Accidentally In Love (Angst)
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Accidentally In Love (Angst)
Titulo: Accidentally In Love
Autor: AthenaExclamation67
Razón: Evento Batalla De Amantes Del Club Kanon De Géminis
Dedicatoria: A Hikari. Te quiero mucho, de no ser por ti no conocería a esta pareja tan apasionante.
Personajes
Principales: Kanon & Radamanthys
Secundarios: Saga, Milo & Pandora.
Pareja Principal: Kanon & Rada
Parejas Secundarias: Nop
Tipo: AU
Clasificación: Nc-13
Advertencias: Angst, Rape (muy ligerito)
Estado: Capitulo I
Última Actualización: 10/06/08
Comentarios Adicionales:Está terminado, pero no tengo tiempo de acabar de pasarlo al Pc hoy, aquí ya es muy tarde. ^^ Mañana lo termino de subir, así les dejo con la intriga, jujujujuju.
Resumen: Casualidades, concidencias absurdas del destino y quién sabe que más mueve los hilos de nuestras vidas.
Autor: AthenaExclamation67
Razón: Evento Batalla De Amantes Del Club Kanon De Géminis
Dedicatoria: A Hikari. Te quiero mucho, de no ser por ti no conocería a esta pareja tan apasionante.
Personajes
Principales: Kanon & Radamanthys
Secundarios: Saga, Milo & Pandora.
Pareja Principal: Kanon & Rada
Parejas Secundarias: Nop
Tipo: AU
Clasificación: Nc-13
Advertencias: Angst, Rape (muy ligerito)
Estado: Capitulo I
Última Actualización: 10/06/08
Comentarios Adicionales:Está terminado, pero no tengo tiempo de acabar de pasarlo al Pc hoy, aquí ya es muy tarde. ^^ Mañana lo termino de subir, así les dejo con la intriga, jujujujuju.
Resumen: Casualidades, concidencias absurdas del destino y quién sabe que más mueve los hilos de nuestras vidas.


Cap. I
Accidentally In Love
By AthenaExclamation67
By AthenaExclamation67
Kanon regresaba a su casa desde el trabajo, uno que le entusiasmaba pero que su hermano gemelo Saga usaba para burlarse de él.
“Busca un trabajo de verdad”
Le decía siempre, pero Kanon disfrutaba a lo grande. Era el dueño de una pequeña pero exclusiva chocolatería, “Piece Of Heaven”, donde se podían compras gran cantidad de variedades de chocolate y si ellos no se podían suministrarlo, era simplemente por que no existía.
La tienda de Kanon era como la mafia de los chocolates. Los elaboraba con gran pasión, ese era el ingrediente esencial de odas y cada una de sus recetas. Tenia pedidos desde cualquier lugar del planeta, pero eso su hermano no lo valoraba. Saga era el típico ejecutivo, orgulloso y prepotente que se desvivía por destrózale la vida a sus subordinados.
Esa diferencia, fue la que hizo que Kanon decidiera independizarse. Kanon quería a su hermano, pero esa forma de tratarlo… Ya no podía consentirlo más, así que tras varios deas de meditarlo, se fue del apartamento que compartían, aunque lamentablemente no fue del modo que soñaba, quería haberle podido explicar a Saga los motivos de su marcha, que le absorbía demasiado, que le agobiaba, pero cuando Saga vio las maletas y cajas, montó en cólera y tuvieron una fuerte discusión.
- Si te gusta joderle la vida a la gente… ¡Hazlo! Pero yo no voy a estar aquí para verlo ¡Qué te aguante otro! – le dijo y se fue casi llorando.
Desde ese día no volvió a ver a su gemelo, su reflejo exacto, aquel que siempre lo había consolado pero desde hacía unos meses se comportaba de un modo muy extraño.
**********
Kanon abrió la puerta de su nueva casa y tras acomodar su chaqueta sobre una silla, se puso a abrir algunas cajas que todavía no habían sido ordenadas después de la mudanza.
Cuando hubo terminado, miró a través de los cristales del ventanal que tenía un hermoso balcón repleto de plantas y quedó embelesado mirando como la luna que era llena brillaba. Abrió la puerta lentamente y se recostó sobre la baranda para observar el bello paisaje que la noche le procuraba hasta que algo, una de las macetas llamó su atención, la flor que había en ella se marchitaba. Estaba mustia, casi marchita y decidió tratar de recuperarla. Tomo su regadera y tras llenarla con agua y unas vitaminas para plantas volvió al balcón y la regó, dejo que el agua bañara la tierra y las raíces para ver si así mejoraba.
- ¡HEY, WTF! – oyó de pronto Kanon - ¿Qué se supone que haces tirando agua por la ventana?
Dio un brinco por el susto y se asomó a ver que pasaba.
- Solo estaba regando las plantas – contestó con una sonrisa al ver al que gritaba.
- Eres estúpido – renegó – estúpido es poco – siguió diciendo el extraño antes de seguir pronunciando palabras malsonantes.
Kanon se sintió ofendido y decidió bajar a enseñarle algo de educación a ese tipo que lo insultaba sin ningún tipo de reparo dando voces a esas horas de la madrugada.
- ¿Qué problema tienes? – dijo Kanon al terminar de abrir la puerta de la calle.
El hombre se quedó callado, sin poder mediar palabra.
- Sien…
- ¡No sabes regar a otra hora! – exclamó sonrojado interrumpiendo a Kanon - ¡Nadie moja a Radamanthys de Wyvern y sale airoso de ello!
- Pues yo soy Kanon y riego las plantas cuando se me da la real gana – acotó - ¡Amargado! – añadió, se dio la vuelta y entró en casa alterado.
Subió las escaleras y volvió a salir al balcón para ver lo que el tipo maleducado hacía. Cuando lo localizó, pudo ver como anotaba algo en un papel, se lo guardaba y se marchaba.
Kanon se rió, no podía creer que ese hombre se enfadara tanto por esa chorrada, más cuando lo interrumpió al mismo tiempo que él trataba de disculparse. Cenó algo ligero y se fue a dormir para estar fresco al día siguiente.
Por la mañana cuando despertó, hizo lo mismo de siempre, lo de todos los días. Una ducha, lavarse los dientes, el café de la mañana y para el trabajo a idear alguna receta sorprendente. Tomó su chaqueta y tras cerrar la puerta, bajó las siete escaleras que lo separaban de la calle, pero hubo algo que lo detuvo unos segundos, había una carta en su buzón.
