responsable de todo lo sucedido. Pero una voz lo saco de sus pensamientos
“Hey…esa hermosa cara no merece tener una expresión tan triste como la que tienes” susurro Milo
desde el sitio donde estaba sentado “Ven acércate y siéntate junto a mi ya que haz venido”, a lo cual el pelirrojo se acerco rápido donde estaba el rubio.
"¿Qué haces aquí, es peligroso para ti?" mientras posaba una mano en la mejilla del joven.
"No lo se, no lo entiendo…pero simplemente no he dejado de pensar en ti, nunca lo he hecho, ¿Qué
me haz hecho Milo Sabigni?"
"Eso mismo iba a preguntante" le respondió por ultimo Milo mientras que con una gran delicadeza y a pesar de los barrotes que lo separaban lo beso dulcemente. Kamyu esta extasiado, tanto solo respondía y se dejaba llevar por esa agradable sensación; cuando el aire hizo falta se separaron lentamente.
“Milo..yo …Milo” susurro mientras bajaba su mirada apenado, pero que Milo con suavidad posaba su
mano en la barbilla y le levantaba su pálido rostro.
"Eres hermoso Kamyu…demasiado hermoso para ser real…te deseo con todas mis fuerzas"
Quien lo dijera entregar la libertad
sin condición.
"Milo…yo...tu también me gustas mucho"
"Eres lo que me hacia falta" finalizo por decir Milo para nuevamente besarlo, pero al pronunciar esa palabras un pinchazo le lastimo en su corazón; era simple; le hizo recordar a Mu, esas eras las mismas palabras que Mu siempre le repetía, este se veía tan feliz que a veces con solo verle no le importaba si estaba en medio de un espectáculo, lo detenía contar de ir a saludarle, el mismo sabia que tenia parte de la culpa por darle falsas esperanzas al danzarín, siempre supo que había sido pésima idea acostarse con él aquella vez, desde ese día se encadenó a él, pero eso ya no importaba porque el ya no estaba y la culpabilidad no lo dejaba en paz.
"¿Qué te pasa?"
"Mu, esta muerto…no pude evitarlo, él no lo merecía."
"Milo…yo lo siento"
"…."
"…."
"Ya no importa" por fin dijo Milo mientras apoyaba su cabeza en los barrotes.
“Fue el padre de él, que me trajo hasta aquí, el mismo me dijo que sabia que Mu estaba metido
en algo malo y pagaba sus acciones”
“….”
"¿Qué haremos ahora Milo? Según las reglas de la policía te mataran mañana por cargos de homicidio” pero una carcajada de parte de Milo hizo parar a Kamyu y verlo extrañado.
"Tu crees que me llamo Milo Sabigni por nada, esperadme mañana mi pequeño pelirrojo y
escaparemos juntos"
"¿Juntos?"
"¿No quieres venir conmigo?”
"¿Yo?…si me gustaría pero mis padres" dijo Kamyu con una sonrisa melancólica.
"Tus padres nada tienen que ver con lo que tu decides, esta vez decidirás por ti mismo , por lo
que dicta tu corazón, para mañana iré por ti y veré que haz decidido” - le respondió el rubio mientras lo besaba nuevamente- “Pero quiero que te lleves un recuerdo mío, que te haga recapacitar” le dijo nuevamente mientras que con delicadeza y rapidez Milo mordía el cuello del joven dejándolo marcado mientras que el
ultimo lanzara un pequeño gemido.
"Solo espera mi pequeño" fueron las ultimas palabras de Milo antes de que Kamyu salía con un tremendo rubor en el rostro y en carrera para su casa.
Al llegar su madre lo esperaba en el salón principal con una expresión fría, como suponiendo donde
estaría.
“Kamyu, ¿Dónde te encontrabas?, hace rato tu padre te esta buscando”
“Yo andaba por ahí”
“Que planeas Kamyu, arruinar lo que tu padre ha intentado forjar todo este tiempo por un patético
amor a un desconocido”
“No se a que te refieres madre” le respondió fríamente como lo habían acostumbrado.
