ENCUENTROS (*SLGF*)
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ENCUENTROS (*SLGF*)
Capítulo 1: Palabras hirientes
[center]"Que has hecho de mi vida, mi dulce ruiseñor,
me abrazas bajos tus alas, dándome tu amor,
hacia el abismo he caminado ciega antes tus encantos,
con tu sonrisa tierna e infantil has derribado mi cordura,
atrapándome entre tus redes,
atrayéndome hacia tu sombrío destino". (SN)
[center]"Que has hecho de mi vida, mi dulce ruiseñor,
me abrazas bajos tus alas, dándome tu amor,
hacia el abismo he caminado ciega antes tus encantos,
con tu sonrisa tierna e infantil has derribado mi cordura,
atrapándome entre tus redes,
atrayéndome hacia tu sombrío destino". (SN)
Eran si acaso, como las cuatro de la tarde, en sus manos sostenía, la confirmación del causante de sus malestares, su hermano le había insistido que podría ser eso, sonreía a la cara que pondría Hyoga cuando se enterará, sin embargo suspiró nervioso al dejar el sobre en el escritorio, pero el Cisne se había comportado algo distante con él, lo que le preocupaba, pero confiaba en su amor. Todo había cambiado desde que se conoció el castigo que Zeus dictaminó a los caballeros dorados y sufrió a su lado ante la desesperación de ver a Camus, Milo, Shaka y los demás en el monolito.
Shun suspiró mirando su habitación en los matices anaranjados del atardecer, hace dos meses había partido con Atenea al Olimpo, su relación con Hyoga en ese momento se había enfriado, sentía dentro de su corazón que le culpa por lo sucedido a los santos dorados, ahora este bebé podía unirlos de nuevo, confiaba que su amor fuera más fuerte, que logrará pasar la prueba. Por otro lado la otra noticia, en que debía convencerlo y era la de volver a Alemania, su lugar era ahora estar al frente de los espectros, con esos pensamientos en su mente acarició su vientre con ilusión, recordando el rostro de Iki, cuando le acompañó a la consulta, a su vez recordó los días de su estadía en el hogar de Zeus, no podía ni levantarse en las mañanas solo por los mareos y nauseas, fue terrible como se sentía, a Atenea apenas si pudo cruzar palabras con ella, solo Pandora e Iki que se desvivían por él, eran los únicos que habían permanecido a su lado. Por lo que sabía Saori había regresado un mes antes sin resultados, “Pero sin embargo yo no me di por vencido, tuve que sacrificar algo, pero lo logré” Se sonrió solo esperen a que mi sorpresa llegue a casa.
Ya los sirvientes, sabían habían informado de su retorno, a los demás, Iki había salido unos momentos a finiquitar lo de los boletos a Alemania, aún en su mente remolinaban los momentos en que Ilitía y Hécate le confirmarán su estado, cuando la puerta de su habitación azotó contra la pared sonoramente, por ella se revelará la figura de un enardecido Hyoga, despidiendo su aire congelado, seguido de un asustado Shiryu, que trataba de detenerlo y Atenea, que no sabía que hacer.
¡Vaya osadía la tuya, Shun! No pensé que tuvieras el descaro de aparecerte de nuevo, después de haber condenado a los caballeros dorados, a esa prisión de roca. Te odio Shun, no soporto tu presencia, sabías que Camus, era un padre para mí, sacado de sí el caballero de los hielos eternos se abalanza sobre Hades tomándolo, por su cuello en un intento por matarlo. El antiguo caballero de Andrómeda se defendió aplicando su cosmos:”Me odia” gritó su adolorida alma ni siquiera me ha dejado defenderme ni a dudado que sea culpable. Me ha acusado sin argumentos, él su esposo, su familia. “Así que es lo crees de mi y me odias, soltó lentamente sus palabras ¿Hyoga?
El cisne le agarró bruscamente la barbilla acercando su rostro peligrosamente, le escupió su veneno: No aguanto tu presencia, me repugnas, Shun abrió grandemente sus ojos, no entendía como su gran amor se convertía en odio tan fácilmente, ¿Pero que te he hecho? ¿En qué te he ofendido, amor? Soltó casi ahogado sus inquietudes, mirándolo fijamente a sus diamantes. Te has convertido en lo que más odio, te ha gustado el poder, porque has aceptado el puesto de Hades y ser el verdugo de los santos dorados. Eres más repulsivo que tu antecesor, volvió su vista a los demás buscando explicación pero solo notó el odio en sus miradas, aspiró aire para tranquilizarse, y lo soltó cerrando sus ojos habló con su habitual voz melodiosa: ¡Vaya, no puedo cambiar tu opinión! Por lo tanto no te encadenaré a mi vida, yo nací siendo él, porque soy su legítima reencarnación, creí que lo habías entendido, pero veo que ninguno lo hizo, quitándose el anillo de su dedo anular, deposito lo que era su alianza en la palma de la mano del hombre que era su esposo.
No te incomodaré con mi presencia nunca más, pero también debes saber esto, tomó el sobre del escritorio y se lo entregó en la mano: “Por esto no te preocupes, el problema es solo mío”. Cuando tomaba su abrigo para retirarse Hyoga le agarró del brazo: No creas que Atenea no estaba informada de esto. Se sonrió irónicamente: Bien sabes que nuestro matrimonio es válido, así como la criatura que llevas en tu vientre también es mía. Tengo orden judicial para que no salgas de esta casa hasta que nazca. La cara de sorpresa de Andrómeda se clavó en el cisne ¿Qué has hecho? Si alguna vez pensaba perdonarte, lo has asesinado en este momento.
Shun no tienes perdón y porque es mi hijo el que llevas dentro de ti, te mataría aquí mismo. El más joven cerró sus párpados ocultando su dolor irguiéndose, no me vuelvas a tocar caballero de bronce, siseo envolviéndose en su poder y si quieres tu caso se resolverá bajo las leyes de los dioses.
No había terminado de decir su sentencia cuando la diosa Hera apareció ante ellos, justo en el mismo instante que Iki aparecía al lado de su hermano, alertado de la perturbación de su cosmos. “El matrimonio de Hades con el mortal queda deshecho, pero lo que corresponde a la criatura, el veredicto de Zeus y mío será que fruto de esta unión, posee el cosmos del caballero de bronce Hades deberá renunciar a él para siempre, pero si ocurre lo contrario pertenecerá al Inframundo y serás tu caballero de Atenea, quién no tendrá derecho sobre el mismo.
Hades ante la ingratitud del humano retiramos tu promesa sobre vuestra unión, la alianza en el dedo de Hyoga se deshizo y la de Hades desapareció, acto seguido la diosa se retiró sin emitir más palabras. Iki no tardó en abrazar a su hermano a su pecho, le empieza a sacar de la habitación, directo a la suya, encerrándose en ella, le escucha sollozar contra su pecho, en silencio le consuela ¿Shun? Hades le acalló con sus finos dedos: Hermano cuando mi hijo nazca, llévame inmediatamente de este lugar, sí es mío, no permitas que nadie lo vea, pero si, no es mío, no pudo continuar sus lágrimas caían a raudales en su rostro de marfil y se ahogaba en su llanto: no quiero verlo ni saber que es, lloró desesperado y fénix impotente le abrazó fuertemente sin saber que decir, besó su frente, y en delicada caricias le calmaba. No tienes porque quedarte aquí, vamos ahora mismo con Pandora a Alemania, no pienso quedarme ni un segundo más en este lugar donde te humillaron y ni que estés cerca de ese mal nacido ruso, ambos se incorporaron del lecho dónde se encontraban sentados, llevándolo consigo se encaminaron fuera de la habitación y decididos salir de allí, cuando Atenea acompañada de Shiryu y Hyoga les cortan el camino.
¿A dónde pensaban escapar? Les inquirió Atenea, en el rostro de Iki se dibujó una mueca de repulsión: Simplemente salir de este lugar, a un sitio dónde mi hermano pueda estar tranquilo, sin estar rodeado de traidores, escupió sus palabras, envuelto en las llamas del altísimo fénix, además pase lo que pase del veredicto del Rey de los dioses, si detienes a mi hermano, iniciarás una nueva guerra santa, es eso lo que quieres diosa de la sabiduría, mi hermano es el señor del inframundo y ha dado su palabra, y el obedecerá en nombre de sus espectros, exclamó ofendido Iki, desplegando su poder empujó a Atenea, Dragón y Cisne del paso.
Shiryu, se incorporó para impedirles la salida de nuevo, evitando que ellos se fueran, algo le decía que debía retenerlos, Vamos Dragón deja que se vayan, la voz de Hyoga resonó tranquila: de todas formas sabemos dónde esta su guarida y lo podremos encontrar. ¿Hyoga? Shun se volvió hacia él, sin pensarlo dos veces, le golpeó en el rostro con su puño cerrado, haciendo que su mejilla se moreteara y empezó a sangrar de la comisura de los labios, a su vez caía inconsciente, Volviéndose a los demás enfurecido: Atenea, espero no tener más conflictos entre nosotros, en lo que respecta a Hyoga, dile que no huyo, pero no permaneceré bajo su mismo techo nunca más y en cuánto a nuestra relación hoy le dio muerte, por su boca, que después no busque revivirla, haciendo el característico saludo en una reverencia salió de la mansión, envueltos en su poder. Saori corrió a Hyoga, junto con Shiryu que lo incorporaron del piso a su habitación.
No había pasado, ni tres horas del incidente, cuando en la puerta de la mansión el intercomunicador sonó y una de las sirvientas atendió el llamado del visitante, la joven quedó paralizada cuando vio a los catorce jóvenes, que fueron los caballeros dorados. Buscamos a la joven Kido, expresó un hombre de largos cabellos verdes y ojos violetas, la mucama corriendo por las escaleras, casi tropezándose llamaba a gritos a la dueña de la mansión: ¡Están libres, Señora! Repetía histérica: o son sus fantasmas. Los habitantes de la casa corrieron a ellos y el cisne se abalanzó sobre su maestro Camus, llorando de felicidad: No es para tanto, muchacho, le expresó con cariño, revolviendo sus cabellos dorados. Si no fuera por Hades, aún estaríamos en ese lugar, hyoga se paralizó en sus brazos.
¿Ah todo esto, dónde está nuestro libertador? Preguntó un orgulloso Shaka con una sonrisa iluminando su rostro, Zeus nos contó que había regresado a casa. Venimos a agradecerle. Los allí presentes no sabían que decir, el Cisne esta más pálido que de costumbre, sus piernas flaqueaban y era sostenido por los brazos de su maestro. Camus tomó su barbilla y le inquirió seriamente: ¿Dónde está tu esposo, Hyoga?
Yo le eche de aquí, sopesó sus palabras con terror, yo lo repudié, Acuario lo soltó como si lo hubiese quemado, mirándolo atónito, el cuerpo del Cisne temblaba, de la consternación. Fue el patriarca quién tomó la palabra: Hyoga ¿Qué has hecho? Los dioses cobraron ya nuestras vidas, por tu boca. Tú le rechazaste, le has dado la razón.
Hades no puede estar unido a un humano, sentenciaron los olímpicos y Shun refutó a favor tuyo, expresando que su palabra había sido dada y que te amaba, entonces Eros adoptó su causa, y dictaminó: si el amor es verdadero, deberías pasar la prueba que te impusieran ellos, y te dieron la oportunidad de que demostrarás tu amor, pero Cisne la fallaste. Hyoga se agarró las sienes en un lastimero gemido, despertó a la realidad, lo había arruinado todo. Corrió con un loco fuera de la mansión, buscando su presencia en vano.
Atenea apareció detrás de él abrazándolo hacia su pecho: Perdóname Hyoga yo también fui participe de esto, por eso vine primero que Shun y tuve que decir lo que dije, confié que tu corazón vería la verdad, pero no fue así. El Cisne empujó a la diosa lejos de él. Negando con su cabeza repetidas veces, le pediré perdón, sollozó, pero luego a su mente llegaron las palabras que le había dicho su amado, “si algunas vez pensaba perdonarte, has asesinado esa intención” Por fin el Cisne cedió suavemente y Saori apretó su abrazo sobre él. “Lo siento Hyoga, yo no quise pero al igual que Shun lo prometimos sería tu elección, el estar con él o no. Ahora Hades ha vuelto al Inframundo pero cumplirá su palabra y la sentencia de los dioses, cuando nazca vuestro hijo, vendrá a nosotros para tenerlo.
Ambos caballero y diosa entraron de nuevo a la mansión, Hyoga lucía destrozado, Acuario se acercó a ellos y tomó en sus brazos a su pupilo, al que quería como un hijo, le descansó en su pecho, si le amas no te des por vencido, pequeño, Eros tenía fe en ti, y si tu amor es verdadero lo lograrás.
Alemania
Hades e Iki ingresaron al castillo, dónde Pandora les esperaba, la joven de cabellos borgoña acortó la distancia entre ellos, abrazándolos: Ni- san, otouto, bienvenidos a casa. ¡Oh Shun! Como lo lamento, haremos todo lo posible, para mantener a tu hijo, a tu lado, ya Hécate se encargará de ello. Ilitia se encargará de controlar tu embarazo. Tanto Iki como Shun asintieron. Pandora bajó su mirada, en el momento que buscaba el emisario para la diosa de la sabiduría: Dile a Atenea, que estaremos en el momento indicado en el Partenon y nuestros testigos serán Hécate e Ilitía, ante los reyes de los dioses, Hera y Zeus, que ella disponga de los que desee. Iki después de escuchar el mensaje tomó de la cintura, le guío a su cuarto, entre los elegantes pasillos. Mientras su hermana los seguía con su vista hasta que se perdieron de ella.[/center]
Última edición por goddesniquel el Jue Mayo 22, 2008 5:26 pm, editado 3 veces
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
Pasaron los meses en un abrir y cerrar de ojos, cuando Hades por fin vino a cumplir su parte del trato, melancólico, sus esmeraldas se posaron en las ruinas de antiguos templos, la brisa movía su capa la cual le cubría del sol, caminar mucho le agotaba, su vientre sobresalía, ya casi estaba en la fecha del nacimiento, sonriendo sostuvo, la parte que le cubría la cabeza, ante la juguetona brisa que le quería exponer su faz al sol. Iki y Pandora, caminaban a su lado, su bebé se movía alegre dentro de él, y posó su mano, en su abdomen para apaciguarlo un poco, quería saber que era, pero mejor se reservó ese privilegio con solo saber que talvez nunca le tendría era lo más acertado no darle rostro, había escogido nombres por si acaso, pero solo iki y Hécate lo sabían, tampoco se había aventurado a comprarle nada, el no tener la certeza de lo que ocurriría le estaba matando, pero no mostraba su desamparo a los demás, tras ellos las dos diosas que les acompañaban y le ayudarían en el momento de su parto.