- ¡Una citación! – exclamó al ver el membrete de los juzgados - ¿Qué pasará?
Lo primero que se le vino a la cabeza fue su hermano, que no pasara a visitarle le parecía raro, pero cuando empezó a leer la carta del juzgado todo quedó aclarado.
“Se solicita su presencia para un careo, si gusta, es libre de venir con su abogado. Debe presentarse en el juzgado de instrucción nº 7 el día 31 de mayo a las 10 de la mañana en punto.
Es imprescindible la asistencia, de no ser así incurrirá en un delito de desacato hacia este tribunal y será multado o encarcelado según proceden las leyes.”
Kanon tenía los ojos abiertos como platos cuando acabó de leer la citación.
- El 31, pero si eso es mañana – exclamó.
Tomó su celular y llamó a la persona que se encargaba de todos sus asuntos legales, Milo.
- ¡Hola! – respondió Milo cuando oyó la melodía de su teléfono.
- ¡Milo! – grito – Necesito tu ayuda, verás me ha llegado una citación – le dijo - ¿Qué puedo hacer? – pregunto cuando acabó de leérsela.
- Kanon… Kanon – habló Milo tratando de calmarlo – solo es un careo, será por alguna tontería, no te preocupes – dijo – nos vemos mañana media hora antes de la cita.
Kanon pasó todo el día intranquilo, inquieto, angustiado tratando de adivinar el motivo por el que lo habían citado. Al día siguiente. Se encontró con Milo tal y como habían acordado y tras hablar y darle unas cuantas indicaciones entraron al juzgado para ir a la sala donde le habían citado. Cuando entraron en la sala, Kanon no pudo más que sorprenderse.
- ¡¡TÚ!! – exclamó al ver al que lo citaba.
- Kanon cálmate – dijo Milo – dejame hablar a mí.
Kanon calló y miró fijamente a ese tipo, el mismo que había regado sin querer un par de días antes.
- ¡Señores! – dijo el juez poniéndolos a todos en pie – Veamos que es lo que nos ocupa – añadió y abrió la carpeta que contenía la información del caso.
El juez leyó detenidamente todos y cada uno de los documentos y cuando terminó parecía realmente muy enfadado.
- ¡Vamos a ver! – exclamó - ¿tiene usted mucho tiempo libre? – habló dirigiéndose a Kanon - ¿Cómo se le ocurre presentar una denuncia tan absurda?
Kanon apretó los puños.
- ¡Oiga! – respondió enojado – yo no fui, además, tuve que oír como este tipo me insultaba – contestó sonrojado.
- Kanon calma – dijo Milo.
- Disculpe señor, una pequeña confusión – admitió el juez avergonzado - ¡Así que es usted el tarado! – añadió.
Radamanthys se incorporó de inmediato.
- ¡Pero bueno, un respeto! – espetó - ¿Es que no sabe con quién está tratando?
El juez lo miró y se levantó del sofá en el que permanecía sentado.
- Mire – dijo – a mi nadie me alza la voz – contestó levantando la suya – y por lo que a mi respecta… ¡Como si es usted Perico el de los Palotes! – agregó - ¡se cree que puede presentar semejante estupidez como denuncia!
Radamanthys lo miró muy enfadado, su nombre era desconocido en ese país que estaba visitando.
- Señor juez – hablo Milo tranquilamente – el solicitante agredió verbalmente a mi cliente – dijo leyendo la carpeta que le habían entregado – además, muy mal debo de recordar las leyes si no se pueden regar las plantas de madrugada – añadió.
El juez tomó su mentón y miró a los tres que tenía delante. Kanon parecía apenado por la situación, Milo estaba completamente tranquilo al saber que no procedería denuncia alguna ya que no existía razón y Radamanthys permanecía todo ruborizado por la ira que sentía en ese momento.
- Bien – habló el juez apoyando las manos en la mesa – caso cerrado. Señor Radamanthys de Wyvern, deberá pagarle una multa de 40.000 libras al ciudadano Kanon por daños y prejuicios y por difamación. Y haga el favor de tener en cuenta las leyes de los países que visita antes de volver a cometer otra estupidez como esta.


Re: Accidentally In Love (Angst)
Kanon miraba a Radamanthys de reojo a cada rato, pensaba que en cualquier momento se le tiraría al cuello para estrangularlo. El juez hizo sonar su martillo y se marchó del lugar llevando a Radamanthys escoltado hasta la puerta después de que le extendió un cheque a Kanon para que no hubiera ningún altercado.
- Dios mío que mal rato – dijo Kanon llevándose las manos a la cabeza.
- Tranquilo Kanon – rió Milo – no hay mal que por bien no venga, piensa en el dinero que acabas de sacarle a ese estúpido y en como gastarlo – dijo satisfecho por el resultado del caso.
Pero Kanon no pensaba igual, no le gustaban ese tipo de situaciones, y no le interesaba el dinero de ningún modo, pero la actitud de ese hombre le dejó muy extrañado.
- Kanon… dime algo – preguntó Milo - ¿Acaso te gusta ese tío? – dijo sin ambages.
- ¡Pero como crees! – exclamó sonrojado.
- Si, si. Ya veo. Como os pasasteis todo el rato mirándoos. Deduje que…
- ¿Qué? ¡Nada de eso! – alegó sonrojándose más.
Milo se reía, Kanon era amigo suyo desde hacía mucho tiempo, y sabía perfectamente cuando algo o alguien le gustaba.
- Bueno, bueno – bromeó – Yo debo irme ya. Aquí tienes todos los papeles del caso, direcciones, teléfonos, o vaya a ser que te dieran un cheque sin fondos – añadió riéndose a carcajadas.
- ¡Eres un burro! – espetó Kanon.
Pero Milo no estaba muy equivocado, realmente Kanon había quedado impresionado con la belleza de ese hombre. Rubio, alto, ojos y cuerpo magníficos pero algo huraño. Kanon regresó a su casa y quedó mirando el talón, no pensaba cobrarlo, por suerte no necesitaba dinero gracias al buen funcionamiento de su negocio.
- Iré a devolvérselo – dijo abriendo la carpeta para averiguar donde se encontraba la casa - ¡Inglaterra, madre mía que lejos! Pero da igual, iré y le devolveré su dinero – seguía hablando solo.