“Kamyu me pareció que tu padre te dijo que te casaras con el Sr. Cocteau, pero da la impresión
que desde entonces solo haces tonterías.”
"Madre… esta vez yo tomare las decisiones que a mi me parezcan y no lo que digan otros”
“La palabra elegir nunca ha existido en el vocabulario de un hijo, pensé que ya lo entendías, tu
solo estas para obedecer” le dijo su madre al verlo salir del salón.
"¿Y acaso no obedezco a mi corazón?" fue lo ultimo que dijo antes de dejar sola a su madre pensativa en la sala. Pero al llegar al cuarto se sorprendió de encontrar a su padre esperándolo, él cual solamente le dijo que alguien estaba esperándolo adentro para retirarse luego sin antes lanzarle una miradas de
resentimiento.
“Joven Le Moniet” dijo una voz desde dentro de la habitación para que luego dos fuertes brazos lo
introdujeran a ella y seguidamente lo empujaran a su cama.
“¡¿Qué hace aquí?!...Suéltame… Shaka!!!” grito mientras trataba de zafarse del agarre.
"Vine por lo que me pertenece y creo que he esperado demasiado" le dijo al oído mientras intentaba desvestirlo, pero al ver cierta mordida en el cuello, la ira entró lo que hizo que le propinara un golpe en el estomago y en el rostro que saco de combate al pelirrojo.
Voy a exigirle a la vida
Que me pague contigo,
Que me pague contigo,
Mientras tanto esa misma noche, se armo un algarabía en al prisión donde Milo Sabigni como ya se sabia escapaba triunfalmente de las garras de la policía con la ayuda de su tripulación, pero antes de huir por largo tiempo debía llegar a la mansión de joven para ver que decisión había tomado, aunque el solo aceptaría un si por respuesta.
Kamyu despertó adolorido por los golpes pero volvió a la realidad al verse encima de su cama
sin ropa recordando los hechos de hace poco.
“¿Qué paso?” murmuro asustado mientras intentaba cubrirse mas.
“Nada aun no te asustes” -le dijo el Conde mientras parecía desde las sombras vestido aun como si nada hubiera pasado.-“No me gustan inconscientes, me gusta domarlos, hasta que no les quede voluntad y que rueguen por que los deje”
Kamyu trato de retroceder, pero estaba en desventaja por lo cual cayo al suelo enredado con las sabanas, situación aprovechada por el rubio que se abalanzo contra él y empezó a besarlo a la fuerza.
“Suéltame…mi padre” grito el pelirrojo
“¿Tu padre?... te vendió a mi solo por tener mas riqueza y poder”
“¡¡¡Suéltame!!!”dijo en nuevo intento por zafarse.
“Cállate” y nuevo golpe lo impacto en su rostro, haciendo que cayera aturdido al suelo.
“Ahora si veras quien manda aquí” dijo triunfal el conde, pero no contaba con que una voz en sus
espaldas lo sorprendiera.
“Interrumpo acaso”
Última edición por Elhy el Mar Jun 10, 2008 5:12 pm, editado 2 veces

Elhy- Moderador - Saga de Géminis - Mu Van Mayfair Lestrangue (Vampiro)

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Inscrito el : 27 Feb 2008
Re: Corazon Salvaje >SLGF<
“¿Quién es?” dijo dándose vuelta y buscando a ver quien lo haba osado a interrumpir
“Alguien que ha venido a llevarse a su amor”
“Sabigni, me lo imaginaba”-dijo a la vez que se levantaba con elegancia y sonriéndole con perversidad mientras dejaba a Kamyu nuevamente desmayado en el suelo- “El pelirrojo me pertenece” dijo mientras desenvainaba su espada y sacaba su pistola, las cuales por seguridad había dejado en una distancia prudencial.
"Eso no me parece” dijo Milo imitándolo mientras sacaba las de él, de esa manera la lucha empezó y mientras Shaka Cocteau con maestría esquivaba los ataques de Milo, este con velocidad contrarrestaba los de él, pero en uno de esos movimientos se tropezó y cayo al suelo, haciendo que la pistola que portaba fuera dar cerca del inconsciente Kamyu, y lastimosamente al lado contrario donde se encontraba.