De seguro no le conocerían, había cambiado bastante en estos meses, su cabello más negro que de costumbre, caía hasta casi la mitad de su espalda, en este momento le recogía en una coleta, de sus orejas pendían dos zarcillos que le regaló Zeus en forma de trueno, su piel se había vuelto más pálida. El sol que antes amaba ahora le molestaba, se agitó bastante, con ese corto trayecto, e Iki le sentó en una de las rocas bajo un enorme árbol, del cual tenía vista de la ciudad y del brillante mar Mediterráneo, que de sus aguas calmas el sol se reflejada en brillantes destellos, el aroma del océano, llenaba sus sentidos. El Eliseo, era magnífico pero su luz no irradiaba el calor del refulgente sol. Fénix se puso frente de él para brindarle sombra, sus miradas se cruzaron, y una sonrisa bastante desanimada hizo presa de sus semblantes. Sus acompañantes conversaban distraídamente sobre los vestigios de la antigua ciudad, a cada lado de dónde él se encontraba, Radamantis y Minos le hacían guardia en silencio Pandora por su parte atendía a los dos diosas que enviaron del Olimpo.
No tardó mucho en llegar la comitiva del santuario, se hizo sombra con su mano, para determinar quienes serían los encargados de recibirlos, Aries y Virgo, junto a Hyoga, su corazón dio un vuelco sabía que podía haber esa posibilidad, pero no tan pronto, lo que le faltaba más disgusto, suspiró al fijar sus esmeraldas en los zafiros de su hermano mayor, quién le acarició su mejilla en señal de consuelo. No fue mucho cuando los tuvo al frente suyo, Iki se mantuvo entre ellos y él dispuesto solo a apartarse hasta que su niño estuviera dispuesto a recibirlos, le vio el temblor de sus labios, y como luchaba para no estallar en llanto, hasta en un movimiento de su cabeza, comprendió que estaba listo. Y en una elegante rotación, se puso a su lado.
Ante los ojos calmos de Hades, los tres caballeros de Atenea permanecían con arrodillados con sus cabezas bajas, les estudió en silencio, mientras su corazón se desbocaba en su pecho, al tenerlo enfrente, su bebé notó su inquietud, pateando fuertemente sus entrañas, instintivamente llevó sus manos al lugar, y fue cuando notó el escrutinio de unos diamantes sobre su persona. El caballero de los hielos eternos, trató de mover sus labios, pero se detuvo al notar el vientre oculto tras la capa negra, allí se quedó paralizado, tuvo que tragar en seco, ante la mirada curiosa de su amado Shun.
Caballeros de Atenea, la voz cálida de Hades llegó a sus oídos, a su vez con un gesto de su mano les indicó ponerse en pie. De acuerdo a lo estipulado, expresó fríamente el Fénix Hades se hace presente en el Partenón, así que llevemos a su diosa. La forma de tratarlos del hermano mayor de Shun, les impactó, les hablaba como si fueran desconocidos, ¿Iki? ¿Por qué nos hablas así? Inquirió Shaka, nosotros nos sentimos culpables de toda esta situación Shun, hemos esperado todos estos meses para agradecerte. ¡Shaka, Mü! No tienen nada que agradecerme, era lo justo, expresó al momento que se cubría del sol con su manto al alzar la vista a los que se encontraban de pie, a su vez que Iki entrecerraba sus ojos notando la mirada insistente del Cisne sobre su hermano. ¿Qué tanto miras ruso? No hay engaño el que está aquí es mi hermano, y ni se te ocurra dirigirle la palabra que no desea recibir más molestias. Shun bajó su mirada al suelo, sin querer encontrarla con la de Hyoga.
En ese instante, el Cisne se abalanza a sus pies, rodeando sus piernas con sus brazos, sin que Iki ni los jueces pudieran hacer nada, además de que Hades los detuvo, alzando su mano. Shun necesito hablar contigo, te lo ruego. ¿Hyoga? Susurró suavemente, para luego levantar su vista buscando los zafiros que le brindaban apoyo, Iki afirmó, e hizo gesto a los espectros para que se alejaran junto con los demás. Una nueva patada de su bebé le cortó la respiración, la mano del Cisne viajó a su abdomen, posándose en él y sus miradas se encontraron: Perdóname todas las aberraciones que te dije, mi amor, estaba fuera de mí, le soltó con sus palabras entrecortadas por las lágrimas, estos meses sin ti han sido un infierno, con desesperación besó su vientre, he sido un imbécil y un mal nacido, no sé que pasó conmigo. Su Andrómeda negó con su cabeza, ya te he perdonado, lo que ocurrió tenía que pasar, Hyoga, era la verdad que guardaba tu alma, tú nunca me absolviste, de ser el dios de la muerte, le expresó acariciando su rostro, y con cariño le limpiaba el rostro, ahora todo terminará pronto, y no nos volveremos a ver. No tienes porque sentirte mal, Cisne, en el corazón no se manda. El mayor sostuvo su mano, firmemente: no me entiendes, yo te amo Shun, no puedo vivir sin ti. Le expresó al tomar su rostro con sus manos trémulas, y un gemido de dolor salió de lo profundo del alma de Hades, ya nos condenaste a los dos, tus palabras nos separaron para siempre y yo cumpliré mi palabra, ante Zeus, jamás podré volver contigo. Y en cuanto a la criatura también respetaré si es tuya jamás intervendré, sus palabras casi salieron inaudibles a causa del inmenso sufrimiento que sentía, al pronunciarlas sus labios pálidos temblaron visiblemente, así como sus manos que descansaban en el nido de su niño.
Poco a poco, soltó el aire que retenía sus pulmones, y si es mía espero respetes el pacto. Los dedos del cisne apretaron delicadamente su vientre, Shun yo no te quitaré a tu niño, aunque tenga mi cosmos, será tuyo, no tengo derecho a él… Hades posó sus dedos en sus labios acallándolo. Caballero de los hielos eternos, creo que ya está dicho todo entre nosotros, así que ya no te humilles más, tomó el porte altivo del Señor de los Muertos, e incorporándose dio por terminada la conversación, dispuesto a continuar con su camino. Sin volver a ver más a su interlocutor ni bríndale consuelo, cruzó la mirada con su hermano, sus ojos se comunicaron sin expresar palabras, en los últimos meses había desarrollado un halo de frialdad a su alrededor, mismo que dejó mudo al que fue su esposo, pero detrás de esa máscara iki sabía sus sentimientos y el llamado de auxilio solicitado en gritos silenciosos por esas esmeraldas., el cual fue contestado de inmediato. Espero a que el Fénix se acercará a él, y le tomará en sus brazos, el resto del camino lo hizo cargado por el mayor quién se cuidaba de cubrirle el cuerpo del sol.
Aries y Shaka que caminaban a su lado ¿Iki, tiene algún problema con la luz solar? No, respondió casi en un susurro, pero son meses sin recibirlo, y su piel y ojos ahora son más sensibles a él, igual le pasa a Pandora, es algo que por el momento no se puede evitar, en unos días pasará, señalando a su hermana, suspiró observando que disfrutaba del astro rey.
Shun se abrazó más fuerte al cuello de Iki, ocultando su rostro en ese cálido refugio, para luego, levantar su vista en dirección al largo camino que se llevaba hacia Partenón, dónde los doce templos bañados por el sol resplandecían y suspiró a sabiendas de lo largo del pasaje, besó la mejilla de su hermano, y le murmuró a su oído: recuerda tu promesa, cuando nazca mi niño si es mío nos sacarás de inmediato de aquí y si ocurre lo contrario, con más razón, te lo suplico Ni-san. Por su parte Hyoga no quería dar por terminada la conversación, le acortó el paso y desesperado se postró ante Iki: Shun te lo suplico, escúchame, yo no sabía, te acusé falsamente, yo te amo.
Andrómeda le indicó a Fénix que se detuviera y se volvió hacia él: Si me hubieses amado de verdad, no estuvieras pidiéndome perdón en este momento, yo soy Hades, Señor del Mundo Subterráneo y cumplo mis promesas, caballero ateniense, te he dejado el camino libre. Por más que el Cisne rogará Shun, no le volvió a recibir, dos noches más pasaron en el Santuario y por fin el momento se presentó.
Fue en la madrugada cuando Radamantis, informó a Atenea, para que se presentará, junto a sus testigos, ella mandó avisó a los templos de Virgo y Acuario, por medio del cosmos. Camus suspiró al recibir la noticia y se dirigió a la habitación de Hyoga, que apenas esa noche había logrado dormirse un poco, se acercó a su lecho, y le tocó su hombro para despertarlo: pequeño, tu hijo, está por nacer, le susurró y unos diamantes se clavaron en su rostro sin tardanza, la angustia se reflejó de inmediato en esos glaciales.
Camus, Shaka y Atenea, le acompañaron, los jueces no le permitieron acercarse, así que esperaba ansioso desde un rincón de la habitación, deseando poder estar cerca de él y ocupar el lugar que Iki tenía en este momento, era su hermano, quién le acunaba en sus brazos, en cada gemido y esfuerzo dándole ánimos, junto a una llorosa Pandora, que se asomaba por encima de esa sábana que habían colocado para que no tuviese visibilidad del nacimiento de su hijo, Shun mismo la había solicitado, no quería enterarse que era su niño, si tenía un cosmos ateniense.
El mismo se estremecía cuando las contracciones se hacían más fuertes, apenas si Fénix le podía contener en sus brazos, pues se revolcaba del dolor, en uno de esos espasmos su hijo nació su llanto llenó la habitación, Hyoga mismo no pudo contener sus lágrimas orgulloso, sollozaba e hizo un intento por acercarse, inútil ante la barrera de los espectros, que le impedían el paso y la visibilidad, solo pudo ver a Shun refugiarse en los brazos de su hermano ocultando su rostro en su pecho: “es un hijo del Inframundo” envolviéndolo se lo pasaron a su papi que lloraba de alivio y alegría, pero lo impensable sucedió, apenas si lo pudo sostener cuando un nuevo espasmos sacudió su cuerpo tan fuerte como el anterior cortándole la respiración, Iki tuvo que arrebatarle la criatura de sus brazos y Pandora sostenerlo, asustada, “es otro niño” informó Ilitía, ayudándolo a nacer, los tres hermanos se volvieron a ver sorprendidos y el terror hizo presa del alma de Andrómeda, la otra criatura nació en un gemido ahogado de su progenitor, ante los ojos anhelantes de Hades, esperó el veredicto de la diosa de los nacimientos, “es un hijo del Partenón” Shun bajó su rostro, un sollozo audible por parte de Pandora, así como un silencio general se extendió en la habitación, solo interrumpido por el llanto a unísono de los recién nacidos.
Los zafiros enfurecidos del Fénix, se clavaron en la diosa, quién soltaba los amarres sobre las piernas de su hermano, indicando que el parto había terminado, así como Iki le entregaba a su hijo, y le cubría con una sábana y le empezaba a tomar en sus brazos, sin pronunciar palabras.
Por su parte Camus, se encaminaba hacia Hyoga con un pequeño bulto en sus brazos, el cual el Cisne no quiso descubrir, sin que Shun lo hiciera antes, al acercase Pandora le dio la espalda, con su niño acunado a su pecho, volvió a suplicarle: Shun te lo suplico, perdóname, mira a tu bebé, es tuyo, yo no tengo derecho a hacerlo. Cállate, fue su grito desesperado, ocultando a su otro niño con su cuerpo. No me digas más, no me atormentes. Ni- san, suplicó al agarrarse fuertemente de su pecho, con sus manos temblando. Iki, no miró al Cisne, tanto sólo levantó en sus brazos a Shun y al bebé, envuelto en su poder se desvaneció del lugar, seguido por todo el séquito del Inframundo.
Las piernas de Hyoga flaqueaban, al momento que el pequeño envoltorio en sus brazos se removió suavemente, con su mano temblorosa retiró la sábana, y ante sus ojos una hermosa niña le observaba con unos ojos como diamantes gemelos a los suyos y piel como el marfil, de cabellos azulados como los de Iki que se agitaba llorando y emitiendo un cosmos de hielo. ¡Oh, dioses! Mi pequeña, nunca recibirá el calor de Shun, por mi culpa ni siquiera se volteo a verla, ni yo tuve la oportunidad de conocer a mi otro hijo, ni su apariencia ambos sufriremos el no disfrutar el uno del otro, ni a nuestros niños, ahora somos cuatro los que sufriremos.
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
Algunas horas más tarde, el celular del Dragón empezó a sonar, él y Shunrei quién había dado a luz un mes antes ayudaban a Hyoga con la pequeña, la esposa de Shiryu, la alimentaba, junto a su pequeño. ¿Iki? El nombre pronunciado en asombro, llamó la atención del cisne, quién se acercó a su compañero de armas que puso su móvil en altavoz:”Shiryu, solo responde si o no” ¿Es una niña, verdad? Sí. Respondió en un susurro. Pandora y yo habíamos comprado el ajuar, para el bebé tanto para niño y niña, no sabíamos que era pero no permitiríamos que nuestro sobrino naciera careciendo de todo, así que sé que tienes un varón, la ropa le servirá, ya que Izumi, no la necesitará, por cierto dile al imbécil ese, que Shun, le tenía nombre a su pequeña, había escogido dos, por cada sexo, no sé si fue por casualidad o cosas del destino, el otro nombre que deseaba era Azumi, que por lo menos le complazca en eso. Le enviamos también un pendiente, igual al de Izumi, para que lo porte y un ajuar completo para ella, lo hemos dejado en el templo de Virgo.
Iki, yo… pero el fénix le interrumpió. Cuida bien de mi sobrina, que no habrá un lugar dónde te puedas esconder si le pasa algo.
Los años pasaron, en un total de quince, en las tierras gélidas de Siberia, Hyoga contemplaba a su traviesa niña intentar destruir el muro de hielo eterno, dónde la armadura del Cisne reposaba, a su lado Jacob, le animaba, y recordó una escena hace más de 18 años cuando trataba de ganarla el también. Azumi, era alta de contextura fina, con un rostro idéntico al Shun, su cabello le encantaba usarlo corto tan azul como el de su imponente tío, ante su asombro la vio colocarse en la postura del altísimo fénix, algo que de seguro el no le había enseñado, no era de su escuela, lo que le hizo incorporarse de su postura indolente, cuando desató la furia del ave inmortal ante sus ojos, pero a diferencia de Iki, esta estaba hecho de cristales de hielo multicolor, como una ave de diamante puro, que atravesó el muro fácilmente, dejando salir la armadura del cisne de su descanso.
Jacob, brincaba de alegría, y la jovencita se abalanzó a sus brazos, besándolo, Hyoga se acercó a ellos, asiendo de la cintura a su hija la alzó sobre su cabeza, ¡Oyeme tu mi pequeñita! ¿Dónde has aprendido esa técnica? Azumi sonriendo orgullosa, se abraza a su cuello ocultando su rostro en las cascadas doradas de su padre. Me ha nacido hacer esa posición y descubrí ese hermoso cisne que sale al invocarlo, aunque es algo distinto al tuyo, le explicó con ilusión, su papá se perdió en esa expresión de su semblante, sus gestos son los de Shun.