Kanon llamó a su negocio y avisó que se tomaba un par de días libres, sacó un pasaje de ida y vuelta para Inglaterra y salió corriendo hacia el aeropuerto. El avión se iba en menos de tres horas, había tenido mucha suerte y encontró un vuelo para ese mismo día, así que tras tomar una chaqueta y acicalarse un poco se marchó.
Durante el viaje que duro unas cuatro horas, pensó en como abordarle cuando estuvieran frente a frente, aunque no logró decidirse por ninguna de las ideas que le surgieron. Bajó del avión y cuando estaba saliendo del aeropuerto algo llamó su atención.
- ¡¿Pero qué?! – pensó – Íbamos en el mismo avión… ¿Cómo no lo vi?
Quedó perplejo unos instantes y trató de alcanzarle mas no lo logró, Radamanthys subió a un coche negro y se fue. Kanon salió corriendo tras él y subió a un taxi.
- ¡Vamos siga a ese coche negro! – le dijo al conductor.
Su corazón latía con fuerza, agitado. No podía creer tanta casualidad.
- Señor, el coche ha entrado en esa Mansión – dijo el taxista al cabo de un rato sacándolo de sus pensamientos.
Kanon miró hacia el exterior y pudo ver la casa donde vivía ese hombre al que vio bajar del coche negro que lo había recogido en el aeropuerto.
Radamanthys entró en su casa y entorno la puerta dándola por cerrada para después poder irse a descansar un rato de todo su agitado día.
Kanon por su parte, aprovechó que la gran reja que guardaba la mansión estaba terminando de cerrarse para colarse en el recinto, un enorme recinto del que estaba rodeada la mansión. Llegó sigiloso hasta la puerta sin que nadie advirtiera su presencia y justo cuando estaba por tocar el timbre vio que la puerta estaba semi abierta.
- Que raro… - pensó y sin dudarlo un segundo entró.
Vio que Radamanthys había dejado sus maletas en la entrada y tras cerrar la puerta con el mayor silencio que pudo empezó a buscarle. Subió una escalera central mirando todo el esplendor que había a su alrededor. Una mansión grandiosa llena de cuadros valiosos y decorada con un gusto excelente.
Terminó de subir la larga escalera y sin querer tropezó haciendo un poco de ruido que creyó pasó desapercibido al no ver a nadie. Caminó hasta una de las habitaciones que tenía la puerta medio abierta y con luz para ver si Radamanthys se encontraba en su interior.
En silencio, se acerco y cuando estaba por tomar el picaporte quedó embobado con un cuadro de Radamanthys, uno en el que estaba subido a un corcel negro fabuloso que resaltaba más aún su belleza.
- ¡Ladrón! – exclamó Radamanthys tomándolo del cuello de la camisa y tirándolo al suelo de la habitación para después clavarle una rodilla en las costillas para inmovilizarle.
- ¡Espera! – espetó Kanon descubriendo su cara que quedo oculta por sus cabellos agitados al caer.
- ¡TÚ!... ¿Qué haces en mi casa? – preguntó.
Kanon se incorporó ligeramente y vio como aún lo miraba de un modo extraño.
- Vine a devolverte tú dinero – dijo – no me hace ninguna falta – añadió.
- ¿Y por eso vienes hasta aquí? – dijo Radamanthys.
Kanon se sonrojó y se levantó para marcharse dejando a Radamanthys arrodillado en el suelo.
- Toma, aquí tienes tu dinero – dijo sacando el talón.
Radamanthys se sorprendió, tomo el talón de las manos de Kanon y lo miró incrédulo de sentir la bondad que Kanon emanaba.
- Un momento… ¡Espera! – le pidió – yo… - dijo desviando la mirada hacia el suelo – esto se me fue de las manos – explicó – yo puse la denuncia con la excusa para poder volver a verte, pero el juez lo estropeó, quería disculparme y…
- ¿Querías volver a verme? – reaccionó Kanon interrumpiendo sus palabras - ¿Por qué no me buscaste en Grecia?
- Lo hice – contestó. pero no te encontré. Quería halar contigo y no te encontré, yo quería… yo quería…
Kanon lo miraba asombrado, no solo quería disculparse con él, si no que quería decirle algo más.
- Me gustaste desde que vi como asomabas tu cuerpo por el balcón – dijo sorprendiéndole – y bueno, no fue una buena reacción, había tenido un muy mal día y cuando bajaste ya había metido la pata, luego todo se enredó.
Kanon sonrió e inesperadamente le besó. Un beso calido y tierno que los fundió en un fuerte abrazo y cuando la falta de aire los separó se miraron fijamente a los ojos.
- Bueno… Si te soy sincero… Yo también use el pretexto del cheque para poder verte de nuevo – le dijo y le volvió a sorprender con un nuevo pero más efusivo beso.
Kanon se arrodilló para estar más cerca de Radamanthys y lo rodeó con sus brazos para volver a besarlo y lentamente sacarle la camiseta, dejando que sus labios se deleitaran con su cuello y su pecho haciendo que Radamanthys se excitara.
- ¡Rada, Rada! – se oyó de lejos.
Radamanthys se estremeció.
- ¡Rápido, debes irte! – exclamó.
- ¿Qué? – dijo Kanon - ¿Pero que pasa, quién es?
Radamanthys no sabía como contestarle, pero insistió al oír los pasos que repetían su nombre una y otra vez.
- Vete… ¡Es mi novia!
Kanon sintió una puntada en el pecho, lo miró con desilusión y tras levantarse se fue. Miro que nadie lo viera, en especial esa mujer y se metió en la habitación de enfrente para poderse esconder.
- ¡Rada cielo! – exclamó la mujer - ¡Por fin has regresado! – dijo tirándose encima de él.
- Pandora… Si acabo de llegar, me estaba poniendo cómodo.
Pandora se abrazó fuertemente a Radamanthys y le besó.
- Vaya, veo que te alegras de verme – dijo cuando se separó del cuerpo de Radamanthys notando su abultada entrepierna.
Kanon sentía arcadas, la angustia se estaba apoderando de él, salió de la habitación y sin quererlo, tuvo que ver como el que creía que le correspondía se burlaba de él revolcándose con esa mujer. Salió de esa casa que le costaría mucho de olvidar y regresó al aeropuerto donde tomo el primer avión que regresaba a Grecia para poder encerrarse en su casa.
- Dios mío que mal rato – dijo Kanon llevándose las manos a la cabeza.