“Aquí termina todo” le dijo el Conde mientras apuntaba su arma directo al corazón de Milo que lo veía desde el suelo - “Prepárate para Morir”
“Basta Shaka” susurro una voz temblorosa detrás de sus espaldas. No había necesidad de darse vuelta, sabia que era Kamyu , pero también sabia que temblaba como una hoja. Kamyu le apuntaba con la pistola que había caído cerca de él, pero aun así realmente estaba asustado, jamás había tenido necesidad de usar una.
“Ohh el pequeño ya es valiente y me va disparar” arrastro las palabras el conde burlándose de él.
“No te muevas”
“Tu no puedes matarme, no tienes carácter ni nada, solo eres un cobarde” dijo mientras miraba a Milo
fijamente y preparaba su arma para disparar.
“¡Silencio!” dijo Kamyu mientras se ponía mas nervioso.
“Tu no puedes matar a nadie” dijo el conde dándose la vuelta su rostro por unos segundos y distrayéndose.
Grave error.
“Tal vez el no, pero yo si” hablo por fin Milo mientras que aprovechaba la distracción de Shaka y con su espada travesaba el cuerpo del Conde que cayo al suelo herido de muerte.
“Yo…malditos” jadeo sin control, al sentir la sangre escurriéndose, mientras juraba que por un momento vio la sombra de un pelimorado riéndose de él.
“Esto es por Mu” dijo mientras sacaba la espada del cuerpo ya inerte del conde Cocteau.
Kamyu mas asustado que nada y por ver al conde muerte dejo caer la pistola y cubriéndose con la sabana
se acerco a Milo para abrazarlo.
“Milo…¿Está muerto?
“Si lo esta” Kamyu empezó temblar y unas lagrimas salieron de su rostro, por fin todo había terminado, el conde merecía lo que le sucedió por matar a un ser inocente, pero ahora que harían, uno de los hombres mas respetables de Cannes estaba muerto en su habitación, estaban metidos en un grave problema. Milo al
verlo lo abrazo más fuerte y le dijo que todo se iba arreglar, pero ni el sabía como, pero una voz los saco de sus cavilaciones
“Deben irse, ya”
“Madre” dijo asombrado Kamyu.
“Yo me encargare de todo, pero deben irse ya”
“Yo…”
“Por una vez, haré lo que mi corazón dicta como hace mucho lo olvide”
“Madre…gracias”
“Huyan rápido!!!!!!!” dijo su madre mientras lo abrazaba por primera vez con un instinto maternal y
luego los apresuraba a marcharse. Por lo cual Milo sin perder tiempo tomo a Kamyu entre sus brazos y corrió con todas sus fuerzas hasta un lugar seguro.
Al llegar al puerto, su tripulación lo esperaba listo para embarcarse y huir de manera apresurada ya
que la policía estaba a punto de llegar.
Ya en mar abierto, Kamyu observaba el inmenso mar y en todo lo que había pasado.
“Te arrepientes” le susurro Milo a sus espaldas
“Ni un momento” le contestó Kamyu dándose vuelta y besándolo con pasión. Mientras que con
rapidez lo abrazaba y poco a poco lo arrastraba a lo que seria próximamente su habitación.
Milo se acerco al pelirrojo y lo miro a los ojos con un amor intenso, y fue acercando ligeramente
su rostro, hasta rozar sus labios con los del el a la vez que acariciaba su rostro.
Kamyu lo abrazo fuertemente, temiendo que fuera un sueño "Milo…Milo…" empezó a gemir el pelirrojo cada vez mas fuerte al sentir las caricias fervientes del rubio en su cuerpo, mientras que este cerraba las puertas de la habitación y llevaba a su amor hacia su lecho.
"Yo…yo…" tartamudeaba el joven Let moniet , esperando que su inexperiencia no turbara al joven capitan.