Azumi fue su regalo de despedida, soñó con saber como era su otra hija, se parecería a Shun o a él. Y sus ojos se llenaron de lágrimas y la pequeña mano de la joven se las retiró del rostro: Ahora porque lloras papá, siempre que me miras de cerca tus ojos se carga de lágrimas, he de creer que soy muy fea, para que mi padre solloce cada vez que me ve. El cisne la abrazó más fuerte, ¿pero, qué cosas dices? Eres igual a… pero sus palabras murieron sin saber como continuar, a mi madre, completo su hija, si eso me han dicho los caballeros dorados y el abuelo Camus. Es por eso que te angustias, porque me parezco a ella. Azumi cree que es una mujer, se sonrió entre sus adentros ¡Oh, mi pequeña niña! Si supieras que tu madre, como le dices, es el dios de los muertos.
¡Oh Shun! Suspiró su nombre en voz alta. ¿Es el nombre de mi madre? Le inquirió curiosa, en realidad casi nunca hablaban de Shun, y Hyoga asintió sonriéndole, afianzándola contra su pecho se encaminó con paso firme a su cabaña. A mi me hubiera gustado conocerla a mi madre debió ser muy hermosa para que conquistará el corazón de mi apuesto padre.
Es que no tienes ni una foto de ella, insistió para obtener más información y el Cisne negó suavemente con su cabeza en el momento de la deposita suavemente en el atrio de su casa, Lo lamento, bebé se me perdieron todas las que tenía. No había terminado de decir esto cuando la presencia de un cosmos, dentro le previno, así que apoyando su mano en el hombro de su hija: Espérame aquí y se adentró en la cabaña, golpeando la puerta, y a la par del fogón se encontraba la figura alta y fornida del Dragón, a su lado su hijo Arcor. El dueño de la casa relajó su postura, y su hija se asomaba tras su hombro saludando a con una hermosa sonrisa a los visitantes. ¡Vaya viejo amigo! Que gusto en volverte a ver.
Arcor, te extrañaba tanto, expresó al salir de detrás de su padre, para acortar su distancia, tomándolo de los manos, lo encaminó a su habitación, ante la mirada de complicidad de los mayores, me has salvado la vida, Shiryu, ha querido saber de Shun, y no sabía que decirle, el Dragón tomó un trozo de leña que estaba a la par de la chimenea, después de alimentar el fuego con ella, suspiró en asentimiento. Tomando la taza que le ofrecían, se sentó a la mesa enfrente de su anfitrión, el motivo de mi visita tiene algo que ver con él, posó su mirada tranquila en la atormentada de hielo, de su interlocutor. Han convocado, a mi hijo y a tu hija a un torneo en el Olimpo, a un representante de cada campamento, en conmemoración del compromiso de Ares y Hades. Soltó sus palabras casi en un murmullo, al momento que Hyoga se incorporó bruscamente, tirando su silla, envuelto en su cosmos, con sus ojos llenos de angustia y dolor, “su compromiso” y se atreve a invitar a mi hija, a eso.
No solo ella ha sido invitada, si no los caballeros de Asgard, Poseidón además del Inframundo. No fue Shun quién organiza esto, ha sido Zeus, en honor del dios de la Guerra, terminó explicando suavemente, cuando los dos más jóvenes se apresuraron a su lado alertados por la furia del caballero de los hielos, Azumi, se interpuso entre su padre y su tío afectivo, sus diamantes rodaban de uno al otro, sin comprender lo que pasaba. ¿Papá? Las gélidas gemas de Hyoga se clavaron en ella y luego en Shiryu, para luego suspirar abatido.
Por otro lado en los Campos Eliseo, Orfeo daba un concierto con su lira a sus amos, sentados a orillas del río del Lete, Iki sostenía contra su pecho a su hermano menor quién dormitaba refugiado en esa cálida fortaleza, distraídamente mientras las notas llegaban a sus oídos, sus dedos se enredaban en esas sedosas y aromáticas hebras, la misma brisa jugaba con ellas y sus túnicas de seda dorada, sus finas piernas tan blanca como el marfil torneadas sobresaltaban sobre las suyas morenas y musculosas, su pecho baja y subía en una cadenciosa respiración. Sus ojos viajaron más allá en la joven figura que les acompañaba tendida sobre el pasto, con un pequeño cachorro en sus manos, al cual acariciaba su vientre, mientras movía su cola alegremente, e intentaba morderle la fina mano, sus cabellos largos, extendidos sobre sus espaldas en hermosas ondas azuladas, su frente engalanada de una corona de rosas blancas, entrelazadas por las mismas musas que acompañaban al magnífico Orfeo. Al cabo de un rato vuelve su rostro a su tío, sosteniendo su cabello entre sus dedos, al ser merecido por la brisa. Mañana tendré que partir para el Olimpo, para organizar ese torneo, pero la verdad tío, no me gusta la idea, susurró para no despertar a su papi, haciendo un mohín de fastidió se incorporó hasta sentarse, con su mascota en su regazo.
Iki, se movilizó suavemente hasta dejar a su hermano descansar en la manta de su picnic y no molestarlo, tomó algo de aire, para dirigirse hacia Izumi, y abrazarla. Tío el Olimpo es ruidoso, lleno de vicios. Determinó al acostarse contra su pecho, suspiró. Esto de este compromiso es una farsa horrible, enunció con desprecio, odio a mi padre que nos orilló a esto. El fénix, la acalló con sus dedos, delicadamente, tu papi no sabe que te hablé de él, así que ten cuidado, Shun está tranquilo pensando que no conoces la verdad de la situación, la joven suspiró contra su pecho, para luego sonreírse si ellos quieren que participen en ese absurdo torneo, verán de lo que es capaz la hija de Hades. No te vayas a meter en problemas, mira que después de haber lastimado a Fobos. Ares se río, y alabó mi fuerza, replicó algo irónica, pero también me gané la enemistad de su hijo, y ahora serán mis hermanos, esos cuatro dioses, siempre he sido hija única, y detestó compartir a mi papi con otros.
Y no me compartirás con nadie, la melodiosa voz de su papi, la interrumpió al despertar sonriendo, y fijando sus esmeraldas en la luz de sus ojos, en un gracioso movimiento se incorporó Izumi, era un dechado de virtudes, elegante, altiva, fuerte. Y con más de un dios olímpico detrás de su favor. La consentida de Zeus y el orgullo del dios de la Guerra. Se dejó perder en sus amorosos brazos, recostando su cabeza en su hombro, aspiró ese aroma suave, exquisito que Hades emanaba, como cuando era pequeña su corazón se acompasó a su latido calmó, dormía todas noches sobre su pecho, como su hija tenía deberes diplomáticos con los demás dioses, por tanto no le era raro que ella tuviera que partir sola, al Olimpo, o la Atlántida, generalmente lo hacía acompañaba de Radamantis, aunque el dios de la Guerra, era amable con ella, no le gustaba la idea de compartir a su familia, ni tener variaciones en la misma y mucho menos tener que soportar a sus primos.
“Papi", susurró contra su cuello: ¿En verdad amas a Ares? Solo dime eso y le seré una hija amorosa, Hades suspiró besando su cabeza, el dios de la Guerra es todo lo que he deseado para ser padre de mi hija, es leal y ha sido bondadoso y amoroso contigo, le susurró acariciando sus sedosos cabellos. Su hija le abrazó fuertemente, perdiéndose en sus finos brazos, los ojos de Hades se perdieron en los campos ensombrecidos, se prohibía pensar en su otro retoño, sería el vástago de Ares, quién supliría su lugar, e Iki se mordió su labio hasta hacerlo sangrar.
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
no es justo no es justo no es justooooo buaaaaaaaaaaaaaa
yo todavia no termino el mio apenas ta empesado snif...
jojojojo comienza la guerra linda y agarrate qu etengo orgullo fanfikero
me preparo para atacar n.n
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me preparo para atacar n.n
fliss_lete- Isaac de Kraken - Shun Shinden (Vampiro)

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Inscrito el : 09 Abr 2008
Localización : de tras de ti... siempre aun que no me veas
Capítulo 2 El reflejo de mi alma
Capítulo 2: El Reflejo de mi alma
"Mi dulce veneno, has tocado fondo en mis entrañas,
mi piel te anhela, te extraña cuando no puedo sentirte,
tu aroma embriaga mis sentidos, y aun sabiendo
que camino en la oscuridad de tu alma,
no puedo despegarme de ti." (SN)
"Mi dulce veneno, has tocado fondo en mis entrañas,
mi piel te anhela, te extraña cuando no puedo sentirte,
tu aroma embriaga mis sentidos, y aun sabiendo
que camino en la oscuridad de tu alma,
no puedo despegarme de ti." (SN)
Aún rodeada por sus brazos siente la presencia del dios de la Guerra, que es acompañado por su tía Pandora, la elegante figura de Ares, llegó a sus diamantes reflejándolo, sus largos cabellos color almendra, sus ojos celestes resplandecía contrastados por su piel morena, y su fornido cuerpo, en un paso elegante, al lado de la diosa de la primavera, le hacia parecer una niña pequeña. Al encontrarlos el dios de la Guerra se apresuró acortar su distancia con ellos, cuando estuvo frente a su prometido, se colocó a la altura de los dos inclinándose y le besó en sus labios, mientras acariciaba la mejilla lozana de Izumi.
¡He venido a pasar la noche entre tus brazos y mañana escoltaré a nuestra princesa hasta el Olimpo! Con deseo delineó sus labios y asiendo uno de sus mechones de ébano, los besó suavemente. “Las dos joyas más preciadas de toda Grecia, me pertenecerán” Poco después determinó al Fénix, quién permanecía en silencio observando la escena, “mi querido cuñado, mi padre te espera con ansias, le encanta domar tu fiero carácter” se sonrió a lo mordaz de su comentario, una frialdad cruzo los zafiros de Iki, quién mordió sus labios para no contestarle. Ares tomó lugar en la manta acunando en sus brazos al dios de los muertos, le descansa contra su pecho e hizo señas a Orfeo para que continúe con su interpretación, Pandora bajó su mirada, dolida ante la situación, el dios de la guerra se dirigió a la joven diosa reencarnación del dios del Sueño Eterno, asesinado por los caballeros atenienses, ¿Izumi, que tienes planeado para el torneo? Inquirió interesado, sin dejar de besar el cuello y hombros de Hades, con mirada retadora para sus hermanos mayores, para luego dirigirla a su entenada, que le veía sin mostrar sentimiento alguno, acostumbrada a esa realidad.
La joven diosa le sonrió dulcemente mientras jugaba con su cabello: “tengo entendido que tío Zeus, nos obligará a usar esas horribles máscaras en el rostro, por la tradición de las guerreras de Atenea, pues yo no tengo ninguna, siempre he pensado que la belleza es un arma de doble filo y que si se utiliza sabiamente, pues será una gran aliada, no lo crees así, padre” Ares se sonrió alegremente y con orgullo expresó: eres digna de ser mi hija, ya me he enterado de tu prueba para tus pretendientes, y hasta ninguno ha podido pasarla.
Vaya todos los dioses más jóvenes luchan para que los dejes entrar en tu lecho. Izumi hizo un mohín de desagrado, pues que sigan esperando turno, que no ha llegado el dios que me pueda derrotar en combate, expresó al tomar una uva de la bandeja servida para ellos y con una elegancia característica de ella llevársela a la boca, para degustarla. Hades se sonrió cargado de orgullo, ese porte al hablar se le parecía tanto, la manera despreocupada que utilizaba Hyoga, la cual completaba con un fino cinismo, el cual empleaba en su trato a los demás, ese mirar altanero, era propio de él, la cual acompañaba de una elegancia nata, que hasta el mismo Fénix, le hacía sentirse orgulloso, al momento de ponerse en pie para retirarse acompañado de Pandora, es necesario organizar todo para nuestra partida al Olimpo y la de Izumi, explicaron ambos, al momento de cruzar el portal hacia Giudecca.
Izumi les siguió con la mirada, sabía lo que significaba su retirada, por lo tanto ella se dispuso a hacer lo mismo, se acercó a Ares, posando su mano en la mejilla del dios de la guerra, le besó los labios en señal de despedida, sin embargo Ares la detuvo asiéndola de sus hombros la recostó en su pecho: Ya sabía que no tenías una máscara para luchar, pero eres nuestra campeona, así que te traigo un presente, es un antifaz, que te cubrirá la mitad de tu rostro, así cumplirás con los requisitos, evitando que te reconozcan y además no ocultarás completamente tu belleza, dejarán ver tus hechizadores ojos y tus hermosos labios. Se la colocó sobre su semblante, “simplemente la mejor de las rosas de Grecia, mi Izumi” Con cariño delineó sus labios, siempre he tenido varones, sin embargo eres mi debilidad, enorgulléceme en el campo de batalla.
Pelearé por el honor de Hades, enunció al abrazarse de su papi, besando sus amorosos labios, ocultando su rostro en su pecho, entre las caricias de sus delicadas manos, sonrió al contemplar esa mirada que solo su progenitor, le ofrecía a ella, jugó con los sedosos cabellos de color ébano. Ares admiró la perfección entre los dioses del Inframundo, Hades e Izumi: “El olímpico, que te posea será dichoso, bella diosa del Sueño Eterno, reencarnación de Hypnos”. Su hijastra asintió al incorporarse y se dirigió al Palacio.
¿Hades cuando me darás un hijo de nuestra simiente? Con la misma postura de nuestra Izumi, en quince años no me has querido brindar esa gracia. ¿Ares? Susurró al sentir su mano deslizarse por dentro de su túnica, acariciándole su pecho, Hades nunca hubo engaño, mis padres le dieron la oportunidad de retenerte a tu lado, de que tu matrimonio fuera respetado, debía tan solo confiar en ti, le murmuró a su oído seductoramente, y sus manos inquietas recorrían su cuerpo, incitándolo, no es justo que sea tu amante cuando puedo ser tu esposo, y cargándolo en sus brazos se lo llevó dentro del Palacio.
No tardaron mucho cuando estuvo, en el resguardo de la habitación, el dios de la Guerra lo depositó en el lecho que compartían desde hace quince años,, jugó con los amarres de sus ropajes, hasta desatarlos, con calma le fue desnudando a su vez besaba cada parte de su fisonomía, Hades por su parte asía fuertemente las sábanas de su cama, y su mirada se perdía en el resplandor cobrizo de las llamas de la lámpara que pendía del techo esculpido en la piedra, cuando tuvo vista completa de ese cuerpo etéreo, gimió sonoramente extasiado de la perfección que le robaba la cordura en contraste con su piel morena, el cuerpo debajo del suyo era tan blanco como la nieve misma, con sus manos comprobó la tersura del mismo, sintió que al pasar sus dedos, por ella se estremecía de placer. Probó las delicias de su cuello, en leves mordiscos y lamidas, mientras sus dedos se perdían en sus hebras de ébano. Con furia asaltó sus labios, para beber de ellos el néctar de la dulzura misma, sus dedos rozaban sus suaves tetillas, hasta hacerlas duras, bajo su tacto, cada vez que lo hacía el cuerpo bajo el suyo se revolcaba de excitación, provocándole con la fricción que su miembro estuviera más que dispuesto.