- Tranquilo Kanon – rió Milo – no hay mal que por bien no venga, piensa en el dinero que acabas de sacarle a ese estúpido y en como gastarlo – dijo satisfecho por el resultado del caso.
Pero Kanon no pensaba igual, no le gustaban ese tipo de situaciones, y no le interesaba el dinero de ningún modo, pero la actitud de ese hombre le dejó muy extrañado.
- Kanon… dime algo – preguntó Milo - ¿Acaso te gusta ese tío? – dijo sin ambages.
- ¡Pero como crees! – exclamó sonrojado.
- Si, si. Ya veo. Como os pasasteis todo el rato mirándoos. Deduje que…
- ¿Qué? ¡Nada de eso! – alegó sonrojándose más.
Milo se reía, Kanon era amigo suyo desde hacía mucho tiempo, y sabía perfectamente cuando algo o alguien le gustaba.
- Bueno, bueno – bromeó – Yo debo irme ya. Aquí tienes todos los papeles del caso, direcciones, teléfonos, o vaya a ser que te dieran un cheque sin fondos – añadió riéndose a carcajadas.
- ¡Eres un burro! – espetó Kanon.
Pero Milo no estaba muy equivocado, realmente Kanon había quedado impresionado con la belleza de ese hombre. Rubio, alto, ojos y cuerpo magníficos pero algo huraño. Kanon regresó a su casa y quedó mirando el talón, no pensaba cobrarlo, por suerte no necesitaba dinero gracias al buen funcionamiento de su negocio.
- Iré a devolvérselo – dijo abriendo la carpeta para averiguar donde se encontraba la casa - ¡Inglaterra, madre mía que lejos! Pero da igual, iré y le devolveré su dinero – seguía hablando solo.
Kanon llamó a su negocio y avisó que se tomaba un par de días libres, sacó un pasaje de ida y vuelta para Inglaterra y salió corriendo hacia el aeropuerto. El avión se iba en menos de tres horas, había tenido mucha suerte y encontró un vuelo para ese mismo día, así que tras tomar una chaqueta y acicalarse un poco se marchó.
Durante el viaje que duro unas cuatro horas, pensó en como abordarle cuando estuvieran frente a frente, aunque no logró decidirse por ninguna de las ideas que le surgieron. Bajó del avión y cuando estaba saliendo del aeropuerto algo llamó su atención.
- ¡¿Pero qué?! – pensó – Íbamos en el mismo avión… ¿Cómo no lo vi?
Quedó perplejo unos instantes y trató de alcanzarle mas no lo logró, Radamanthys subió a un coche negro y se fue. Kanon salió corriendo tras él y subió a un taxi.
- ¡Vamos siga a ese coche negro! – le dijo al conductor.
Su corazón latía con fuerza, agitado. No podía creer tanta casualidad.
- Señor, el coche ha entrado en esa Mansión – dijo el taxista al cabo de un rato sacándolo de sus pensamientos.
Kanon miró hacia el exterior y pudo ver la casa donde vivía ese hombre al que vio bajar del coche negro que lo había recogido en el aeropuerto.
Radamanthys entró en su casa y entorno la puerta dándola por cerrada para después poder irse a descansar un rato de todo su agitado día.
Kanon por su parte, aprovechó que la gran reja que guardaba la mansión estaba terminando de cerrarse para colarse en el recinto, un enorme recinto del que estaba rodeada la mansión. Llegó sigiloso hasta la puerta sin que nadie advirtiera su presencia y justo cuando estaba por tocar el timbre vio que la puerta estaba semi abierta.
- Que raro… - pensó y sin dudarlo un segundo entró.
Vio que Radamanthys había dejado sus maletas en la entrada y tras cerrar la puerta con el mayor silencio que pudo empezó a buscarle. Subió una escalera central mirando todo el esplendor que había a su alrededor. Una mansión grandiosa llena de cuadros valiosos y decorada con un gusto excelente.
Terminó de subir la larga escalera y sin querer tropezó haciendo un poco de ruido que creyó pasó desapercibido al no ver a nadie. Caminó hasta una de las habitaciones que tenía la puerta medio abierta y con luz para ver si Radamanthys se encontraba en su interior.
En silencio, se acerco y cuando estaba por tomar el picaporte quedó embobado con un cuadro de Radamanthys, uno en el que estaba subido a un corcel negro fabuloso que resaltaba más aún su belleza.
- ¡Ladrón! – exclamó Radamanthys tomándolo del cuello de la camisa y tirándolo al suelo de la habitación para después clavarle una rodilla en las costillas para inmovilizarle.
- ¡Espera! – espetó Kanon descubriendo su cara que quedo oculta por sus cabellos agitados al caer.
- ¡TÚ!... ¿Qué haces en mi casa? – preguntó.
Kanon se incorporó ligeramente y vio como aún lo miraba de un modo extraño.
- Vine a devolverte tú dinero – dijo – no me hace ninguna falta – añadió.
- ¿Y por eso vienes hasta aquí? – dijo Radamanthys.
Kanon se sonrojó y se levantó para marcharse dejando a Radamanthys arrodillado en el suelo.
- Toma, aquí tienes tu dinero – dijo sacando el talón.
Radamanthys se sorprendió, tomo el talón de las manos de Kanon y lo miró incrédulo de sentir la bondad que Kanon emanaba.
- Un momento… ¡Espera! – le pidió – yo… - dijo desviando la mirada hacia el suelo – esto se me fue de las manos – explicó – yo puse la denuncia con la excusa para poder volver a verte, pero el juez lo estropeó, quería disculparme y…
- ¿Querías volver a verme? – reaccionó Kanon interrumpiendo sus palabras - ¿Por qué no me buscaste en Grecia?
- Lo hice – contestó. pero no te encontré. Quería halar contigo y no te encontré, yo quería… yo quería…
Kanon lo miraba asombrado, no solo quería disculparse con él, si no que quería decirle algo más.
- Me gustaste desde que vi como asomabas tu cuerpo por el balcón – dijo sorprendiéndole – y bueno, no fue una buena reacción, había tenido un muy mal día y cuando bajaste ya había metido la pata, luego todo se enredó.
Kanon sonrió e inesperadamente le besó. Un beso calido y tierno que los fundió en un fuerte abrazo y cuando la falta de aire los separó se miraron fijamente a los ojos.