"Sois la cosa mas hermosa que he visto en toda mis vidas" le dijo el rubio mientras se acercaba a su
rostro y lamia sus labios tentadoramente para sellarlos en un fogoso beso.
Con cuidado extendió sus manos bajo las vestimentas del pelirrojo mientras en cada paso buscaba memorizar la piel del mas joven mientras que sus oídos eran deleitados por la sinfonías de gemidos salidos de este.
El rubio se abrazaba más a Kamyu. el cual ya sentía como su cuerpo iba reaccionando a la situación, para luego dejar un camino de besos en el cuello del pelirrojo, hasta que llego a su pecho y se detuvo en un pezón el cual empezó a juguetear hasta endurecerlos mientras el otro era trabajo por su mano.
Kamyu no dejaba de gemir mientras sentía como lo desvestían poco a poco de sus vestimenta, se estaba volviendo loco, pero ocupaba caricias mas profundas, lo que hizo que dijera casi sin pensar.
"Milo, tocadme mas"
“Puedes sentirlo, mi querido Kamyu ¿lo sientes? “ Dijo el rubio mientras estrellaba su cuerpo contra el de menor- “esto es lo que provocas en mí...” mientras se sentía la erección ya bastante animada de este.
“Pedídmelo”
...
“Vamos”
“Quiero sentir vuestros labios” respondió tímidamente el menor.
Milo siguió bajando hasta llegar donde su mano estaba ocupada acariciando la entrepierna del Kamyu lo cual hizo que este diera un respingo cuando sintió que su miembro era absorbido por algo húmedo.
“Ohh" gimió hondo mientras curvaba su espalda y ahora abría las piernas completamente
Pronto sus manos se colaron en la aquella entrada virgen del joven Let monet y con cuidado lo prepararon para poder fundirse en un solo ser.
Kamyu se sentía como en las nubes al sentir como Milo poco a poco empezaba adentrarse dentro de el. Y gime al sentir dolorosamente la entrada del órgano del hombre , pero cuyo sentimiento se vuelve placer al empezar las embestidas.
"Te amo" dice Kamyu mientras se siente llegar a la cúspide y se abrza con fuerza al rubio.
"Mi corazón te pertenece mi amado príncipe de los mares" le dice Milo mientras sella sus labios con un beso mientras los dos tocan el cielo y se dejan llevar por la increíble sensación de encontrarse juntos por fin después de tantos obtaculos.
Y dejar de ser por siempre un mendigo del amor,
Corazón salvaje.
“Alguien que ha venido a llevarse a su amor”
Que me enseñe el sentido del dolor
Porque ya fue suficiente el castigo
De no haberte conocido
Porque ya fue suficiente el castigo
De no haberte conocido
“Sabigni, me lo imaginaba”-dijo a la vez que se levantaba con elegancia y sonriéndole con perversidad mientras dejaba a Kamyu nuevamente desmayado en el suelo- “El pelirrojo me pertenece” dijo mientras desenvainaba su espada y sacaba su pistola, las cuales por seguridad había dejado en una distancia prudencial.
"Eso no me parece” dijo Milo imitándolo mientras sacaba las de él, de esa manera la lucha empezó y mientras Shaka Cocteau con maestría esquivaba los ataques de Milo, este con velocidad contrarrestaba los de él, pero en uno de esos movimientos se tropezó y cayo al suelo, haciendo que la pistola que portaba fuera dar cerca del inconsciente Kamyu, y lastimosamente al lado contrario donde se encontraba.
“Aquí termina todo” le dijo el Conde mientras apuntaba su arma directo al corazón de Milo que lo veía desde el suelo - “Prepárate para Morir”
“Basta Shaka” susurro una voz temblorosa detrás de sus espaldas. No había necesidad de darse vuelta, sabia que era Kamyu , pero también sabia que temblaba como una hoja. Kamyu le apuntaba con la pistola que había caído cerca de él, pero aun así realmente estaba asustado, jamás había tenido necesidad de usar una.
“Ohh el pequeño ya es valiente y me va disparar” arrastro las palabras el conde burlándose de él.