Delineó con su lengua el recorrido, hasta capturar esos botones que guardaba unos pezones erectos, los cuales tomó con su boca y dientes succionándolos y para escuchar la música más hermosa que eran los gemidos audibles de su amante, sin soltarlos guío su mano a la desatendida hombría, y sus dedos jugaron con ella, adentrando su dedo índice entre el pliegue de piel que ocultaba su punta, a la cual quería disfrutar devorando su sabor, cuando logró el prometido de hacer que saliera de su escondite, su boca siguió el recorrido hasta el ansiado falo que prometía desprender la misma ambrosia, a su opinión, pronto las atenciones del hijo de Zeus, arrancaron toda cordura de la mente de Hades, quién acariciaba su larga melena en delicadas caricias, entre gemidos y suspiros obtuvo su preciado premio.
Cubrió con delirio ese exquisito cuerpo fusionando sus bocas, en un apasionado beso, y sus manos, se abrieron paso a su miembro buscando reclamar ese cuerpo que había conquistado tantas veces, separó sus piernas ubicándose entre ellas, tomando con firmeza su cadera, le penetró de un solo movimiento en su ya acostumbrada entrada, y Hades se arqueo dándole la bienvenida a su cuerpo, hizo suyo de nuevo el precio de la libertad de los caballeros dorados, como tantas noches, el dios de los muertos contenía la furia del dios de la Guerra entre sus piernas, ese era el precio de la paz, cada estocada le partía el alma el dos, el vigor de Ares arremetía contra su cuerpo, el mismo ebrio de esa pasión mordía los hombros y el cuello expuesto del dios de la Guerra, así como sus uñas se clavaban en la piel de su musculosa espalda, sus finas piernas profundizaban las estocadas a posicionarse en la alrededor de la cintura de él, pronto el roce sobre su miembro le hizo le llegar al clímax sobre su vientre y el de Ares, y la contracción de sus músculos ayudaron a terminar al señor de las acciones bélicas, en sus entrañas.
Ares intercambio posiciones, aún con su respiración agitada, para no cargarlo con su peso, quedando Hades reposando sobre su pecho, ambos recuperaban el aliento, el señor del mundo subterráneo escuchaba perfectamente el agitado corazón retumbar como los tambores de batallas. ¡Te he extrañado! Susurro besando sus cabellos, la próxima vez que nos unamos será en mi templo, ahora descansa, no me gusta verte tan agotado, te estas consumiendo poco a poco, nos preocupas a todos, quiero que vuelva esa sonrisa de la que me enamoré. Hades solo suspiró contra su pecho entrelazando sus manos, pronto verás mi regalo de nupcias.
En el olimpo al día siguiente, la llegada de los participantes lo había vuelto un caos, todos los santuarios habían enviado sus mejores guerreros, como cien jóvenes fueron los convocados, la comitiva de Atenea, era encabezada, por los aspirantes a caballeros dorados, junto a sus instructores entre ellos venían Hyoga y Shiryu, quienes no perdían de vista a sus hijos. ¿Tú crees que le podamos ver de cerca? Sería genial que Shun conociera a Azumi, se ilusionó pensando que sería el detonante para que le perdone y ambos volvieran a él, su Izumi, que al momento no tenía un rostro en su memoria, si no que la veía reflejada en su pequeña niña. Entre el bullicio fueron separados de los más jóvenes, mientras les indicaban los lugares de residencia de cada santuario.
Llevaban varias horas de pie, en espera que fueran ubicados, así que Azumi aburrida de la espera, buscó un lugar dónde descansar, y lo halló a la sombra de unas columnas de un antiguo templo, el sol le molestaba y el calor la agotaba, su organismo se había acostumbrado al frío penetrante de Siberia, su hogar, fueron pocas las veces que su padre se presentaba al Santuario, así que se podía decir que era su primera vez tan lejos de su tierra natal, según creía ella. Bufó al ver el montón de compañeros de armas, y solo tenía contacto con Jacob y Arcor su primo, pensándolo mejor, sus únicos recuerdos eran de las tierras nórdicas. Además de unas cuantas visitas de los caballeros dorados, cansada de estar sin hacer nada se puso en pie, y alcanzó a Arcor quién conversaba con algunos de sus amigos asiéndole del brazo, lo jaló consigo “acompáñame a curiosear este lugar, es un territorio hermoso, caminaremos por los alrededores, cercano, no nos alejaremos mucho” le convenció, tras un largo suspiro por parte del mayor. “Solo espero no meternos en problemas porque me las tendré que ver con tu padre”.
Tanto Azumi como Arcor, admiraban como las ninfas y los habitantes de los bosques corrían de un lado a otro, con los preparativos, los faustosos templos, lo elegante de las avenidas entre cada uno, el hogar de los dioses, era simplemente un lugar de ensueño. Aún absortos en todo ese movimiento de criaturas fantásticas, cuando un enorme carruaje tirado por pegasos negros, descendió ante sus ojos, en el un imponente dios de cabellos almendrados, con una armadura negra, lo guiaba a su lado una joven alta de cabellos azules brillantes, con una túnica celeste con bordados de plata, que le cubría hasta la mitad del muslo, en su rostro una máscara que más bien parecía un antifaz, que le cubría las principales fisonomías de su semblante, en sus muñecas dos brazaletes de plata con incrustaciones de piedras preciosas. En ese instante todos se abalanzaron sobre los recién llegados, en la conmoción uno de los dioses tiró a Azumi, al piso, y Arcor no pudo hacer nada para ayudarla, tampoco se pudo acercar al verse separados, por decenas de ellos, y un mar de piernas le impedían ponerse en pie.
Ares sonríe al ver el tumulto que los vino a recibir además de liberar con delicadeza su agarre de la cintura de su hijastra, acariciando su cabello, le toma la barbilla para alzarle el rostro y besarla en los labios: “Bienvenida a casa, mi niña hermosa, este es el recibimiento que el Olimpo te da” para después bajarse del carruaje y tenderle la mano, para ayudarla a bajar del mismo, Izumi suspiró levemente, al posar la suya en la del mayor y descendió en un paso elegante.
¡He venido a pasar la noche entre tus brazos y mañana escoltaré a nuestra princesa hasta el Olimpo! Con deseo delineó sus labios y asiendo uno de sus mechones de ébano, los besó suavemente. “Las dos joyas más preciadas de toda Grecia, me pertenecerán” Poco después determinó al Fénix, quién permanecía en silencio observando la escena, “mi querido cuñado, mi padre te espera con ansias, le encanta domar tu fiero carácter” se sonrió a lo mordaz de su comentario, una frialdad cruzo los zafiros de Iki, quién mordió sus labios para no contestarle. Ares tomó lugar en la manta acunando en sus brazos al dios de los muertos, le descansa contra su pecho e hizo señas a Orfeo para que continúe con su interpretación, Pandora bajó su mirada, dolida ante la situación, el dios de la guerra se dirigió a la joven diosa reencarnación del dios del Sueño Eterno, asesinado por los caballeros atenienses, ¿Izumi, que tienes planeado para el torneo? Inquirió interesado, sin dejar de besar el cuello y hombros de Hades, con mirada retadora para sus hermanos mayores, para luego dirigirla a su entenada, que le veía sin mostrar sentimiento alguno, acostumbrada a esa realidad.
La joven diosa le sonrió dulcemente mientras jugaba con su cabello: “tengo entendido que tío Zeus, nos obligará a usar esas horribles máscaras en el rostro, por la tradición de las guerreras de Atenea, pues yo no tengo ninguna, siempre he pensado que la belleza es un arma de doble filo y que si se utiliza sabiamente, pues será una gran aliada, no lo crees así, padre” Ares se sonrió alegremente y con orgullo expresó: eres digna de ser mi hija, ya me he enterado de tu prueba para tus pretendientes, y hasta ninguno ha podido pasarla.
Vaya todos los dioses más jóvenes luchan para que los dejes entrar en tu lecho. Izumi hizo un mohín de desagrado, pues que sigan esperando turno, que no ha llegado el dios que me pueda derrotar en combate, expresó al tomar una uva de la bandeja servida para ellos y con una elegancia característica de ella llevársela a la boca, para degustarla. Hades se sonrió cargado de orgullo, ese porte al hablar se le parecía tanto, la manera despreocupada que utilizaba Hyoga, la cual completaba con un fino cinismo, el cual empleaba en su trato a los demás, ese mirar altanero, era propio de él, la cual acompañaba de una elegancia nata, que hasta el mismo Fénix, le hacía sentirse orgulloso, al momento de ponerse en pie para retirarse acompañado de Pandora, es necesario organizar todo para nuestra partida al Olimpo y la de Izumi, explicaron ambos, al momento de cruzar el portal hacia Giudecca.
Izumi les siguió con la mirada, sabía lo que significaba su retirada, por lo tanto ella se dispuso a hacer lo mismo, se acercó a Ares, posando su mano en la mejilla del dios de la guerra, le besó los labios en señal de despedida, sin embargo Ares la detuvo asiéndola de sus hombros la recostó en su pecho: Ya sabía que no tenías una máscara para luchar, pero eres nuestra campeona, así que te traigo un presente, es un antifaz, que te cubrirá la mitad de tu rostro, así cumplirás con los requisitos, evitando que te reconozcan y además no ocultarás completamente tu belleza, dejarán ver tus hechizadores ojos y tus hermosos labios. Se la colocó sobre su semblante, “simplemente la mejor de las rosas de Grecia, mi Izumi” Con cariño delineó sus labios, siempre he tenido varones, sin embargo eres mi debilidad, enorgulléceme en el campo de batalla.
Pelearé por el honor de Hades, enunció al abrazarse de su papi, besando sus amorosos labios, ocultando su rostro en su pecho, entre las caricias de sus delicadas manos, sonrió al contemplar esa mirada que solo su progenitor, le ofrecía a ella, jugó con los sedosos cabellos de color ébano. Ares admiró la perfección entre los dioses del Inframundo, Hades e Izumi: “El olímpico, que te posea será dichoso, bella diosa del Sueño Eterno, reencarnación de Hypnos”. Su hijastra asintió al incorporarse y se dirigió al Palacio.
¿Hades cuando me darás un hijo de nuestra simiente? Con la misma postura de nuestra Izumi, en quince años no me has querido brindar esa gracia. ¿Ares? Susurró al sentir su mano deslizarse por dentro de su túnica, acariciándole su pecho, Hades nunca hubo engaño, mis padres le dieron la oportunidad de retenerte a tu lado, de que tu matrimonio fuera respetado, debía tan solo confiar en ti, le murmuró a su oído seductoramente, y sus manos inquietas recorrían su cuerpo, incitándolo, no es justo que sea tu amante cuando puedo ser tu esposo, y cargándolo en sus brazos se lo llevó dentro del Palacio.
No tardaron mucho cuando estuvo, en el resguardo de la habitación, el dios de la Guerra lo depositó en el lecho que compartían desde hace quince años,, jugó con los amarres de sus ropajes, hasta desatarlos, con calma le fue desnudando a su vez besaba cada parte de su fisonomía, Hades por su parte asía fuertemente las sábanas de su cama, y su mirada se perdía en el resplandor cobrizo de las llamas de la lámpara que pendía del techo esculpido en la piedra, cuando tuvo vista completa de ese cuerpo etéreo, gimió sonoramente extasiado de la perfección que le robaba la cordura en contraste con su piel morena, el cuerpo debajo del suyo era tan blanco como la nieve misma, con sus manos comprobó la tersura del mismo, sintió que al pasar sus dedos, por ella se estremecía de placer. Probó las delicias de su cuello, en leves mordiscos y lamidas, mientras sus dedos se perdían en sus hebras de ébano. Con furia asaltó sus labios, para beber de ellos el néctar de la dulzura misma, sus dedos rozaban sus suaves tetillas, hasta hacerlas duras, bajo su tacto, cada vez que lo hacía el cuerpo bajo el suyo se revolcaba de excitación, provocándole con la fricción que su miembro estuviera más que dispuesto.
Delineó con su lengua el recorrido, hasta capturar esos botones que guardaba unos pezones erectos, los cuales tomó con su boca y dientes succionándolos y para escuchar la música más hermosa que eran los gemidos audibles de su amante, sin soltarlos guío su mano a la desatendida hombría, y sus dedos jugaron con ella, adentrando su dedo índice entre el pliegue de piel que ocultaba su punta, a la cual quería disfrutar devorando su sabor, cuando logró el prometido de hacer que saliera de su escondite, su boca siguió el recorrido hasta el ansiado falo que prometía desprender la misma ambrosia, a su opinión, pronto las atenciones del hijo de Zeus, arrancaron toda cordura de la mente de Hades, quién acariciaba su larga melena en delicadas caricias, entre gemidos y suspiros obtuvo su preciado premio.
Cubrió con delirio ese exquisito cuerpo fusionando sus bocas, en un apasionado beso, y sus manos, se abrieron paso a su miembro buscando reclamar ese cuerpo que había conquistado tantas veces, separó sus piernas ubicándose entre ellas, tomando con firmeza su cadera, le penetró de un solo movimiento en su ya acostumbrada entrada, y Hades se arqueo dándole la bienvenida a su cuerpo, hizo suyo de nuevo el precio de la libertad de los caballeros dorados, como tantas noches, el dios de los muertos contenía la furia del dios de la Guerra entre sus piernas, ese era el precio de la paz, cada estocada le partía el alma el dos, el vigor de Ares arremetía contra su cuerpo, el mismo ebrio de esa pasión mordía los hombros y el cuello expuesto del dios de la Guerra, así como sus uñas se clavaban en la piel de su musculosa espalda, sus finas piernas profundizaban las estocadas a posicionarse en la alrededor de la cintura de él, pronto el roce sobre su miembro le hizo le llegar al clímax sobre su vientre y el de Ares, y la contracción de sus músculos ayudaron a terminar al señor de las acciones bélicas, en sus entrañas.
Ares intercambio posiciones, aún con su respiración agitada, para no cargarlo con su peso, quedando Hades reposando sobre su pecho, ambos recuperaban el aliento, el señor del mundo subterráneo escuchaba perfectamente el agitado corazón retumbar como los tambores de batallas. ¡Te he extrañado! Susurro besando sus cabellos, la próxima vez que nos unamos será en mi templo, ahora descansa, no me gusta verte tan agotado, te estas consumiendo poco a poco, nos preocupas a todos, quiero que vuelva esa sonrisa de la que me enamoré. Hades solo suspiró contra su pecho entrelazando sus manos, pronto verás mi regalo de nupcias.