- Bueno… Si te soy sincero… Yo también use el pretexto del cheque para poder verte de nuevo – le dijo y le volvió a sorprender con un nuevo pero más efusivo beso.
Kanon se arrodilló para estar más cerca de Radamanthys y lo rodeó con sus brazos para volver a besarlo y lentamente sacarle la camiseta, dejando que sus labios se deleitaran con su cuello y su pecho haciendo que Radamanthys se excitara.
- ¡Rada, Rada! – se oyó de lejos.
Radamanthys se estremeció.
- ¡Rápido, debes irte! – exclamó.
- ¿Qué? – dijo Kanon - ¿Pero que pasa, quién es?
Radamanthys no sabía como contestarle, pero insistió al oír los pasos que repetían su nombre una y otra vez.
- Vete… ¡Es mi novia!
Kanon sintió una puntada en el pecho, lo miró con desilusión y tras levantarse se fue. Miro que nadie lo viera, en especial esa mujer y se metió en la habitación de enfrente para poderse esconder.
- ¡Rada cielo! – exclamó la mujer - ¡Por fin has regresado! – dijo tirándose encima de él.
- Pandora… Si acabo de llegar, me estaba poniendo cómodo.
Pandora se abrazó fuertemente a Radamanthys y le besó.
- Vaya, veo que te alegras de verme – dijo cuando se separó del cuerpo de Radamanthys notando su abultada entrepierna.
Kanon sentía arcadas, la angustia se estaba apoderando de él, salió de la habitación y sin quererlo, tuvo que ver como el que creía que le correspondía se burlaba de él revolcándose con esa mujer. Salió de esa casa que le costaría mucho de olvidar y regresó al aeropuerto donde tomo el primer avión que regresaba a Grecia para poder encerrarse en su casa.


Re: Accidentally In Love (Angst)
Kanon se encontró solo, abandonado, desolado ante ese nuevo sentimiento que le invadí, el despecho. Dejó las llaves sobre la mesa y no pudo más que sentarse en el sofá y llorar desconsolado abrazando su propio cuerpo.
Sentía como la garganta se le iba cerrando lentamente por culpa de a angustia.
- Kanon… ¿Qué pasa? – dijo saga cuando entro al ver la puerta abierta – no llores – cuéntame – añadió mientras se sentaba en el sofá y lo rodeaba con uno de sus brazos.
Kanon se sorprendió ante la actitud amable e inesperada de su hermano y se abrazó a él para seguir llorando mientras su hermano acariciaba su espalda.
- No quiero ver tus lindos ojos llorar – le consoló mientras estrechaba fuertemente a Kanon entre sus brazos.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Kanon.
Saga dudó un momento y tras inspirar fuerte le habló.
- Kanon… Vine a disculparme y a explicarte el porqué de mi actitud de estos meses – le dijo sorprendiéndole – Verás yo… Te amo Kanon – añadió tomando la barbilla de su hermano y alzando su cara para que lo mirase.
- Yo también te quiero Saga, eres mi hermano como no iba a…
- Yo no te quiero Kanon, te amo – espetó interrumpiéndole - ¿es que no entiendes? – gritó.
Saga aprovecho la cercanía de los labios de Kanon y le besó, se apoderó de su boca sintiendo como su hermano trataba de separarse pero no lo dejó, le estrechó más con sus fuertes brazos para tratar de que Kanon le correspondiese.
- Saga, detente, me estas lastimando – gimió al conseguir separarse – esto está mal – añadió.
Saga encegueció y le propinó una bofetada a su hermano que lo dejó tirado en el sofá.
- ¡SAGA, PARA! – gritó aterrorizado frotando su mejilla golpeada cuando sintió como la mano de su hermano apretaba su cuello.
Saga no le escuchó, se limitó a apretar más fuerte la garganta de Kanon y le rasgó la camisa.
- Será por las buenas o por las malas. Tú eliges – le dijo sarcásticamente.
Le volvió a besar sin dejar de ejercer presión sobre su cuello, descendiendo por este y deteniéndose en sus tetillas cuando llegó a ellas.
Kanon aprovechó que Saga se entretenía en su macabro plan y le golpeo la boca del estomago liberándose así del agarre dejando a su hermano doblado en el suelo de dolor.
- Eres un enfermo – le dijo cuando estuvo de pie y antes de marcharse.
- ¡SERÁS MIO O DE NADIE! – le gritó Saga levantándose.
Kanon corrió asustado, abrió la puerta de su casa que Saga había cerrado y descendió las escaleras rápidamente, vigilando a Saga que le seguía de cerca.
- Ven aquí – le gritaba Saga tratando de alcanzarle.
Pero no se detuvo, abrió la puerta de la calle y salió corriendo mirando hacia atrás para no perder de vista a su hermano mientras seguía huyendo.
De pronto, un fuerte frenazo se oyó seguido de los gritos horrorizados de la gente de la calle.
El cuerpo de Kanon salió despedido por el impacto del coche que no pudo esquivarlo y le arrolló haciéndolo saltar por los aires.
- ¡Qué alguien llame a una ambulancia! – gritó un transeúnte.
Saga se detuvo en seco y tras regodearse por la situación se marchó del lugar como si nada sucediese.
- Tú te lo buscaste hermanito, esto te pasa por rechazarme – se dijo a si mismo y se fue dejando el cuerpo de su hermano gemelo tirado en la calle.
Kanon fue auxiliado por la gente de la calle hasta que llegó la ambulancia y se lo llevó al hospital muy rápido dejando a las personas que habían allí algo inquietas mientras la policía empezaba con sus investigaciones.
Radamanthys regresó a Grecia, se apresuró en ir a disculparse con Kanon.
- ¡Kanon abre! – gritaba desde la calle viendo que este no le abría.
- ¡Señor! – dijo un policía que vigilaba la casa - ¿conocía al dueño de esta casa?
- ¡¿Conocía?! – exclamó - ¿Dónde está? – añadió.
- Según nos consta, salio despavorido de su casa y cuando salió a la calle un auto le atropelló. No sabremos por que corría hasta que despierte.
- Entonces… dígame donde está – rogó Radamanthys.
El policía le dio la información del hospital en el que se encontraba y Radamanthys se fue corriendo hasta allí lo más rápido que pudo.
Llegó al hospital y se fue directo a la recepción para averiguar en la habitación en la que se encontraba Kanon, y cuando la tuvo se fue hasta ella.
- ¡Kanon! – exclamó abriendo la puerta.