“No te muevas”
“Tu no puedes matarme, no tienes carácter ni nada, solo eres un cobarde” dijo mientras miraba a Milo
fijamente y preparaba su arma para disparar.
“¡Silencio!” dijo Kamyu mientras se ponía mas nervioso.
“Tu no puedes matar a nadie” dijo el conde dándose la vuelta su rostro por unos segundos y distrayéndose.
Grave error.
“Tal vez el no, pero yo si” hablo por fin Milo mientras que aprovechaba la distracción de Shaka y con su espada travesaba el cuerpo del Conde que cayo al suelo herido de muerte.
“Yo…malditos” jadeo sin control, al sentir la sangre escurriéndose, mientras juraba que por un momento vio la sombra de un pelimorado riéndose de él.
“Esto es por Mu” dijo mientras sacaba la espada del cuerpo ya inerte del conde Cocteau.
Kamyu mas asustado que nada y por ver al conde muerte dejo caer la pistola y cubriéndose con la sabana
se acerco a Milo para abrazarlo.
“Milo…¿Está muerto?
“Si lo esta” Kamyu empezó temblar y unas lagrimas salieron de su rostro, por fin todo había terminado, el conde merecía lo que le sucedió por matar a un ser inocente, pero ahora que harían, uno de los hombres mas respetables de Cannes estaba muerto en su habitación, estaban metidos en un grave problema. Milo al
verlo lo abrazo más fuerte y le dijo que todo se iba arreglar, pero ni el sabía como, pero una voz los saco de sus cavilaciones
“Deben irse, ya”
“Madre” dijo asombrado Kamyu.
“Yo me encargare de todo, pero deben irse ya”
“Yo…”
“Por una vez, haré lo que mi corazón dicta como hace mucho lo olvide”
“Madre…gracias”
“Huyan rápido!!!!!!!” dijo su madre mientras lo abrazaba por primera vez con un instinto maternal y
luego los apresuraba a marcharse. Por lo cual Milo sin perder tiempo tomo a Kamyu entre sus brazos y corrió con todas sus fuerzas hasta un lugar seguro.
Al llegar al puerto, su tripulación lo esperaba listo para embarcarse y huir de manera apresurada ya
que la policía estaba a punto de llegar.
Ya en mar abierto, Kamyu observaba el inmenso mar y en todo lo que había pasado.
“Te arrepientes” le susurro Milo a sus espaldas
“Ni un momento” le contestó Kamyu dándose vuelta y besándolo con pasión. Mientras que con
rapidez lo abrazaba y poco a poco lo arrastraba a lo que seria próximamente su habitación.
Milo se acerco al pelirrojo y lo miro a los ojos con un amor intenso, y fue acercando ligeramente
su rostro, hasta rozar sus labios con los del el a la vez que acariciaba su rostro.
Kamyu lo abrazo fuertemente, temiendo que fuera un sueño "Milo…Milo…" empezó a gemir el pelirrojo cada vez mas fuerte al sentir las caricias fervientes del rubio en su cuerpo, mientras que este cerraba las puertas de la habitación y llevaba a su amor hacia su lecho.
"Yo…yo…" tartamudeaba el joven Let moniet , esperando que su inexperiencia no turbara al joven capitan.
"Sois la cosa mas hermosa que he visto en toda mis vidas" le dijo el rubio mientras se acercaba a su
rostro y lamia sus labios tentadoramente para sellarlos en un fogoso beso.
Con cuidado extendió sus manos bajo las vestimentas del pelirrojo mientras en cada paso buscaba memorizar la piel del mas joven mientras que sus oídos eran deleitados por la sinfonías de gemidos salidos de este.
El rubio se abrazaba más a Kamyu. el cual ya sentía como su cuerpo iba reaccionando a la situación, para luego dejar un camino de besos en el cuello del pelirrojo, hasta que llego a su pecho y se detuvo en un pezón el cual empezó a juguetear hasta endurecerlos mientras el otro era trabajo por su mano.
Kamyu no dejaba de gemir mientras sentía como lo desvestían poco a poco de sus vestimenta, se estaba volviendo loco, pero ocupaba caricias mas profundas, lo que hizo que dijera casi sin pensar.