En el olimpo al día siguiente, la llegada de los participantes lo había vuelto un caos, todos los santuarios habían enviado sus mejores guerreros, como cien jóvenes fueron los convocados, la comitiva de Atenea, era encabezada, por los aspirantes a caballeros dorados, junto a sus instructores entre ellos venían Hyoga y Shiryu, quienes no perdían de vista a sus hijos. ¿Tú crees que le podamos ver de cerca? Sería genial que Shun conociera a Azumi, se ilusionó pensando que sería el detonante para que le perdone y ambos volvieran a él, su Izumi, que al momento no tenía un rostro en su memoria, si no que la veía reflejada en su pequeña niña. Entre el bullicio fueron separados de los más jóvenes, mientras les indicaban los lugares de residencia de cada santuario.
Llevaban varias horas de pie, en espera que fueran ubicados, así que Azumi aburrida de la espera, buscó un lugar dónde descansar, y lo halló a la sombra de unas columnas de un antiguo templo, el sol le molestaba y el calor la agotaba, su organismo se había acostumbrado al frío penetrante de Siberia, su hogar, fueron pocas las veces que su padre se presentaba al Santuario, así que se podía decir que era su primera vez tan lejos de su tierra natal, según creía ella. Bufó al ver el montón de compañeros de armas, y solo tenía contacto con Jacob y Arcor su primo, pensándolo mejor, sus únicos recuerdos eran de las tierras nórdicas. Además de unas cuantas visitas de los caballeros dorados, cansada de estar sin hacer nada se puso en pie, y alcanzó a Arcor quién conversaba con algunos de sus amigos asiéndole del brazo, lo jaló consigo “acompáñame a curiosear este lugar, es un territorio hermoso, caminaremos por los alrededores, cercano, no nos alejaremos mucho” le convenció, tras un largo suspiro por parte del mayor. “Solo espero no meternos en problemas porque me las tendré que ver con tu padre”.
Tanto Azumi como Arcor, admiraban como las ninfas y los habitantes de los bosques corrían de un lado a otro, con los preparativos, los faustosos templos, lo elegante de las avenidas entre cada uno, el hogar de los dioses, era simplemente un lugar de ensueño. Aún absortos en todo ese movimiento de criaturas fantásticas, cuando un enorme carruaje tirado por pegasos negros, descendió ante sus ojos, en el un imponente dios de cabellos almendrados, con una armadura negra, lo guiaba a su lado una joven alta de cabellos azules brillantes, con una túnica celeste con bordados de plata, que le cubría hasta la mitad del muslo, en su rostro una máscara que más bien parecía un antifaz, que le cubría las principales fisonomías de su semblante, en sus muñecas dos brazaletes de plata con incrustaciones de piedras preciosas. En ese instante todos se abalanzaron sobre los recién llegados, en la conmoción uno de los dioses tiró a Azumi, al piso, y Arcor no pudo hacer nada para ayudarla, tampoco se pudo acercar al verse separados, por decenas de ellos, y un mar de piernas le impedían ponerse en pie.
Ares sonríe al ver el tumulto que los vino a recibir además de liberar con delicadeza su agarre de la cintura de su hijastra, acariciando su cabello, le toma la barbilla para alzarle el rostro y besarla en los labios: “Bienvenida a casa, mi niña hermosa, este es el recibimiento que el Olimpo te da” para después bajarse del carruaje y tenderle la mano, para ayudarla a bajar del mismo, Izumi suspiró levemente, al posar la suya en la del mayor y descendió en un paso elegante.
Última edición por goddesniquel el Lun Jun 02, 2008 11:51 pm, editado 4 veces
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
La gritería dio inició “Izumi, déjame pelear contigo, quiero pasar tu prueba” varias voces de dioses de diferentes edades, ensordecían a Azumi, que trataba de no ser aplastada, por los brincos que ellos daban para poder tener mejor vista de la joven que llegó. Arcor trataba inútilmente de llegar dónde ella, mientras esto sucedía, uno de los dioses se abrió paso entre la multitud y trató de abrazar a la guerrera, que había causado el alboroto, y ella le eludió un gracioso movimiento. “Fobos, eres un bruto, como vas a creer me fijaría en ti, menos cuando lo caballero, te quedó en los pies, le expresó en una suave y refinada voz, y con un giro suave de su mano, ordenó que se le diera paso, encaminándose entre la multitud, hacia dónde había notado el cosmos que trataba de encenderse en defensa.
Vaya bullicio han ocasionado, no merecen que les dé la oportunidad de luchar por mí. Terminó sonriendo a su vez le tendía la mano, a la jovencita tirada en el suelo, sin dejar de notar que dos caballeros de Atenea se acercaban rápidamente a causa de la conmoción de ese momento por sus cosmos se veía a leguas su nerviosismo ante la situación, de seguro venían a auxiliar a los dos jóvenes. “No tengas miedo, no te lastimaré” Azumi, asió su mano y la guerrera le incorporó “¿Estás herida?” Al sacudirse su túnica negó suavemente con su cabeza, la mano de la diosa se movilizó hacia su máscara, comprobando su textura “debes ser del campamento de Atenas, lo sé por tu mascarilla”, le sonrió dulcemente, “así que es por ustedes que yo tengo que usar este artefacto, debe ser incomodo, le comentó. Y estudió la actitud de los caballeros oficiales frente a ella.
Fobos discúlpate con la niña, le ordenó. Volviéndose al hijo de Ares. “No lo haré, hasta que me permitas entrar en tu lecho, Izumi." Al oír el nombre de la joven que les daba la espalda Hyoga y Shiryu se paralizaron y los diamantes del Cisne, estudiaron su figura con detenimiento, y poco a poco las palabras emitidas por el dios del temor, llegaron a su cerebro, tembló de rabia, deseó congelarlo allí mismo, el caballero femenino ateniense se llevó la mano a su pecho asustada ante tales vocablos dirigidos a una diosa y que no parecía ser mayor que ella.
“¡No me hagas reír, Fobos!" Al momento que detenía con su mano, a los caballeros atenienses que parecían iban a atacar a su hermanastro: “No se preocupen por éste, ni en sus mejores sueños, le acunaré entre mis piernas” Ahora sí el poder del Cisne se desplegó con todo su esplendor, llamando la atención de Ares, quién se acercó a ellos: Caballeros divinos me honran que quieran proteger a mi hija, pero yo le enseñado a defenderse todo este tiempo” con angustia, clavó sus ojos en el dios de la Guerra que lo retaba a decir su verdadera personalidad, el Dragón le retuvo de su brazo brindándole apoyo, trató de hablar, pero la impotencia le ganó cuando Fobos asió el rostro de su hija mayor lo atrajo a sus labios, besándole la boca: Dormirás esta noche en mi lecho, Izumi, la diosa lo apartó con delicadeza, y con saña le respondió acariciando su rostro: Lo lamento, hermano, esta noche la pasaré en brazos de Adonis en el templo de Afrodita.
El cuerpo de Hyoga se estremeció ante la mirada sonriente de Ares, las lágrimas casi no las podía detener, con manos temblorosas asió los hombros de Azumi, que atónita escuchaba la conversación entre los dioses, atrayéndola hacia sí, si esto era una pesadilla quería que le despertarán de inmediato: “esa era su pequeña Izumi, no podía creer que Iki y Shun permitieran tal comportamiento”. Al fin, se volvió hacia ellos, alertada por la perturbación de sus cosmos, el giro elegante, le hizo mecerse sus cabellos ante el viento, los diamantes de Hyoga, tuvieron visión esa etérea hermosura, a pesar de su antifaz, esas gemas gélidas sin sentimientos, ocultas y enmarcadas en largas pestañas y sus labios como dos cerezas sonrojadas se movilizaron en frías palabras: Será mejor que se vayan al templo de Atenea, estos son los dominios de Ares y Afrodita, nos veremos en combate, en el torneo caballeros, pues en verdad no sabía como referirse a ellos. Mi nombre es Izumi, diosa del Sueño Eterno, haciendo una reverencia en saludo, a la cual el Dragón contestó con solemnidad, Soy Shiryu de Libra, Caballero divino del Dragón e iba a presentar a Hyoga, pero su amigo, ya había partido llevándose a Azumi con él, sin embargo no pudo pronunciar palabra alguna al momento que ella se quitó su máscara enseñando su rostro.
Arcor, se quedó estático con su mirada clavada en su padre, eran idénticas, ante la graciosa expresión que adoptó el caballero ateniense Izumi se sonrió y con delicadeza le tomó de la barbilla cerrando su boca.: Lo lamento siempre causo esa impresión, creo que mi tío tenía razón a que usará esta máscara, así podré disfrutar más de la pelea.
Hija, le llamó Ares al tomarla de la mano con expresión triunfal, Adonis te espera, ella asintió y le siguió: ¿Azumi? Susurró el joven caballero ateniense, la mano de su padre se posó en su hombro: no es Izumi, su hermana mayor. Ninguna de las dos sabe de la existencia de la otra, así que guarda silencio y su madre por así decirlo es el dios de los muertos, le explicó.
Después de verla caminar al lado del dios de la guerra, con paso altivo, optaron que lo mejor era retirarse del lugar, Shiryu la admiró unos momentos más tenía ese carisma amable de Shun, pero no era nada parecía a Azumi, entendió perfectamente los sentimientos de su amigo, su hija estaba frente a él, la trataron de forma inadecuada, ante el asombro de su otra niña, pero no podía defenderla como su padre, sin dañarlas a las dos, era una situación realmente horrorosa.
Se apresuraron a darle alcance al Cisne que prácticamente arrastraba a su hija, la joven no salía de su asombro, ante la conducta de su padre, tan solo atinaba a seguirle en silencio: ¿Papá? Le inquirió suavemente, al escuchar su llamado, se detiene aspiró todo el aire posible para volverse y abrazarla contra su pecho: Azumi ten más cuidado, el Olimpo no es como el Partenón o Siberia, viste como trataron a esa joven que te ayudó, ellos no respetaran, si eres o no de otro Santuario, no vuelvas a separarte del grupo, lo mismo va para ti Arcor, ambos jóvenes bajaron sus rostros, escuchando el regaño, aunque no fue con la intensidad que esperaban la voz de Hyoga sonaba entrecortada y lastimera.
Arcor y Azumi, vuelvan con los demás caballeros y esperemos allí, necesito hablar con Hyoga expresó un calmado Shiryu, los dos permanecieron en silencio en el momento que los dos jóvenes se retiraron, y fue el momento en que el caballero de los hielos eternos se derrumbó de rodillas en el suelo, sus lágrimas brotaron desconsoladamente: ¡Maldición! Mi bebé, ella es mi hija, malditos desgraciados, deseaba arrancarles esos ojos llenos de lujuria y… Shiryu, es una niña, todavía. Hyoga, ¡Cálmate! Le trató acallar, el Dragón. Cuando un destello dorado, les deslumbró alertándolos, ante sus ojos la diosa Atenea se hizo visible: ¡Hyoga, Shiryu, acompáñenme, por favor! Envolviéndolos con su poder los hizo desvanecerse con ella.
Atenea los llevó hasta el interior de su templo, en específico a su habitación, dónde otro dios los esperaba: son ellos Eros, le indicó al dios del amor, y él que estaba sentado al lado de una fuente en el jardín interior del templo, alzó su rostro hacia ellos, estudiándolos, para luego asentir: ¿Hyoga, no es así? La suave voz, llegó a su oídos, y el dios se le acercó de improviso, acortando la distancia sin que ellos se dieran cuenta. Te advierto, que ya no es tu hija, es la de mi padre, Ares, el dios de la Guerra la ha tomado bajo su protección, yo te di la oportunidad de evitarle a Hades el deshonor de ser esclavo de los dioses, a precio de la liberación de los caballeros dorados, le expresó mirándolo fijamente a los ojos: mi querida criatura, la lengua es un arma de lo más poderosa, con la tuya que es muy dada a dar comentarios sin saber le condenaste, sin remedio.
No te atrevas a decirle a Izumi, tu verdadera personalidad, es un trato entre dioses, Hades ha respetado su distancia con Azumi, aunque eso, lo ha consumido por dentro, mi papá ama al dios de los muertos y éste momento al tomarlo como esposo, rompe con su esclavitud, el Hades que verás mañana no es el mismo, ni tampoco el Fénix, ya no es el orgulloso guerrero que conocían, él ha sufrido al lado de su hermano su esclavitud, y ha respetado a Ares, por evitarle a su adorado Shun más humillaciones. Ahora favorezco a mi padre que ha comprado con cariño y pasión, el que yo le conceda el corazón de Hades.
Te dejaré ver a Izumi, como una última concesión de mi parte, por que se aloja en mi templo, bajo el cuidado de mi madre. Pero deberás prometerme nunca revelar tu verdadera personalidad, más que todo por Azumi, que por ti. Ahora vuelve a tus deberes, en la medianoche búscame aquí.
La hora acordada llegó, como había prometido Eros, se encontraba allí, espero a que Azumi, se durmiera y se la encargó a Shiryu, esperaba pacientemente, a que el dios del amor, se hiciera presente. Como en una niebla su cuerpo apareció enfrente de ellos, es la hora, recuerda tu promesa. De la misma manera desparecieron, y se materializaron en un salón elegantemente adornado, bañado por gigantes antorchas, en una enorme cama de cubierta por un toldo de seda blanco, allí dormía plácidamente su hija, entre aromáticos sándalos y mirra, su corazón latía fuertemente, en su pecho, y golpeaba sus oídos el torrente desbocado de su sangre. Se acercó al lado de Atenea, quién le tomaba de la mano para darle valor.
Eros se acercó al lecho, corriendo los velos del mismo se sentó en la cama, corrió algunos de sus mechones de su frente, y con cariño, le llamó casi en un susurro: Izumi, acariciando su rostro, la joven empezó a reaccionar la oyó susurrar: ¿Eros? Ya es hora de mi entrenamiento tan pronto, llegó la hora. No mi princesa, le aclaró el mayor, es que tienes visitas. Se incorporó y se asomó por encima del hombro de su hermanastro, entrecerrando sus ojos vio a las dos figuras envueltas en la oscuridad en un revés de su mano, encendió las luces de su alcoba, muy de lo contrario, que pensará Hyoga, en su cama lo único que había era un cachorro de pastor alemán, que se despertó al igual que ella, y le empezaba a lamer su rostro, alegremente, causándole una hermosa sonrisa, que le cortó la respiración a su padre, era una de sus sonrisas, era verlo como hace quince años, su Shun.
¡Oh, vamos Adonis, quédate quieto! Le regaño entre risas, al tomarlo en sus manos y depositarlo en su lecho de nuevo, y suavemente se deslizó de su lecho, sus finos pies se posaron descalzos en el frío mármol ¿Atenea? ¿Y eso que vengas acompañada? Con paso ligero y elegante se acercó a ella y le besó la mejilla. Izumi, hace tiempo que no te veía, ella se sonrió, vamos déjate de formalismos, vienes a que te cuente como está mi papi, que tu conciencia no te permite vivir en paz. No tienes que venirme a llorar que estás arrepentida. Mi papi se encuentra bien y no gracias a ti.