- ¡Joven! Baje la voz, esto es un hospital – le dijo el medico que le estaba examinando.
- Oiga… Disculpe es que… ¿qué pasó, que tiene?
- ¿es usted de la familia? – preguntó el medico para saber si debía informarle o no.
- ¡Sí! Soy su novio – dijo sin pensárselo dos veces.
El medico le creyó, ante la mirada que tenía Radamanthys no se lo cuestionó dos veces y le explicó lo que sabía.
- Tuvo suerte – añadió al acabar la explicación – todo indica que huía de algo o de alguien, tenia su camisa rasgada y su cuello presenta evidencias de que trataron de estrangularlo.
Radamanthys no podía creérselo, no sabía que podía haber pasado, pero se sentía aliviado al saber que Kanon no estaba grave. Solo era cuestión de tiempo que despertase de la contusión en su cabeza producida por el impacto del golpe contra el asfalto.
Radamanthys no se movió de lugar, espero día tras día a que despertase, no le importaba que tuviera que esperar en el hospital hasta el fin de sus días, solo quería ver como Kanon abría sus ojos, saber que estaba bien aunque después lo despreciase.
Al cabo de unos días, Radamanthys tenía la mirada perdida sobre la cama del hospital que ya parecía su hogar y creyó ver que Kanon se movía.
- Alucino – pensó – deseo tanto que se despierte que hasta veo como se mueven sus pies.
- Mphfff – se quejó Kanon - ¿Dónde estoy?
Radamanthys voló hasta la cama y tras comprobar que no era una alucinación llamo al medico.
- Vaya – dijo el doctor cuando llegó – bienvenido. Salga unos instantes por favor, debo revisarle.
Radamanthys salió nervioso de la habitación, por fin Kanon había despertado y esperaba poder explicarse.
- Su novio no se ha marchado de aquí ni un instante – dijo el doctor.
- ¿Mi qué? – pensó mientras seguía escuchando.
El medico terminó con su examen y salió de la habitación indicándole a Radamanthys que podía entrar. Radamanthys asomo su cabeza por la abertura de la puerta y dudo para entrar.
- ¿Qué haces aquí? – habló Kanon muy serio.
Radamanthys dio un brinco y finalmente entró acercándose a la cama y viendo como Kanon le observaba fríamente.
- Yo… - dijo tembloroso – quería, necesitaba hablarte, explicarte que…
- ¡QUÉ! – espetó Kanon – que me dejaste seducirte para después tener que ver como te revolcabas con esa mujer cuando me iba – habló fuerte, recriminándole.
- No, yo no… - dijo tratando de no llorar - ¡NO PUDE KANON, NO! – exclamó.
- Rápido, debes irte – exclamó Radamanthys ante la sorpresa de Kanon.
- ¿Qué? – respondió - ¿Pero que pasa, quién es?
- ¡Vete… Es mi novia!
Kanon salió de la casa y se volvió a la suya triste y decepcionado después de ver como la persona por la cual empezaba a sentir algo se revolcaba con una mujer.
- ¿Qué te pasa Rada? – preguntó Pandora – hazme el amor como siempre, te he extrañado tanto – añadió para besarle después y llevárselo a la cama.
Pandora, lentamente mientras volvía a besarle lo recostó sobre la cama y empezó a desabrochar el pantalón de Radamanthys para después deslizar su mano y empezar a acariciar su miembro. Radamanthys trataba de relajarse, pero no lo conseguía, se sentía muy mal por haber tratado así a Kanon después de decirle que le gustaba.
- Espera Pandora – dijo apartando esa mano – detente, no puedo seguir – le pidió dejándola boquiabierta.
Radamanthys fue sincero, no quería lastimar a nadie más y le explicó lo que sentía y como se sentía, y tras acabar de hablar con ella salió corriendo para irse directo al aeropuerto. La suerte no acompañó a Radamanthys y tuvo que pasar la noche allí ya que no salían más vuelos esa tarde por culpa de la niebla.
- No pude. Solo pensaba en ti, en tus ojos, tu cuerpo y en mi mala forma de tratarte Kanon – dijo Radamanthys – y cuando llegué a tu casa, ese policía me explicó lo que te había pasado y vine corriendo al hospital y no me separé ni un momento de tú lado – acabó de decir.
Radamanthys quedó expectante, esperaba que Kanon le hablara, que le insultara o hasta incluso que le golpease. Pero Kanon le sorprendió y lo abrazó recostando su cabeza en su cuello. Radamanthys respiro fuerte, aliviado y correspondió a ese abrazo tan deseado.
- Dime Kanon… ¿Qué pasó, de que huías? – preguntó separándose y mirándole fijamente a los ojos.
Kanon quedó pálido, en ese preciso instante todos los recuerdos del ataque de Saga volvieron a su mente. Como le besó de forma lasciva, como al sentir su rechazo lo abrazó fuerte impidiendo sus posibilidades de negarse, negarse a sentir como su propio hermano gemelo trataba de poseer su cuerpo a la fuerza, estrangulando su cuello, rasgando sus ropas.
Los ojos de Kanon se aguaron, sintió la angustia apoderarse de su cuerpo y Radamanthys lo notó.
- Kanon… ¿Qué sucede, que dije? - preguntó asustado.
Kanon dudó unos segundos, no sabía como explicarlo, se sentía avergonzado a pesar de no tener la culpa de la obsesión de su hermano.
- Verás… Fue mi hermano – le explicó – el trató de forzarme, por suerte no lo consiguió. Cree que soy de su propiedad y creyó cosas que no eran, me vio llorando cuando regrese de tú casa y quiso aprovechar la situación.
- Ehhh… ¡Fue mi culpa! – exclamó Radamanthys – si no me hubiera portado como un cobarde, si no te hubiese dejado marchar… Debes odiarme – añadió dejando que las lágrimas resbalaran por sus mejillas.
- Odiarte… No podría aunque quisiera. En el momento que te vi en la calle, tras abrir la puerta de mí casa… Estabas tan hermoso, mojado, sonrojado. Creo que en ese instante me enamoré de ti, desprendías un magnetismo, quedaste grabado en mis ojos. Lo de mi hermano es un caso aparte, está enfermo y nadie puede ayudarle. Espero no volver a encontrármelo nunca más.
Radamanthys lo miró muy emocionado y le besó suavemente tratando de no lastimarlo. Rodeo su cuello con sus manos y lo miró a los ojos embelesado, enamorado y feliz de que Kanon le hubiese perdonado.