"Milo, tocadme mas"
“Puedes sentirlo, mi querido Kamyu ¿lo sientes? “ Dijo el rubio mientras estrellaba su cuerpo contra el de menor- “esto es lo que provocas en mí...” mientras se sentía la erección ya bastante animada de este.
“Pedídmelo”
...
“Vamos”
“Quiero sentir vuestros labios” respondió tímidamente el menor.
Milo siguió bajando hasta llegar donde su mano estaba ocupada acariciando la entrepierna del Kamyu lo cual hizo que este diera un respingo cuando sintió que su miembro era absorbido por algo húmedo.
“Ohh" gimió hondo mientras curvaba su espalda y ahora abría las piernas completamente
Pronto sus manos se colaron en la aquella entrada virgen del joven Let monet y con cuidado lo prepararon para poder fundirse en un solo ser.
Kamyu se sentía como en las nubes al sentir como Milo poco a poco empezaba adentrarse dentro de el. Y gime al sentir dolorosamente la entrada del órgano del hombre , pero cuyo sentimiento se vuelve placer al empezar las embestidas.
"Te amo" dice Kamyu mientras se siente llegar a la cúspide y se abrza con fuerza al rubio.
"Mi corazón te pertenece mi amado príncipe de los mares" le dice Milo mientras sella sus labios con un beso mientras los dos tocan el cielo y se dejan llevar por la increíble sensación de encontrarse juntos por fin después de tantos obtaculos.
Y dejar de ser por siempre un mendigo del amor,
Corazón salvaje.

Elhy- Moderador - Saga de Géminis - Mu Van Mayfair Lestrangue (Vampiro)

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Re: Corazon Salvaje >SLGF<
¡Hola!
Pues bueno, la verdad es que pensé que me tardaría bastante para leerlo, pero está tan bien escrito este fic que fue bastante rápido, jojo. Para escribir ese texto tan largo ya debiste haber encontrado un poco de tiempo libre. o.o
En fin. Me gustó mucho, no pude evitar acordarme de Piratas del Caribe, pero no importa. xD Creo que es porque la he visto demasiadas veces y porque Milo me pareció muy Jack Sparrow. <---demente. En cualquier caso, disfruté mucho la lectura, aunque sentí que el principio representó algunos problemas; y ya sé que quedaré como una torpe, pero el inicio del flashback me hizo sonreír:
“Su nombre, era simple, Kamyu Let Moniet, heredero de […]”.
¡¿Cuál simple?! ¡Kamyu Let Moniet! Digo, está bien que él pueda pronunciarlo, pero que no se piense que un apellido como ése es una simpleza, sobre todo estando en francés… Por cierto, me entró curiosidad: ¿por qué escribes así el nombre del pelirrojo? Ya lo había visto así antes, sin embargo aún no me explico la verdadera razón. –o- ¿Es quizá por la pronunciación, o algo así?
Igual, me gustaron los apellidos, especialmente el de Shaka: Cocteau. ¡Como el de Gilbert!, y eso que sí me sorprendió que él fuera el malo de la historia; él me parece encantador todo el tiempo. -__- Y quisiera preguntarle por qué no, con tantas oportunidades (¿tres?), se acostó con Kamyu como Dios manda. O.o Francamente me pareció una exageración, siempre que se veían le hacía algo “perverso” al pelirrojo, para después sólo dejarlo… ¿La gente normal-malvada hace eso? ¿Era necesario que lo toqueteara tantas veces?
Hay algunos errorcillos gramaticales (falta de signos de puntuación), pero lo demás… de verdad me agradó leer, así que espero que tengas más tiempo libre y ganas de escribir, para que sigas dándonos el gusto de leerte. o.-
Un saludo. ¡Nos leemos pronto!
Re: Corazon Salvaje >SLGF<

Secret Lovers
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Gracias por deleitarnos con tu escrito.
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Angelus_Shun- Administrador - Shun de Andrómeda - Angelique Dómine (Detective)

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