Dirigió su mirada de hielo, hacia el acompañante de Palas. ¿Tú eres uno de los caballeros de la tarde? Si, su voz salió casi en un susurro, entonces fuiste uno de los peleó al lado mi papi, en el Inframundo y mató a mi antecesor, el cisne asintió, entonces le debes conocer a él también, a Hyoga. ¿Todavía vive? No es así, con su mirada fija en sus retinas, las piernas del mayor temblaron ante su intensa frialdad. Dile que nunca intente buscarme, por que estaré contenta de aplicar mis poderes en él.
Hyoga la vio dolido, no pudo hablar para contestarle, ella le sonrió: pero no debes poner esa cara, permíteme recomendarte algo, la jovencita que ayudé esta mañana es algo tuyo ¿Verdad? Caminó hasta Eros que la admiraba bajo la luz de las llamas, en silencio, y él la recibió en sus brazos acunándola en su pecho, no esta preparada para la competición, si participa lo más seguro es que muera. Al menos yo no tendré piedad de ella en el campo de batalla. Les soltó suavemente.
Por primera vez, Hyoga no aguantó más el callar, tomando valor, le inquiere con decisión:¿Princesa, que sabes del Caballero del Cisne? Sin apartarse de los brazos del dios del amor, sus diamantes, le vio pidiendo su permiso para hablar y Eros besó su frente con amor, instándola a seguir: “lo que mi tío me expresó: El es mi padre biológico, el causante de que mi papi se consuma de dolor, por ello se ha ganado todo mi odio. Por cada día, que su vida se apaga, mi única gran alegría, mi repudio se acrecienta. Cuando veo a mi tío sumido en la desesperación y mi mundo derrumbarse ante mis ojos, deseo tenerle al frente, para que pague su pecado con mi dolor y odio. La furia reflejada en esos diamantes, le congeló el corazón a Hyoga.
Vaya bullicio han ocasionado, no merecen que les dé la oportunidad de luchar por mí. Terminó sonriendo a su vez le tendía la mano, a la jovencita tirada en el suelo, sin dejar de notar que dos caballeros de Atenea se acercaban rápidamente a causa de la conmoción de ese momento por sus cosmos se veía a leguas su nerviosismo ante la situación, de seguro venían a auxiliar a los dos jóvenes. “No tengas miedo, no te lastimaré” Azumi, asió su mano y la guerrera le incorporó “¿Estás herida?” Al sacudirse su túnica negó suavemente con su cabeza, la mano de la diosa se movilizó hacia su máscara, comprobando su textura “debes ser del campamento de Atenas, lo sé por tu mascarilla”, le sonrió dulcemente, “así que es por ustedes que yo tengo que usar este artefacto, debe ser incomodo, le comentó. Y estudió la actitud de los caballeros oficiales frente a ella.
Fobos discúlpate con la niña, le ordenó. Volviéndose al hijo de Ares. “No lo haré, hasta que me permitas entrar en tu lecho, Izumi." Al oír el nombre de la joven que les daba la espalda Hyoga y Shiryu se paralizaron y los diamantes del Cisne, estudiaron su figura con detenimiento, y poco a poco las palabras emitidas por el dios del temor, llegaron a su cerebro, tembló de rabia, deseó congelarlo allí mismo, el caballero femenino ateniense se llevó la mano a su pecho asustada ante tales vocablos dirigidos a una diosa y que no parecía ser mayor que ella.
“¡No me hagas reír, Fobos!" Al momento que detenía con su mano, a los caballeros atenienses que parecían iban a atacar a su hermanastro: “No se preocupen por éste, ni en sus mejores sueños, le acunaré entre mis piernas” Ahora sí el poder del Cisne se desplegó con todo su esplendor, llamando la atención de Ares, quién se acercó a ellos: Caballeros divinos me honran que quieran proteger a mi hija, pero yo le enseñado a defenderse todo este tiempo” con angustia, clavó sus ojos en el dios de la Guerra que lo retaba a decir su verdadera personalidad, el Dragón le retuvo de su brazo brindándole apoyo, trató de hablar, pero la impotencia le ganó cuando Fobos asió el rostro de su hija mayor lo atrajo a sus labios, besándole la boca: Dormirás esta noche en mi lecho, Izumi, la diosa lo apartó con delicadeza, y con saña le respondió acariciando su rostro: Lo lamento, hermano, esta noche la pasaré en brazos de Adonis en el templo de Afrodita.
El cuerpo de Hyoga se estremeció ante la mirada sonriente de Ares, las lágrimas casi no las podía detener, con manos temblorosas asió los hombros de Azumi, que atónita escuchaba la conversación entre los dioses, atrayéndola hacia sí, si esto era una pesadilla quería que le despertarán de inmediato: “esa era su pequeña Izumi, no podía creer que Iki y Shun permitieran tal comportamiento”. Al fin, se volvió hacia ellos, alertada por la perturbación de sus cosmos, el giro elegante, le hizo mecerse sus cabellos ante el viento, los diamantes de Hyoga, tuvieron visión esa etérea hermosura, a pesar de su antifaz, esas gemas gélidas sin sentimientos, ocultas y enmarcadas en largas pestañas y sus labios como dos cerezas sonrojadas se movilizaron en frías palabras: Será mejor que se vayan al templo de Atenea, estos son los dominios de Ares y Afrodita, nos veremos en combate, en el torneo caballeros, pues en verdad no sabía como referirse a ellos. Mi nombre es Izumi, diosa del Sueño Eterno, haciendo una reverencia en saludo, a la cual el Dragón contestó con solemnidad, Soy Shiryu de Libra, Caballero divino del Dragón e iba a presentar a Hyoga, pero su amigo, ya había partido llevándose a Azumi con él, sin embargo no pudo pronunciar palabra alguna al momento que ella se quitó su máscara enseñando su rostro.
Arcor, se quedó estático con su mirada clavada en su padre, eran idénticas, ante la graciosa expresión que adoptó el caballero ateniense Izumi se sonrió y con delicadeza le tomó de la barbilla cerrando su boca.: Lo lamento siempre causo esa impresión, creo que mi tío tenía razón a que usará esta máscara, así podré disfrutar más de la pelea.
Hija, le llamó Ares al tomarla de la mano con expresión triunfal, Adonis te espera, ella asintió y le siguió: ¿Azumi? Susurró el joven caballero ateniense, la mano de su padre se posó en su hombro: no es Izumi, su hermana mayor. Ninguna de las dos sabe de la existencia de la otra, así que guarda silencio y su madre por así decirlo es el dios de los muertos, le explicó.
Después de verla caminar al lado del dios de la guerra, con paso altivo, optaron que lo mejor era retirarse del lugar, Shiryu la admiró unos momentos más tenía ese carisma amable de Shun, pero no era nada parecía a Azumi, entendió perfectamente los sentimientos de su amigo, su hija estaba frente a él, la trataron de forma inadecuada, ante el asombro de su otra niña, pero no podía defenderla como su padre, sin dañarlas a las dos, era una situación realmente horrorosa.
Se apresuraron a darle alcance al Cisne que prácticamente arrastraba a su hija, la joven no salía de su asombro, ante la conducta de su padre, tan solo atinaba a seguirle en silencio: ¿Papá? Le inquirió suavemente, al escuchar su llamado, se detiene aspiró todo el aire posible para volverse y abrazarla contra su pecho: Azumi ten más cuidado, el Olimpo no es como el Partenón o Siberia, viste como trataron a esa joven que te ayudó, ellos no respetaran, si eres o no de otro Santuario, no vuelvas a separarte del grupo, lo mismo va para ti Arcor, ambos jóvenes bajaron sus rostros, escuchando el regaño, aunque no fue con la intensidad que esperaban la voz de Hyoga sonaba entrecortada y lastimera.
Arcor y Azumi, vuelvan con los demás caballeros y esperemos allí, necesito hablar con Hyoga expresó un calmado Shiryu, los dos permanecieron en silencio en el momento que los dos jóvenes se retiraron, y fue el momento en que el caballero de los hielos eternos se derrumbó de rodillas en el suelo, sus lágrimas brotaron desconsoladamente: ¡Maldición! Mi bebé, ella es mi hija, malditos desgraciados, deseaba arrancarles esos ojos llenos de lujuria y… Shiryu, es una niña, todavía. Hyoga, ¡Cálmate! Le trató acallar, el Dragón. Cuando un destello dorado, les deslumbró alertándolos, ante sus ojos la diosa Atenea se hizo visible: ¡Hyoga, Shiryu, acompáñenme, por favor! Envolviéndolos con su poder los hizo desvanecerse con ella.
Atenea los llevó hasta el interior de su templo, en específico a su habitación, dónde otro dios los esperaba: son ellos Eros, le indicó al dios del amor, y él que estaba sentado al lado de una fuente en el jardín interior del templo, alzó su rostro hacia ellos, estudiándolos, para luego asentir: ¿Hyoga, no es así? La suave voz, llegó a su oídos, y el dios se le acercó de improviso, acortando la distancia sin que ellos se dieran cuenta. Te advierto, que ya no es tu hija, es la de mi padre, Ares, el dios de la Guerra la ha tomado bajo su protección, yo te di la oportunidad de evitarle a Hades el deshonor de ser esclavo de los dioses, a precio de la liberación de los caballeros dorados, le expresó mirándolo fijamente a los ojos: mi querida criatura, la lengua es un arma de lo más poderosa, con la tuya que es muy dada a dar comentarios sin saber le condenaste, sin remedio.
No te atrevas a decirle a Izumi, tu verdadera personalidad, es un trato entre dioses, Hades ha respetado su distancia con Azumi, aunque eso, lo ha consumido por dentro, mi papá ama al dios de los muertos y éste momento al tomarlo como esposo, rompe con su esclavitud, el Hades que verás mañana no es el mismo, ni tampoco el Fénix, ya no es el orgulloso guerrero que conocían, él ha sufrido al lado de su hermano su esclavitud, y ha respetado a Ares, por evitarle a su adorado Shun más humillaciones. Ahora favorezco a mi padre que ha comprado con cariño y pasión, el que yo le conceda el corazón de Hades.
Te dejaré ver a Izumi, como una última concesión de mi parte, por que se aloja en mi templo, bajo el cuidado de mi madre. Pero deberás prometerme nunca revelar tu verdadera personalidad, más que todo por Azumi, que por ti. Ahora vuelve a tus deberes, en la medianoche búscame aquí.
La hora acordada llegó, como había prometido Eros, se encontraba allí, espero a que Azumi, se durmiera y se la encargó a Shiryu, esperaba pacientemente, a que el dios del amor, se hiciera presente. Como en una niebla su cuerpo apareció enfrente de ellos, es la hora, recuerda tu promesa. De la misma manera desparecieron, y se materializaron en un salón elegantemente adornado, bañado por gigantes antorchas, en una enorme cama de cubierta por un toldo de seda blanco, allí dormía plácidamente su hija, entre aromáticos sándalos y mirra, su corazón latía fuertemente, en su pecho, y golpeaba sus oídos el torrente desbocado de su sangre. Se acercó al lado de Atenea, quién le tomaba de la mano para darle valor.
Eros se acercó al lecho, corriendo los velos del mismo se sentó en la cama, corrió algunos de sus mechones de su frente, y con cariño, le llamó casi en un susurro: Izumi, acariciando su rostro, la joven empezó a reaccionar la oyó susurrar: ¿Eros? Ya es hora de mi entrenamiento tan pronto, llegó la hora. No mi princesa, le aclaró el mayor, es que tienes visitas. Se incorporó y se asomó por encima del hombro de su hermanastro, entrecerrando sus ojos vio a las dos figuras envueltas en la oscuridad en un revés de su mano, encendió las luces de su alcoba, muy de lo contrario, que pensará Hyoga, en su cama lo único que había era un cachorro de pastor alemán, que se despertó al igual que ella, y le empezaba a lamer su rostro, alegremente, causándole una hermosa sonrisa, que le cortó la respiración a su padre, era una de sus sonrisas, era verlo como hace quince años, su Shun.
¡Oh, vamos Adonis, quédate quieto! Le regaño entre risas, al tomarlo en sus manos y depositarlo en su lecho de nuevo, y suavemente se deslizó de su lecho, sus finos pies se posaron descalzos en el frío mármol ¿Atenea? ¿Y eso que vengas acompañada? Con paso ligero y elegante se acercó a ella y le besó la mejilla. Izumi, hace tiempo que no te veía, ella se sonrió, vamos déjate de formalismos, vienes a que te cuente como está mi papi, que tu conciencia no te permite vivir en paz. No tienes que venirme a llorar que estás arrepentida. Mi papi se encuentra bien y no gracias a ti.
Dirigió su mirada de hielo, hacia el acompañante de Palas. ¿Tú eres uno de los caballeros de la tarde? Si, su voz salió casi en un susurro, entonces fuiste uno de los peleó al lado mi papi, en el Inframundo y mató a mi antecesor, el cisne asintió, entonces le debes conocer a él también, a Hyoga. ¿Todavía vive? No es así, con su mirada fija en sus retinas, las piernas del mayor temblaron ante su intensa frialdad. Dile que nunca intente buscarme, por que estaré contenta de aplicar mis poderes en él.
Hyoga la vio dolido, no pudo hablar para contestarle, ella le sonrió: pero no debes poner esa cara, permíteme recomendarte algo, la jovencita que ayudé esta mañana es algo tuyo ¿Verdad? Caminó hasta Eros que la admiraba bajo la luz de las llamas, en silencio, y él la recibió en sus brazos acunándola en su pecho, no esta preparada para la competición, si participa lo más seguro es que muera. Al menos yo no tendré piedad de ella en el campo de batalla. Les soltó suavemente.
Por primera vez, Hyoga no aguantó más el callar, tomando valor, le inquiere con decisión:¿Princesa, que sabes del Caballero del Cisne? Sin apartarse de los brazos del dios del amor, sus diamantes, le vio pidiendo su permiso para hablar y Eros besó su frente con amor, instándola a seguir: “lo que mi tío me expresó: El es mi padre biológico, el causante de que mi papi se consuma de dolor, por ello se ha ganado todo mi odio. Por cada día, que su vida se apaga, mi única gran alegría, mi repudio se acrecienta. Cuando veo a mi tío sumido en la desesperación y mi mundo derrumbarse ante mis ojos, deseo tenerle al frente, para que pague su pecado con mi dolor y odio. La furia reflejada en esos diamantes, le congeló el corazón a Hyoga.