- E… Este… - dudo en decir Radamanthys – yo me gustaría… me gustaría que vinieras a vivir conmigo. Quiero que estemos juntos siempre y protegerte si llega a aparecer alguien que quiera lastimarte.
Kanon sonrió feliz, y después de pensar unos instantes le besó dándole así a entender que no se separaría jamás de su lado.
“No se sabe si el destino está escrito, aunque preferimos pensar que día a día todos labramos el nuestro eligiendo nuestro propio camino. Cada uno debe decidir si la dirección que toma es la adecuada. Así que mejor tirarse de la moto, a esperar que la vida cambie, por que si te quedas esperando a que el destino llame a la puerta, puede ser que este nunca aparezca. Las casualidades existen, y si no miren esta, que por culpa de una regadera se encuentra a la persona que te roba el corazón y por siempre en él se queda.”
Sentía como la garganta se le iba cerrando lentamente por culpa de a angustia.
- Kanon… ¿Qué pasa? – dijo saga cuando entro al ver la puerta abierta – no llores – cuéntame – añadió mientras se sentaba en el sofá y lo rodeaba con uno de sus brazos.
Kanon se sorprendió ante la actitud amable e inesperada de su hermano y se abrazó a él para seguir llorando mientras su hermano acariciaba su espalda.
- No quiero ver tus lindos ojos llorar – le consoló mientras estrechaba fuertemente a Kanon entre sus brazos.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Kanon.
Saga dudó un momento y tras inspirar fuerte le habló.
- Kanon… Vine a disculparme y a explicarte el porqué de mi actitud de estos meses – le dijo sorprendiéndole – Verás yo… Te amo Kanon – añadió tomando la barbilla de su hermano y alzando su cara para que lo mirase.
- Yo también te quiero Saga, eres mi hermano como no iba a…
- Yo no te quiero Kanon, te amo – espetó interrumpiéndole - ¿es que no entiendes? – gritó.
Saga aprovecho la cercanía de los labios de Kanon y le besó, se apoderó de su boca sintiendo como su hermano trataba de separarse pero no lo dejó, le estrechó más con sus fuertes brazos para tratar de que Kanon le correspondiese.
- Saga, detente, me estas lastimando – gimió al conseguir separarse – esto está mal – añadió.
Saga encegueció y le propinó una bofetada a su hermano que lo dejó tirado en el sofá.
- ¡SAGA, PARA! – gritó aterrorizado frotando su mejilla golpeada cuando sintió como la mano de su hermano apretaba su cuello.
Saga no le escuchó, se limitó a apretar más fuerte la garganta de Kanon y le rasgó la camisa.
- Será por las buenas o por las malas. Tú eliges – le dijo sarcásticamente.
Le volvió a besar sin dejar de ejercer presión sobre su cuello, descendiendo por este y deteniéndose en sus tetillas cuando llegó a ellas.
Kanon aprovechó que Saga se entretenía en su macabro plan y le golpeo la boca del estomago liberándose así del agarre dejando a su hermano doblado en el suelo de dolor.
- Eres un enfermo – le dijo cuando estuvo de pie y antes de marcharse.
- ¡SERÁS MIO O DE NADIE! – le gritó Saga levantándose.
Kanon corrió asustado, abrió la puerta de su casa que Saga había cerrado y descendió las escaleras rápidamente, vigilando a Saga que le seguía de cerca.
- Ven aquí – le gritaba Saga tratando de alcanzarle.
Pero no se detuvo, abrió la puerta de la calle y salió corriendo mirando hacia atrás para no perder de vista a su hermano mientras seguía huyendo.
De pronto, un fuerte frenazo se oyó seguido de los gritos horrorizados de la gente de la calle.
El cuerpo de Kanon salió despedido por el impacto del coche que no pudo esquivarlo y le arrolló haciéndolo saltar por los aires.
- ¡Qué alguien llame a una ambulancia! – gritó un transeúnte.
Saga se detuvo en seco y tras regodearse por la situación se marchó del lugar como si nada sucediese.
- Tú te lo buscaste hermanito, esto te pasa por rechazarme – se dijo a si mismo y se fue dejando el cuerpo de su hermano gemelo tirado en la calle.
Kanon fue auxiliado por la gente de la calle hasta que llegó la ambulancia y se lo llevó al hospital muy rápido dejando a las personas que habían allí algo inquietas mientras la policía empezaba con sus investigaciones.
**********
Radamanthys regresó a Grecia, se apresuró en ir a disculparse con Kanon.
- ¡Kanon abre! – gritaba desde la calle viendo que este no le abría.
- ¡Señor! – dijo un policía que vigilaba la casa - ¿conocía al dueño de esta casa?
- ¡¿Conocía?! – exclamó - ¿Dónde está? – añadió.
- Según nos consta, salio despavorido de su casa y cuando salió a la calle un auto le atropelló. No sabremos por que corría hasta que despierte.
- Entonces… dígame donde está – rogó Radamanthys.
El policía le dio la información del hospital en el que se encontraba y Radamanthys se fue corriendo hasta allí lo más rápido que pudo.
Llegó al hospital y se fue directo a la recepción para averiguar en la habitación en la que se encontraba Kanon, y cuando la tuvo se fue hasta ella.
- ¡Kanon! – exclamó abriendo la puerta.
- ¡Joven! Baje la voz, esto es un hospital – le dijo el medico que le estaba examinando.
- Oiga… Disculpe es que… ¿qué pasó, que tiene?
- ¿es usted de la familia? – preguntó el medico para saber si debía informarle o no.
- ¡Sí! Soy su novio – dijo sin pensárselo dos veces.
El medico le creyó, ante la mirada que tenía Radamanthys no se lo cuestionó dos veces y le explicó lo que sabía.
- Tuvo suerte – añadió al acabar la explicación – todo indica que huía de algo o de alguien, tenia su camisa rasgada y su cuello presenta evidencias de que trataron de estrangularlo.
Radamanthys no podía creérselo, no sabía que podía haber pasado, pero se sentía aliviado al saber que Kanon no estaba grave. Solo era cuestión de tiempo que despertase de la contusión en su cabeza producida por el impacto del golpe contra el asfalto.
Radamanthys no se movió de lugar, espero día tras día a que despertase, no le importaba que tuviera que esperar en el hospital hasta el fin de sus días, solo quería ver como Kanon abría sus ojos, saber que estaba bien aunque después lo despreciase.
Al cabo de unos días, Radamanthys tenía la mirada perdida sobre la cama del hospital que ya parecía su hogar y creyó ver que Kanon se movía.
- Alucino – pensó – deseo tanto que se despierte que hasta veo como se mueven sus pies.
- Mphfff – se quejó Kanon - ¿Dónde estoy?
Radamanthys voló hasta la cama y tras comprobar que no era una alucinación llamo al medico.
- Vaya – dijo el doctor cuando llegó – bienvenido. Salga unos instantes por favor, debo revisarle.
Radamanthys salió nervioso de la habitación, por fin Kanon había despertado y esperaba poder explicarse.
- Su novio no se ha marchado de aquí ni un instante – dijo el doctor.
- ¿Mi qué? – pensó mientras seguía escuchando.
El medico terminó con su examen y salió de la habitación indicándole a Radamanthys que podía entrar. Radamanthys asomo su cabeza por la abertura de la puerta y dudo para entrar.
- ¿Qué haces aquí? – habló Kanon muy serio.
Radamanthys dio un brinco y finalmente entró acercándose a la cama y viendo como Kanon le observaba fríamente.
- Yo… - dijo tembloroso – quería, necesitaba hablarte, explicarte que…
- ¡QUÉ! – espetó Kanon – que me dejaste seducirte para después tener que ver como te revolcabas con esa mujer cuando me iba – habló fuerte, recriminándole.
- No, yo no… - dijo tratando de no llorar - ¡NO PUDE KANON, NO! – exclamó.
>> FLASHBACK <<
- Rápido, debes irte – exclamó Radamanthys ante la sorpresa de Kanon.
- ¿Qué? – respondió - ¿Pero que pasa, quién es?
- ¡Vete… Es mi novia!
Kanon salió de la casa y se volvió a la suya triste y decepcionado después de ver como la persona por la cual empezaba a sentir algo se revolcaba con una mujer.
- ¿Qué te pasa Rada? – preguntó Pandora – hazme el amor como siempre, te he extrañado tanto – añadió para besarle después y llevárselo a la cama.
Pandora, lentamente mientras volvía a besarle lo recostó sobre la cama y empezó a desabrochar el pantalón de Radamanthys para después deslizar su mano y empezar a acariciar su miembro. Radamanthys trataba de relajarse, pero no lo conseguía, se sentía muy mal por haber tratado así a Kanon después de decirle que le gustaba.
- Espera Pandora – dijo apartando esa mano – detente, no puedo seguir – le pidió dejándola boquiabierta.
Radamanthys fue sincero, no quería lastimar a nadie más y le explicó lo que sentía y como se sentía, y tras acabar de hablar con ella salió corriendo para irse directo al aeropuerto. La suerte no acompañó a Radamanthys y tuvo que pasar la noche allí ya que no salían más vuelos esa tarde por culpa de la niebla.
>> FIN FLASHBACK <<
- No pude. Solo pensaba en ti, en tus ojos, tu cuerpo y en mi mala forma de tratarte Kanon – dijo Radamanthys – y cuando llegué a tu casa, ese policía me explicó lo que te había pasado y vine corriendo al hospital y no me separé ni un momento de tú lado – acabó de decir.
Radamanthys quedó expectante, esperaba que Kanon le hablara, que le insultara o hasta incluso que le golpease. Pero Kanon le sorprendió y lo abrazó recostando su cabeza en su cuello. Radamanthys respiro fuerte, aliviado y correspondió a ese abrazo tan deseado.
- Dime Kanon… ¿Qué pasó, de que huías? – preguntó separándose y mirándole fijamente a los ojos.
Kanon quedó pálido, en ese preciso instante todos los recuerdos del ataque de Saga volvieron a su mente. Como le besó de forma lasciva, como al sentir su rechazo lo abrazó fuerte impidiendo sus posibilidades de negarse, negarse a sentir como su propio hermano gemelo trataba de poseer su cuerpo a la fuerza, estrangulando su cuello, rasgando sus ropas.
Los ojos de Kanon se aguaron, sintió la angustia apoderarse de su cuerpo y Radamanthys lo notó.
- Kanon… ¿Qué sucede, que dije? - preguntó asustado.
Kanon dudó unos segundos, no sabía como explicarlo, se sentía avergonzado a pesar de no tener la culpa de la obsesión de su hermano.
- Verás… Fue mi hermano – le explicó – el trató de forzarme, por suerte no lo consiguió. Cree que soy de su propiedad y creyó cosas que no eran, me vio llorando cuando regrese de tú casa y quiso aprovechar la situación.
- Ehhh… ¡Fue mi culpa! – exclamó Radamanthys – si no me hubiera portado como un cobarde, si no te hubiese dejado marchar… Debes odiarme – añadió dejando que las lágrimas resbalaran por sus mejillas.
- Odiarte… No podría aunque quisiera. En el momento que te vi en la calle, tras abrir la puerta de mí casa… Estabas tan hermoso, mojado, sonrojado. Creo que en ese instante me enamoré de ti, desprendías un magnetismo, quedaste grabado en mis ojos. Lo de mi hermano es un caso aparte, está enfermo y nadie puede ayudarle. Espero no volver a encontrármelo nunca más.
Radamanthys lo miró muy emocionado y le besó suavemente tratando de no lastimarlo. Rodeo su cuello con sus manos y lo miró a los ojos embelesado, enamorado y feliz de que Kanon le hubiese perdonado.
- E… Este… - dudo en decir Radamanthys – yo me gustaría… me gustaría que vinieras a vivir conmigo. Quiero que estemos juntos siempre y protegerte si llega a aparecer alguien que quiera lastimarte.
Kanon sonrió feliz, y después de pensar unos instantes le besó dándole así a entender que no se separaría jamás de su lado.
“No se sabe si el destino está escrito, aunque preferimos pensar que día a día todos labramos el nuestro eligiendo nuestro propio camino. Cada uno debe decidir si la dirección que toma es la adecuada. Así que mejor tirarse de la moto, a esperar que la vida cambie, por que si te quedas esperando a que el destino llame a la puerta, puede ser que este nunca aparezca. Las casualidades existen, y si no miren esta, que por culpa de una regadera se encuentra a la persona que te roba el corazón y por siempre en él se queda.”
- Fin -