Última edición por goddesniquel el Lun Jun 02, 2008 11:53 pm, editado 1 vez
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
¿Izumi? Fue el susurro desesperado de su progenitor y la mano de Atenea se posó en su hombro deteniéndolo de decir cualquier cosa comprometedora. Mi querida niña, interrumpió la diosa de la guerra debemos retirarnos, espero poderte ver mañana. Ella asintió resguardada en el cálido abrazo del dios del amor. La diosa de la sabiduría en compañía de su guerrero, se desvaneció su presencia como una suave brisa.
El dios del amor, suspiró al apretar su abrazo sobre la joven diosa del sueño eterno, y ella alzó su rostro cubierto de lágrimas buscando los labios de Eros, fusionándolos en un desesperado beso, y él la tomó en sus brazos, cargándola a su lecho, dónde ambos se dispusieron a descansar.
En el Inframundo, tras un descanso merecido después de haber escoltado a Izumi hasta el templo de Afrodita al lado de Eros, se dirigió a su segundo hogar en el Reino de los muertos, Ares, el dios de la Guerra, despertaba, envuelto en los frágiles brazos de su más amado tesoro, recargado contra su pecho reposaba profundamente dormido, sobre su tórax sentía su acompasada respiración unida al latido de su corazón, tan diferente a la de noche anterior, que bajo su cuerpo se descontrolaban en una ardiente pasión, algo que solo el lograba transmitir y desbordar completamente en ese angelical ser, rememoró cada beso apasionado, delineo sus labios delicadamente, ansiando beber de nuevo, el néctar de su dulzura de ellos, solo entre sus brazos era que olvidaba la gran herida de su alma.
¡Oh, Hades! No puede resguardar a los dos bebés que amabas a tu lado, yo no sabía que eran dos, sino los hubiera impregnados a los dos con mi esencia, tal como lo hice con Izumi, ahora sería nuestra aquella jovencita que tu niña defendió sin saber que era su hermana. Su impetuosa Izumi, era la luz de sus ojos, la otra vez que su herida no se mostraba era cuando tenía a su princesa cerca. ¡Amada Izumi, Sueño Eterno! Eres el reflejo del alma de Hades, en todo sentido, aquella singular belleza, su elegancia y finura en el trato, pero también tiene algo de mí, posee una fina crueldad, lo sabía por la forma en que hacía sufrir a Fobos y a Deimos, sin embargo, era un dulce con su querido Eros, así como con su papi y tíos. Más parece hija de mi propia simiente, que los verdaderos. Suspiró, al fin después de quince años, mi amado niño, me da mi ansiado presente, esta noche será mi esposo oficialmente, era su presea de batalla, su regalo se formaba enlazado al cosmos de Hades, arraigando esa unión con cada minuto, esperaba devolverle esa vitalidad, esa sonrisa, y lo cual lo completaría con la entrega de su obsequio.
Debían levantarse no quería separar mucho tiempo a Izumi de su papi, y menos ahora que lo necesitaba más estable, por fin el Olimpo tendría algo grandioso que celebrar, que era el advenimiento de su hijo. Con cuidado de se desliza, sin despertarlo, va hacia las termas preparando su baño, y cuando todo estuviera listo, le despertaría. Al levantar la sábana que cubría la desnudez de sus cuerpos, tuvo plena visión esa fisonomía que le enloquecía, recostado de medio lado, con sus cabellos de ébano graciosamente desordenados, que caían sobre sus hombros, la estrecha cintura, su firme abdomen, lo había visto tantas veces y desde hinchado por el fruto de un antiguo amor, hasta el firme bajo estrictos entrenamientos, esa figura frágil en el campo de batalla era temible, se sonrió la belleza es un arma de doble filo que si se sabe utilizar bien, es una ventaja infalible, si mi pequeña niña, has aprendido bien la lección, con sus dedos recorrió su tersa piel: todo esto es mío.
La sensibilidad de su piel expuesta, y el delicado roce, le fueron despertando, un gemido suave, fue levantando las cortinas que refugiaban sus brillantes esmeraldas, que tuvieron visión del escultural cuerpo desnudo del dios de la Guerra, sentado a su lado, le sonrió incorporándose lentamente, para abrazarse a él. Espero que mi regalo, complazca a mi señor, le expresó a su oído besando su cuello. Ares capturó sus labios en un desesperado beso, a su vez Shun le fue cubriendo quedando recostado sobre él y los fornidos brazos del dios de la guerra rodeándolo: Te merecías que yo te brindará lo que más has suplicado, durante tantos años, y por mis complejos no puede darte, le susurra asiendo sus labios, ahora, por fin tengo de nuevo esperanzas. Será el hermano que Izumi necesita, mi mejor regalo para quince años de relación.
Los besos, y los roces, le iban de nuevo adentrando una esperada campaña campal, los dedos de Ares se perdían en su cabellera de ébano, la fricción producida por el cuerpo de Shun, le despertaba su vigor, que ahora luchaba por adentrarse de nuevo en el ser de Hades, que este momento devoraba como un hambriento su pecho y Ares tomó sus caderas, alzándolo de ellas le fue acomodando para acoplarlo ante las demandas del que casi era su esposo. Ingresó en ese templo que se le ofrecía, en una profunda y firme estocada, y en un mágico movimiento, Hades se sentó sobre su cadera, con sus piernas a cada lado de él, sostenido de su vientre, empezó a danzar sobre ella, las manos de Ares, se posaron en su abdomen, sintiendo las energías de los dos mezcladas, hasta descender tomando su hombría entre ellas y masajeándolo al ritmo impuesto por el señor del mundo subterráneo. ¡Hades! Susurró entre cada estocada, y los gemidos de su amado, engalanaban sus oídos, eres solo mío, e invirtiendo posiciones toma sus piernas recostándolas sobre sus hombros sin salir de él, empezó arremeter contra su cuerpo, hasta llenarlo de su ser completamente, reclamando una vez más sus dominios, ya no importara que el caballero de los hielos eternos estuviera en el Olimpo, su tesoro estaba asegurado, por el amor, y la bendición de Eros.
Los caballeros atenienses como habían sido prevenidos, solo salían cercanos a los campos de Palas Atenea. Azumi recién había terminado uno de sus entrenamientos, su papá fue quién práctico con ella, pero algo no le calzaba muy bien, él había estado distraído, no era fácil, derribarlo y ya había sido como cinco veces que lo hizo, suspiró “demasiado para un día”. Desde su encuentro con aquella diosa, no había sido el mismo. Jugó con sus dedos en la hierba, observando a su padre, acostado a su lado con su vista fija al cielo. Ella iba a incorporarse para irse con los demás caballeros pero la mano de Hyoga le asió el brazo. No te alejes, le advirtió, como un susurró y se levantó para acunarla en su pecho. Mi pequeña Azumi, con delicadeza acariciaba sus cortos cabellos azulados, cuando el sonido profundo de las trompetas, retumbó en el Olimpo y Hermes sobrevoló por él, anunciando a los dioses la llegada de Hades.
Hyoga tembló asiendo más fuerte a su hija. Azumi murmuró, al ponerse en pie con ella. Al igual que todos se encaminó hacia los territorios del dios de la guerra, a su lado caminaba Atenea y su mejor amigo Shiryu, un miedo irracional se apoderó de su alma, sentía sus propias lágrimas casi desbordarse por sus diamantes, solo atinó a no soltar a su hija, quién sin entenderlo mucho solo se dejó guiar, no pudo dejar de notar el semblante sombrío de los mayores y de Atenea.
Al otro lado, en perfecto orden los dioses, encabezados por Zeus y Hera, a su lado un apuesto joven abrazaba a la diosa, que le había ayudado el día anterior, papi, mira allá, a la par del padre de los dioses se encuentra la diosa del otro día, y creo que aquel es Adonis, se les ve muy bien juntos, la mirada de hielo del cisne se posó ante el comentario de su hija, en la que había perdido, pero su atención fue rota en el momento que el Apolo aterrizó seguido de su hermano Ares, abrazado a su cuerpo, venía él. Su corazón se desbocó en su pecho, así como su respiración se entrecortó.
Azumi fijó sus gélidas orbes en su padre, que trataba de hablar sin conseguirlo. Todo para él pasó en cámara lenta, Shun lucía más delgado y pálido, su cabello estaba más largo, le llegaba a su cintura, llevaba parte de él recogido en media coleta. Portaba una túnica roja, con adornos dorados, en el tercer carruaje, venía el fénix, el caballero del ave inmortal, tenía su cabello largo, recogido en una coleta, traía un manto negro, a su lado Perséfone.
Bienvenido a casa, le susurró Ares, al asir sus labios, en un delicado beso y tomándolo en sus brazos, Shun rodeó su cuello descansando su cabeza, en su hombro. Al posar su pie en tierra el dios de la Guerra, vio a su hija lanzarse corriendo hacia ellos, y Ares deposita suavemente a Shun en el suelo, “papi” gritó alegremente, al momento de asirse de él ocultándose en sus brazos. “Izumi” le susurró y tomando su mano, la depositó en su vientre y ella sintió el poder de Tánatos en él, y sus ojos se colmaron en lágrimas, “mi hermano” y él asintió sonriendo. Y volviéndose con ella aún abrazada a él hacia su esposo, que los recibió en su pecho.
Quiero agradecer, a todos por su presencia en este torneo organizado por mi padre, Zeus, para celebrar la formalización de nuestra unión. Que comiencen las festividades de nuestra boda. Expresó con orgullo.
¿Festividades de su boda? Inquirió dirigiéndose a Atenea. La diosa de la sabiduría no supo que responder, negó con su cabeza, Shiryu le calmó agarrándole el hombro firmemente, el nerviosismo del cisne llamaba la atención sus ojos anegados de lágrimas asustaron a su hija, Saori le abrazó y desapareció con él. ¿Papá? ¿Pero que sucede, porqué actúa tan raro? Le preguntó a su tío bastante nerviosa.
El cosmos del Cisne alertó a Hades, quién se abrazó a su niña y empezó a sentirse mal, ante los gritos de horror de Izumi, su papi se precipitó al suelo, apenas sostenido por ella. Iki y Ares se precipitaron a auxiliarlo. Y Eros la abrazó consolándola, el dios del amor suspiró acunándola en su pecho, ahora todo empezaba a complicarse, Hyoga no se había resignado a perderlo, pero ya era tarde, ahora era de su padre. ¡Amor, tranquila, nuestro papi estará bien!
Atenea, no le había dejado salir, parecía un león enjaulado, camina de un lado otro no tenía paz, moría de rabia y dolor de saberlo en brazos de otro, y aún más que su hija le viera como deseaba que le distinguiera a él, lloraba de rabia su cosmos estaba alterado, ya casi anochecía, y en éste momento debía haber culminado ese absurdo matrimonio, el ruido de esa puerta antigua, le hizo abalanzarse sobre ella, para ser detenido por el Caballero Dragón, quién lo sostuvo de sus hombros: No me hagas encerrarte de nuevo amigo, quiero ayudarte, pero debes calmarte, tu hija esta muy preocupada por ti, porque no entiende tu conducta.
Por más que hagas rabietas no podrás evitar lo que ya pasó, Shun, ya es el esposo oficial de Ares, aún antes de venir, al Olimpo, le soltó su explicación despaciosamente, como para que asimile sus palabras. Allí ya perdiste tu oportunidad, Hyoga. Además Ares ha anunciado que Hades esta esperando un hijo de él, terminó casi murmurando, y soportó la mirada de dolor de su amigo al derrumbarse frente a él con su mano acallando sus sollozos ¡Oh, dioses! Repetía entre sollozos, ¿Cómo Shun me pudo olvidar, si yo no lo he hecho? ¿Como pudo entregarse a Ares?
Shiryu se puso a su altura. Hyoga, Shun ama a Ares, de eso me he dado cuenta, lo he visto en sus ojos. Es mentira, Shiryu, afirmó. Iré a buscar a Iki, el me tiene que aclarar muchas cosas, así como no defendió a Shun, y permitió que Ares le violara por quince años. Atenea, me contó que hasta la fecha de hoy eran amantes. Y el gran Fénix no hizo nada por ayudarle.
¿Y el gran Cisne? ¿Qué hizo? Le acalló el mayor, sentándose a su lado, brindándole su apoyo al momento que el ruso se enterraba las uñas en su frente en un acto de desesperación, lo que si creo conveniente es hablar con Iki, enterarnos de todo lo que ha pasado en estos años de silencio y abandono por parte de todos, lo único cierto de todo es que nuestro es una gran fuente de información fidedigna. En este momento, todos están en el Gran Salón en el templo de Afrodita, Fénix no se presentó porque tengo entendido de que fue citado a una audiencia en el templo de Zeus. Tal vez si lo esperamos fuera podamos dialogar con él.
¿Azumi? Inquirió en un susurro, ella esta con Arcor, en ese salón pero está utilizando su máscara, esta muy lejos de Shun e Izumi, por lo tanto no creo que haya peligro, tu otra hija ni siquiera determina a los caballeros de bronce y mi hijo esta al tanto de todo. Los gélidos ojos de su amigo, se posaron en los suyos llenos de angustia ¿Ellos están en el mismo salón? Así, es amigo, le tendió la mano, para ayudarlo a incorporarse y Shun ya ha notado nuestra presencia.
Última edición por goddesniquel el Mar Jun 03, 2008 12:00 am, editado 2 veces
Re: ENCUENTROS (*SLGF*)
Azumi perdía su vista en la mesa principal, el dios de los muertos le llamaba la atención en demasía, ahora lo veía conversar con su hija amorosamente, ambos reclinados en un lujoso diván, el jugaba con sus cabellos, y ella descansaba recostada cerca de su corazón, en los divanes cercanos, se encontraba el dios de la guerra y en el otro Eros. Era realmente conmovedor ver el gran amor que se profesaban, su padre era cariñoso con ella, pero nunca habían llegado a ese grado de unión, suspiró tal vez con mi madre, si se hubiera logrado una unión así.
El bullicio y el calor del lugar, le hicieron desistir de quedarse allí, así que se incorporó de la mesa, al mismo momento que Arcor, lo hacía con ella. No es necesario, es que estoy cansada y mañana comienzan las justas. Por eso mismo debo descansar yo también. Vamos niña de hielo, debes estar preocupa por tu papá. Ella asintió dejándose llevar su amigo inseparable.
Izumi, estás prácticamente durmiéndote en mis brazos, mi amada niña, le susurró al besar su frente, creo que es hora que te retires, yo también estoy agotado. No quiero, deseo estar contigo, replicó escondiendo su rostro en sus aromáticos cabellos. Ares, se acercó a ellos arrodillándose a su lado. “Hija, mañana, comienzan las peleas, y nuestra campeona debe estar en buenas condiciones, además tu amado te espera para descansar a tu lado” sus suaves palabras llegaron a sus oídos en el momento que le besaba la cabeza.
Eros se sentó en el brazo del diván, saludo con un ósculo en los labios a Hades, acarició con delicadeza la mejilla de su niña. Vamos Izumi, es mejor que nos retiremos, así tu papi también descansa. La joven asintió e incorporándose, roza la boca de su papi con la suya y se despide de igual manera de su padre y le sonríe a su prometido quién la toma en sus brazos, para perderse entre los invitados a la cena.
Shun, le llamó suavemente su esposo, él asintió, no tardaré, le dejaré algunas cosas en claro, buscó refugio en sus fuertes brazos, acompáñame, deseo que los dos hablemos con él, por el bien de Izumi. Ares sus labios se estamparon en su frente, así será.
Dos sombras se deslizaban entre los jardines externos del templo de Zeus, ocultas bajo la penumbra de la noche, hasta estar cerca del atrio del recinto del rey de los dioses, ambos sintieron el cosmos del hermano mayor de Shun, en ese lugar, así que siguieron su presencia hasta el ala este, y allí le encontraron apoyado en el barandal del balcón, por primera vez tenía una vista más cercana de Iki, su piel ya no era bronceada como antes, se asemejaba mucho a la de su hermano, sus cabellos largos eran mecidos por el soplo de Céfiro, su rostro había adquirido la belleza del mismo Adonis. Sus ojos zafiros, se perdían en las estrellas, su torso estaba desnudo, entre las pequeñas columnas dejaron notar que también se encontraba descalzo.
Los dos salieron a la luz pálida de la luna, sonriendo entre sí, pensaron en que los dioses los favorecían, Shiryu e Hyoga se dejaron ver y los zafiros los determinaron en el campo, sus miradas se estudiaron en silencio, y ellos se alegraron de verlo, una mirada de terror acechó los zafiros del mayor algo que detectaron de inmediato, y sus ojos hablaron en silencio indicándoles esconderse, y así lo hicieron entre los enormes nogales ocultaron sus presencias, pero tenían plena vista de todo lo que sucedía en ese balcón, aún así el Cisne podía percibir la vista del mayor fija en la suya. ¿Qué los dioses nos favorecían? Pensó Hyoga, que pensamiento más fuera de toda lógica.
Los ojos de Iki eran de súplica, ¿El Fénix le suplicaba? Tembló ante esa mirada, no salía de su asombro, cuando detrás del mayor la inconfundible figura del padre de los dioses, caminaba desnudo hasta él, tomándole la cintura se apegaba a su cuerpo, apartando los cabellos azulados del caballero divino, empezó a morder su cuello y hombros. Hyoga quedó petrificado junto al árbol, era incapaz de mover un solo músculo, al momento que la mano de Zeus se perdía debajo de la enagüilla de la túnica de Iki, aprisionando su hombría y a su vez le penetró sin consideración alguna contra el barandal. Apenas si el mayor emitió un quejido ahogado. Shiryu su incapaz de ver la humillación de su amigo reflejado en sus retinas. El orgulloso Fénix avasallado, fue demasiado para él le dio la espalda y con furia cerraba sus puños hasta hacerlos sangrar al clavar sus uñas en ellos.
Hyoga, no pudo soportar la mirada cansada del mayor, que era constantemente penetrado por Zeus antes sus ojos, apenas si se podía sostener contra el barandal y sus gemidos, retumbaban en el silencio de ese lugar, sus piernas flaquearon hasta caer sentado entre las raíces de ese árbol, que le daba refugio, escuchó el sollozó ahogado del Dragón, ahora comprendían en la condena que les dejaron, los minutos en que ocurrió todo esto se les hicieron eternos, su cuerpo temblaba de rabia contenida, Shiryu estaba peor que él, ahora le oía llorar sin pena alguna. Hasta que todo terminó en un ahogado quejido. Zeus se separó saliendo abruptamente del interior de Iki, y las piernas ya no sujetas por el vigor del señor del Olimpo no sostuvieron su cuerpo haciéndole caer sentando y apoyado en el barandal, sus zafiros nunca dejaron de rogar que no se acercasen y que no mostraran sus presencias. Solo se apartaron de ellos en el momento que el dios le tomó de la barbilla, le capturó los labios en un apasionado ósculo y luego con delicadeza cargó con el cuerpo exhausto de Iki desapareciéndolo de la vista de sus hermanos de armas.
¿Iki? Sollozó el Dragón: ese hombre de allí, no puede ser Iki. Gritó desesperado, ¡Por Atenea! Una sombra salió entre los arbustos, envuelta en un manto negro: No debes lamentarte, Shiryu, aquella melodiosa voz, la reconocieron de inmediato, era Shun, frente a ellos. Ya es demasiado tarde para hacerlo, al menos Zeus no es cruel con mi hermano. Exclamó fríamente. Allí no hay engaño, el que estaba en ese lugar, es mi hermano mayor, que a pesar de mi edad, me cuida como si tuviera la edad de mi pequeña Izumi.
¿Shun? Le llamó suavemente Hyoga al momento de abalanzarse sobre él y abrazarse de su cintura, y detrás de Hades otra sombra se hizo visible: “es de nuestra hija que venimos hablar” la voz firme de Ares, le hizo estremecerse a su vez soltaba sus brazos de su cintura y en esa postura arrodillado, exclamó con furia: “Es mía no tuya, Ares.” Le reclamó dispuesto a pelear, pero Hades se interpuso entre los dos: “Izumi, es la hija de mi esposo Ares”. No quiero que te vuelvas a acercar a ella, yo he cumplido mi parte del trato, no te he molestado, ni siquiera sé… se calló y busco refugio en los brazos de Ares.
Yo no te he negado, que la conozcas, es él a quién te abrazas, el que te apartó de nuestro lado, le acusó con firmeza. Shun negó con su cabeza suavemente: Ares, es el padre de mis hijos. Solo te advierto no te acerques a nuestra hija. Amenazó al Cisne, el dios de la Guerra, no busques lo que ya perdiste y he hecho mío.
Izumi, es mía, no es tuya, repitió el caballero de los hielos eternos. Shun, tu crees que una prueba tan cruel es de alguien que te ame, Ares te está mintiendo, le gritó Hyoga pero Shun se volvió a él, no me hables de amor, Cisne, el que ama confía, y tu nunca confiaste en mi, así que porque dices que Ares no me ama, él si ha confiado en mi.
Última edición por goddesniquel el Mar Jun 03, 2008 12:02 am, editado 1 vez
Capítulo 3 Azumi e Izumi, las hijas de Hades.
Capítulo 3: Azumi e Izumi, las hijas de Hades.
El no tenerte se ha vuelto una locura incontrolable,
un tomento que cala hasta lo más profundo de mi ser,
eres el que me da la vida y al mismo tiempo me la quitas,
me haces tocar el cielo y el infierno con tus besos.(SN)
Apenas había amanecido, cuando los caballeros de Atenea se encaminaron a las arenas, dónde iba ser el torneo, Azumi caminaba al lado de Arcor, que aún estaba medio dormido, a su otro lado su padre caminaba con su semblante angustiado, su tío Shiryu más serio que de costumbre. La mayoría de los templos se veían bastante quietos lo que indicaba que sus habitantes estaban todavía dormidos, ellos preferían tener un entrenamiento previo, al entrar en el imponente coliseo, al desembocar en la arena, los diez caballeros pudieron contemplar el entrenamiento de Izumi y Hades.
En el medio del Coliseo, ambos luchaban en elegantes movimientos, era una disputa con espadas, la joven respondía gran agilidad, y Shun no era débil con ella, no se retenía en sus ataques, lo hacía con la intención de atacar a matar, algo que impacto a Hyoga y a Shiryu. “Vaya y yo pensé que mi padre era estricto. Pero Hades te gana papá. No puedo creer, ayer la trató con tanto cariño, que me dio envidia", aseguró Azumi. Los diamantes del Cisne se posaron en ella, su niña no apartaba la vista de su progenitor en la arena, era la sangre la que la llamaba.
En un potente revés de la espada, la de Izumi, salió volando de su mano y el filo de la de Hades, quedó reposando en el cuello de su hija. Ella sonrió: ¿Papi, verdad que he mejorado mi técnica? Si, pero aún eres débil en el contraataque, le expresó al tenderle la mano y ella se puso en pie, abrazándose a su cuerpo, y él le besó la frente, asiéndola entre sus brazos. Cuando unos aplausos y vítores les hicieron enterarse que no estaban solos. Lentamente los ojos de Shun, se volvieron hacia los espectadores e Izumi, los reconoció: “el campamento de Atenea” y lo primero que hizo sus ojos fue buscar su presencia, y le encontró al lado de Shiryu, suspiró tenía que actuar normal para que su niña no se diera cuenta de nada. “Es el campamento extranjero”, ella asintió tomando su máscara se la colocó de nuevo en el rostro y caminó hacia los vestidores al lado de su papi, para darles espacio a los demás caballeros, con su espada en la mano, se desplazó en un paso elegante, entre ellos, detrás de ella Shun pasó al lado de Azumi, que estaba entre Hyoga y Shiryu, sus ojos esmeralda se cruzaron con los de ellos.
En ese momento, la mano de Azumi, se movilizó tomando el brazo de la diosa del Sueño Eterno: “La otra vez, no tuve la oportunidad de agradecerte, por tu ayuda” en ese momento, Shun determinó a la jovencita e Izumi se volvió hacia ella con una sonrisa y sus diamantes se posaron en Azumi. “No tienes porque agradecerme nada, papi, ella es la caballero femenino que Fobos, golpeó el otro día” Hyoga, sostuvo la respiración, angustiado, el destino jugaba con ellos, en el momento que Shun se acercó más y con su voz dulce: “¿Eres un caballero de bronce? La observó asentir: “si soy del campamento de Siberia.” Expresó alegremente. “Suerte en la competición, disculpa que mi hijo te haya maltratado” Asió la mano de su hija, no queriendo que Hyoga la observarse de cerca, no determino mucho las palabras de la joven. Trató de avanzar, pero su paso se vio interrumpido por el Cisne que se acercaba tomando de su hombro a su hija. Shun determinó sus acciones con nervios, Izumi, suspiró asiendo fuertemente la mano temblorosa de su papi.
El caballero de los hielos eternos, aprovecharía el momento para quedar a mano con su Andrómeda el había visto a su hija, él ahora la tenía enfrente solo faltaba decírselo, iba a movilizar sus labios, cuando la aparición repentina del dios de la guerra, le detuvo e Izumi, suspiró sonriendo, bueno amiga, te presento a mi padre, el dios de la guerra, y a mi papi, el dios del inframundo, espero caballeros tener un combate divertido, y asió la mano de Azumi, en forma de saludo y continúo con su trayecto.
Ares y Hades la vieron hasta que se perdió en los vestidores, el dios de la guerra abrazó a Shun contra sí, y se dirigió a los caballeros: Me alegra contar con su participación en estas justas en honor de mi hija, a la cual ya conocen. Por el momento nos retiraremos, nos veremos, más tarde. Y posando su mano en la cabeza de Azumi con cariño le expresó: En verdad lamento que mi hijo te haya hecho daño, en nombre de él nos disculpamos. Así es jovencita, concluyó Hades, acariciando su cabello y ante el leve contacto hizo que Azumi, se estremeciera, algo en su interior reaccionó, y deseó lanzarse a sus brazos, sus manos temblaron levemente al igual que sus piernas. Ares notó la reacción y se sonrió. Los ojos de cisne se anegaron de lágrimas y bajó su rostro, para que Shun no lo notará: “su cosmos es cálido, como me lo había imaginado desde el momento que llegó, le observado con su hija, y es realmente es así, tal como el que debiera ser el de una madre”, susurró suavemente. Hades se sonrió con la dulzura que le dedicaba a Izumi, y Ares le contestó: Eres perceptiva, es porque se pudiera decir que es su madre, porque él le dio a luz. Y en este momento espera a otro a bebé. Concluyó asiendo la barbilla del dios de los muertos, para unir sus bocas en un cálido beso. Y agachándose un poco le alzó en su brazos No queremos interrumpir su práctica así que la arena está a su disposición.
En un paso elegante y con Hades descansando su cabeza en su hombro, se encaminaron hacia el templo de Ares. El dios de la guerra sonreía con su preciada carga en sus brazos, Shun sonreía, extasiado, por primera vez en mucho tiempo se sentía genial, con la esperanza de una nueva vida en su vientre, y del hombre que ahora ocupaba su corazón, aunque el dolor por su hijo perdido no mitigada, la continua presencia de Hyoga, le esparcía sal en la herida, las ganas de ver a su hijo, le destrozaba el alma, pero guardaba esa angustia en lo más profundo de su ser, consumiéndole por dentro, temía por que Hyoga se quisiera acercar a Izumi, había desarrollado un gran sentido de celos por su niña, era capaz de cualquier con su pequeña. Ahora mismo, quería cortarle el cuello a su ex esposo, por solo tener el atrevimiento de verla. La intensidad de su cosmos cambio. Amor, mío no permitiré que le hable más a Izumi, tenlo por seguro.
Ares le depositó suavemente en el lecho, arrodillándose enfrente de él, descansó su cabeza en su regazo, y los finos dedos de Hades, jugaban con sus sedosos cabellos, “Areios” ese nombre fue recitado con tanto amor, era el calificativo con que le llamaba en sus momentos de más pasión. “He tenido un pensamiento constante, le expresó su esposo, tu otro niño puede estar aquí, si el caballero de los hielos eternos, se encuentra aquí, pues tu otro niño también, debe estar en el campamento de Atenea, no tienes curiosidad por conocerlo.” Hades suspiró: Sí, pero me retiene la sentencia de los dioses, es el hijo del Partenón, no es más nuestro hijo. El dios de la Guerra, se abrazó a su cintura. “Mi madre, puede cambiar de opinión” murmuró. Ya has pagado con bastante sufrimiento, la liberación de los caballeros dorados, no es justo que sigas añorando a esa criatura, puede también ser nuestra, se detuvo para observar su reacción. Sus esmeralda con esperanza le determinaban y una hermosa sonrisa cruzó sus labios. “Areios, sabes que eso es imposible, la palabra de un dios no puede ser retirada, y yo di la mía y la respeto, aunque me parta el alma por nunca haber podido acoger a mi bebé entre mis brazos”, se acalló sus manos cubrieron su boca aplacando el gemido de su alma, y las lágrimas surcaron su faz sin vergüenza alguna, rociando los cabellos almendrados de su amado dios de la guerra.
Ese quiebre de su alma hirió la dios de la guerra que atrajo a su pecho consolándolo, tu no faltarás a tu palabra, eso lo sé, tu moral es intachable, por eso es que has logrado enamorarme, y tener al dios de la guerra a tus pies como un vasallo fiel, amado Hades. Siempre defenderé tus causas, y por ti sería capaz de desolar al mismo Olimpo, si te hacen sufrir.
En el templo de Afrodita, Izumi ya se estaba bañando, Eros vio en su cuarto la armadura blanca con bordes dorados que su padre había mando a elaborar solo para ella, antes no había denotado, era como las antiguas armaduras romanas tenía en su pecho grabado




